Cómo prescribir ejercicio en 5 pasos

Lou Schuler

10 de noviembre de 2023

Los médicos conocen bien los beneficios de la actividad física y las consecuencias de la inactividad.[1]

La atención de las enfermedades asociadas a la inactividad como cardiopatías, diabetes de tipo 2 e hipertensión corresponde a los médicos. Así que cabría suponer que prescriben ejercicio de forma sistemática a sus pacientes, del mismo modo que lo harían con estatinas, insulina o betabloqueantes.

Pero los datos indican que los médicos no suelen llevar a cabo esas conversaciones. Es posible que no confíen en su capacidad para dar consejos eficaces, teman ofender a los pacientes o simplemente no sepan qué decir.

Es comprensible. Muchos médicos reciben poca capacitación sobre cómo aconsejar a los pacientes que hagan ejercicio, según las investigaciones de la última década.[1] A pesar de los esfuerzos por mejorar esta situación, muchos estudiantes de medicina siguen sin sentirse preparados para prescribir actividad física a los pacientes.[2]

Pero los médicos están en una posición única para cambiar las cosas.

Solo 28% de los estadounidenses cumplen con las guías sobre actividad física, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).[3] Al mismo tiempo, otras investigaciones indican que los pacientes desean ser más activos y les gustaría contar con la ayuda de su médico.[4]

"El valor reside en que el médico insista en la importancia del ejercicio", afirmó la Dra. Jane Thornton. Cuanto más tiempo le dedique, mayor valor tendrá".

"A los pacientes les motiva oír hablar a los médicos de actividad física e intentar hacer un cambio", continuó la Dra. Thornton, profesora adjunta de medicina familiar en la Western University de Ontario, en Ontario, Canadá. "El simple hecho de decir algo, aunque no se tengan conocimientos especializados, marca la diferencia por la credibilidad que tenemos como médicos".

Convenientemente, al igual que el ejercicio, la mejor manera de empezar es... empezar. He aquí cómo dividir el proceso en pasos:

1. Pregunte a los pacientes sobre su actividad física.

Piense en esto como en obtener cualquier anamnesis del paciente, solo que para la actividad física. ¿Hacen ejercicio con regularidad? ¿Cuántos minutos al día son activos? ¿Cuántos días a la semana?

"Se requiere menos de un minuto en preguntar y registrar", señaló la Dra. Thornton. Una vez que se introduce en la historia clínica electrónica del paciente, se tiene algo a lo cual darle seguimiento".

2. Redacte una receta real.

Al dar al paciente una prescripción escrita e impresa cuando sale del consultorio, "demuestra que es una parte importante del tratamiento o la prevención", explicó la Dra. Thornton. Sitúa la actividad física al nivel de un signo vital.

Hay que incluir la frecuencia, la intensidad, el tiempo y el tipo de ejercicio. La iniciativa Exercise is Medicine del American College of Sports Medicine una plantilla en inglés de prescripción que se puede utilizar.

3. Medir lo que hacen.

La medición ayuda al paciente a adoptar el nuevo comportamiento y al médico a proporcionarle consejos personalizados en el futuro, afirmó la Dra. Thornton.

Con el auge de los dispositivos portables de control de la salud, el seguimiento de la actividad nunca ha sido tan fácil. Por supuesto, no todo el mundo quiere (o puede permitirse) utilizar un smartwatch o un monitor de actividad física.

A los pacientes reacios a la tecnología, pregúnteles si están dispuestos a anotar algo, como cuántos minutos han pasado caminando o a cuántas clases de yoga han asistido. Es posible que algunos pacientes nunca lo digan, pero nunca está de más preguntar.

4. Remitir cuando sea necesario.

Esto nos lleva a un tema peliagudo para muchos médicos: la falta de confianza para hablar con autoridad sobre la actividad física. "En la mayoría de los casos, desde luego puede decir: 'Empiece despacio, vaya poco a poco', ese tipo de cosas", dijo la Dra. Thornton. "Como con cualquier cosa, la confianza llegará con la práctica".

Para obtener consejos específicos, consulte el sitio web Exercise is Medicine, que contiene folletos en español que puede compartir con sus pacientes e información sobre la realización física en enfermedades específicas.

Si a un paciente le han contraindicado algún procedimiento o tratamiento, hay que derivarlo. Si no hay profesionales del ejercicio o de la rehabilitación en su red, la Dra. Thornton recomendó ponerse en contacto con la asociación regional o nacional de profesionales de la medicina deportiva. Debería poder encontrarla con una búsqueda rápida en Google.

5. Seguimiento.

Pregunte por la actividad física en cada consulta, ya sea en persona o por internet.

La Dra. Thornton afirmó que los pasos segundo y quinto son los más importantes para los pacientes, sobre todo cuando la prescripción y el seguimiento proceden de su médico de atención primaria, en lugar de una enfermera o un auxiliar médico en quien usted haya delegado la tarea.

"El valor reside en que el médico insista en la importancia del ejercicio", reiteró la Dra. Thornton. "Cuanto más tiempo le dedique, mayor valor tendrá".

Lo que no hay que decir a los pacientes sobre el ejercicio

Esto podría sorprenderle:

"Definitivamente no creo que decirle a la gente las recomendaciones oficiales para la actividad física sea útil", opinó el Dr. Yoni Freedhoff, profesor asociado de medicina familiar en la University of Ottawa y director médico del Bariatric Medical Institute, ambos en Ottawa, Canadá. "En todo caso, me atrevería a decir que es contraproducente".

No es que haya nada malo en el mínimo recomendado: 150 minutos de actividad física de intensidad moderada a vigorosa a la semana. El problema es lo que le dice a un paciente que no se acerca a esas normas.

"Pocas personas en la práctica tienen el interés, el tiempo, la energía o los privilegios para conseguirlos", observó el Dr. Freedhoff. "Muchos lo reconocerán al instante y, en consecuencia, sentirán que menos que eso no tiene sentido".

Y eso, de acuerdo con la Dra. Thornton, es categóricamente falso. "Incluso una actividad física mínima, en algunos casos, es beneficiosa".

También hay que evitar cualquier relación explícita entre ejercicio y la pérdida de peso, resaltó la Dra. Thornton. Si bien muchas personas relacionan ambas cosas, la asociación suele ser negativa, indicó un estudio de 2019 de la University of Toronto, al desencadenar recuerdos dolorosos que pueden remontarse hasta la clase de educación física.[5]

Pruebe este giro del Dr. Freedhoff: "Céntrese en el papel del ejercicio para mitigar los riesgos del peso", aconsejó, como disminuir el dolor, aumentar la energía y mejorar el sueño.

Cómo motivar a los pacientes para que se muevan

Una nueva investigación respalda este enfoque más positivo. En un estudio publicado en Annals of Internal Medicine, los médicos del Reino Unido que hicieron hincapié en los beneficios y minimizaron los perjuicios para la salud convencieron a más pacientes para unirse a un programa de control de peso que los médicos negativos o neutrales.[6] Estos médicos transmitían optimismo y entusiasmo, sonreían y evitaban cualquier mención de la obesidad o del índice de masa corporal.

Para cada paciente serán diferentes los beneficios específicos que inspiran el cambio. Pero, en general, cuanto más inmediato sea el beneficio, más motivador será.

Como señaló el estudio de la University of Toronto, los pacientes no estaban motivados por objetivos vagos y distantes como "aumentar la esperanza de vida o evitar problemas de salud muchos años en el futuro".

Es mucho más probable que decidan actuar para evitar la cirugía, reducir la medicación o minimizar el riesgo de caídas.

Para un paciente mayor, añadió el Dr. Freedhoff, "centrarse en la preservación de la independencia funcional puede ser extremadamente motivador". Esto es aplicable sobre todo al paciente que tiene recuerdos vívidos de haber visto el deterioro de un ser querido sedentario al final de su vida.

En el caso de los pacientes que se centran más en la apariencia, podrían responder a la idea de mejorar su composición corporal. Para ello, "hablamos de la calidad de la pérdida de peso", acotó el Dr. Spencer Nadolsky, especialista en obesidad y lípidos y director médico de WeightWatchers. "En última instancia, el ejercicio ayuda a modelar el cuerpo en lugar de limitarse a cambiar el número de la báscula".

Reducir la resistencia al entrenamiento de resistencia

Una conversación sobre cómo remodelar el cuerpo o evitar las discapacidades relacionadas con la edad conduce de forma natural al entrenamiento de resistencia.

"Siempre considero que el entrenamiento de resistencia es lo más valioso que puede hacer una persona para preservar su independencia funcional", afirmó el Dr. Freedhoff. Si el paciente tiene más de 65 años, no espera a que muestre interés. "Se lo planteo directamente".

El Dr. Freedhoff dispone de un centro de entrenamiento donde los instructores enseñan a los pacientes a hacer ejercicio en casa con un equipo mínimo, como mancuernas y bandas de resistencia.

Sin embargo, la mayoría de los médicos no ofrecen esas opciones. Eso puede dar lugar a una conversación delicada. Los participantes del estudio de la University of Toronto expresaron a los autores que no les gustaba el gimnasio, que lo encontraban "aburrido, intimidante o desalentador".

Y, no obstante, "una sugerencia habitual... de los profesionales asistenciales era apuntarse a un gimnasio".

Muchos pacientes, compartió el Dr. Nadolsky, asocian el entrenamiento de fuerza con "gruñir, gemir o ponerse 'voluminoso' más que a 'tonificado'". Los recuerdos de los dolores provocados por entrenamientos demasiado intensos son otro obstáculo.

Recomienda "empezar poco a poco", con uno o dos entrenamientos de cuerpo entero a la semana. Esos entrenamientos iniciales pueden incluir solo una o dos series de cuatro o cinco ejercicios. "Hay que tener en cuenta si la persona hace ejercicio en casa o en un gimnasio para crear una rutina en torno al equipo que tiene a su disposición", recomendó el Dr. Nadolsky.

Una vez que determine con qué tiene que trabajar, ayude al paciente a elegir ejercicios que se ajusten a sus necesidades, objetivos, preferencias, limitaciones y lesiones previas.

Una consideración más, aunque el Dr. Nadolsky trata de "mantenerse alejado de recomendar a los pacientes tipos específicos de ejercicio para tener éxito", hace una excepción con aquellos bajo tratamiento con un agonista del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1). "Existe la preocupación por la pérdida de masa muscular junto con la pérdida de tejido adiposo".

Practicar, predicar y comprobar privilegios

Cuando la Dra. Thornton, el Dr. Freedhoff y el Dr. Nadolsky hablan de ejercicio, sus pacientes saben que practican lo que predican.

El Dr. Nadolsky, que fue luchador nacional en la University of North Carolina, conduce el pódcast Docs Who Lift con su hermano, el Dr. Karl Nadolsky.

El Dr. Freedhoff también es fisicoculturista y aficionado al fitness.

La Dra. Thornton fue regatista de categoría mundial, su equipo se quedó a 0,8 segundos de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Pekín (acabaron cuartos).

Pero no todos los médicos siguen sus propios consejos de estilo de vida, reconoció el Dr. Freedhoff. Eso no los convierte en malos médicos, sino en seres humanos.

"He hecho 300 minutos a la semana de ejercicio", la cantidad recomendada para mantener el peso "para ver lo que implica", dijo el Dr. Freedhoff. "Eso está muy, muy lejos de ser una cantidad trivial".

De ahí este consejo para sus colegas médicos: "Lo más importante que hay que saber sobre el ejercicio es que encontrar tiempo y tener salud para hacerlo es un privilegio", afirmó. Comprenderlo es crucial para evaluar las necesidades del paciente y ofrecerle la ayuda adecuada.

Este contenido fue publicado originalmente en la edición en inglés de Medscape.

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