FACTOR DE IMPACTO

Cambios cerebrales en jugadores de fútbol americano retirados de la NFL

Dr. F. Perry Wilson

Conflictos de interés

9 de noviembre de 2023

Bienvenidos a Factor de Impacto, su dosis semanal de comentarios sobre un nuevo estudio médico. Soy el Dr. F. Perry Wilson, de la Yale School of Medicine en New Haven, Estados Unidos..

Si leen esto un domingo, lunes o jueves y viven en Estados Unidos, es muy probable que esta noche sigan el fútbol americano de la National Football League (NFL). Veinte millones de personas en promedio sintonizan estos partidos, incluido yo mismo. ¡Vamos, Águilas de Filadelfia! Creo que fue mi esposa quien captó el por qué: "Los jugadores de fútbol americano son, sencillamente, los mejores deportistas que existen en cuanto a capacidad global: fuerza, velocidad, potencia, etcétera".

Pero por supuesto hay algo más que nos atrae de estos partidos, algo un poco más primitivo. A falta de una palabra mejor, los golpes, las tacleadas, los saques, las colisiones que rompen huesos.

Pero es difícil disfrutar plenamente de los partidos si se ha leído un poco sobre la encefalopatía traumática crónica (ETC) y el efecto que estas colisiones tienen en las personas que juegan al fútbol americano profesional.[1]

En un reciente estudio de autopsias de la Boston University, en Boston, Estados Unidos, se examinaron los cerebros de 376 jugadores retirados de la NFL; 345 de esos cerebros tenían datos de encefalopatía traumática crónica.[2] Eso es 92%. Por supuesto, aquí está en juego el sesgo de selección; los jugadores de la NFL que donan sus cerebros a la ciencia probablemente lo hacen por un motivo.

Pero cada vez es más difícil negar que existe una clara relación entre el juego en la NFL y lo que equivale a daño cerebral, al menos cualitativamente.

El problema con el diagnóstico de la encefalopatía traumática crónica es que, al menos por ahora, solo puede determinarse después de la muerte. Detectar la patología en la autopsia no es lo ideal para identificar posibles estrategias de tratamiento, por lo que me entusiasmó ver un nuevo estudio que aprovecha la potencia de la imagen por resonancia magnética con tomografía por emisión de positrones para identificar lesiones cerebrales en jugadores retirados de la NFL que aún están vivos.

Para presentarles este estudio, publicado en JAMA Network Open, primero tengo que hablar sobre una proteína de 18 kilodaltons llamada proteína translocadora (TSPO).[3] Esta solía conocerse como el receptor periférico de la benzodiacepina, ya que se descubrió que se unía a diazepam. Sin embargo, no parece que esa sea su función principal. Se encuentra en la superficie de las mitocondrias y al parecer es un marcador muy sensible de inflamación y reparación. La proteína translocadora se regula al alza cuando se daña un tejido, lo que puede observarse en una tomografía por emisión de positrones con un marcador químico selectivo.

Con estos antecedentes podemos entender el estudio publicado en JAMA Network Open. Los investigadores, dirigidos por la Dra. Jennifer Coughlin de la Johns Hopkins en Baltimore, Estados Unidos, reclutaron 27 individuos, los cuales habían jugado en la NFL al menos en los últimos 12 años. La duración promedio de juego había sido de aproximadamente 6 años. Había 14 jugadores de línea, 9 defensas, 2 receptores y 2 pateadores.

Como control se incluyeron en el estudio a 27 nadadores de élite —un deporte sin contacto, a menos que se esté haciendo mal—, que habían estado al menos en programas de la División III o superior de la National Collegiate Athletic Association (NCAA).

Después de someter a ambos grupos a una batería de pruebas neuropsiquiátricas se les realizaron exploraciones con imagen por resonancia magnética con tomografía por emisión de positrones. Y los resultados son bastante contundentes: en general se observan niveles más altos de proteína translocadora en los jugadores retirados de la NFL. De nuevo, esto es indicativo de lesión, reparación o ambas. Este fue un fenómeno global, básicamente en cada región del cerebro examinada.

Al cuantificar los niveles anatómicos de proteína translocadora se puede ver significativamente más daño o reparación en la corteza frontal, la corteza cingulada y el hipocampo, lo que es congruente con los resultados de la encefalopatía traumática crónica en la autopsia.

Los jugadores de la NFL obtuvieron resultados similares a los de los nadadores en las pruebas cognitivas, con la notable excepción de las pruebas de aprendizaje y memoria. Los jugadores de la NFL también tuvieron mucha más variabilidad en sus puntuaciones que los nadadores, lo que indica, como es lógico, que el juego en la NFL probablemente afecta a los distintos jugadores de manera diferente. Esperaba ver alguna comparación entre los pateadores y el resto del equipo, pero no se nos proporcionaron esos datos.

Los autores señalan que el rendimiento en las pruebas cognitivas no estaba correlacionado con el grado de activación de la proteína translocadora en los jugadores de la NFL. Así que efectivamente, en general estos tenían más proteína translocadora y peores puntuaciones de memoria, pero no eran los mismos jugadores de la NFL los que tenían ambos problemas. Este nuevo escáner no es una panacea para todos los males cerebrales de los deportistas.

De un modo macabro, es posible que no conozcamos realmente el valor de estas exploraciones hasta mucho más tarde, cuando quede claro que estos jugadores padecen o (con suerte) no demencia e incluso después, en la autopsia.

Pero tengo la esperanza de que si no es con esta prueba de diagnóstico en particular, avanzaremos en alguna prueba de diagnóstico para identificar a los precursores de la encefalopatía traumática crónica en personas vivas. Sin eso el tratamiento es solo una quimera.

Este contenido fue publicado originalmente en la edición en inglés de Medscape.

El Dr. F. Perry Wilson, M. S. C. E., (@fperrywilson) es profesor asociado de medicina y director del Acelerador de Investigación Clínica y Traslacional de Yale. Su trabajo de comunicación científica puede encontrarse en el Huffington Post, en NPR y aquí en Medscape. Su nuevo libro, How Medicine Works and When It Doesn't, ya está disponible.

Contenido relacionado

Comentario

3090D553-9492-4563-8681-AD288FA52ACE
Los comentarios están sujetos a moderación. Por favor, consulte los Términos de Uso del foro

procesando....