Matilde Montoya, mujer que venció al sistema y se convirtió en la primera médica mexicana

Historia de la medicina

Perla Miranda

11 de mayo de 2023

 

Hombres y mujeres deben tener los mismos derechos intelectuales y civiles Matilde Montoya

La emoción por ser la primera mujer en obtener el título de médica cirujana en México impactó a Matilde Montoya Lafragua, quien minutos después de escuchar al jurado académico decir que "resultó aprobada por unanimidad", se desvaneció, ya que su cuerpo resintió los años de lucha contra un sistema que no concebía que una mujer se dedicara a la ciencia.[1,2]

Dra. Matilde Montoya

El 25 de agosto de 1887, ante su madre, compañeros de clase, maestros y amigos, Matilde hizo historia, pues no solo obtuvo de manos de Manuel Romero Rubio, secretario de Gobernación, el título universitario que la avalaba como médica cirujana y obstetra, sino que surcó el camino para que otras mujeres cumplieran su sueño de estudiar medicina.

Machismo, prejuicio y calumnia: rivales a vencer

Desde que la sostuvo en sus brazos el 14 de marzo de 1857, Soledad Lafragua deseó que su hija tuviera la vida que quisiera, sin imposiciones, sin importar si salía de la norma. A partir de entonces dedicó sus días en cultivarle el amor por servir a los más desfavorecidos y alejarla del apego a lo material.

Al cumplir dos años Matilde recibió las primeras lecciones de educación primaria y aunque el comandante José María Montoya no entendía por qué su esposa se esmeraba con ahínco en la educación de su hija, nunca se opuso a ello, de tal manera que a los once años la niña había concluido su aprendizaje; al siguiente año quiso presentar el examen de profesora, pero la edad mínima era de 16 años; fue la primera negativa que recibió en su vida.

Entonces ingresó a la Escuela Nacional de Medicina para estudiar obstetricia, pero en 1872 su padre falleció y tuvo que abandonar la academia por no contar con recursos económicos para solventarla.

Aunque casi siempre navegó contra corriente, Matilde también tuvo aliados, como el Dr. Luis Muñoz, director de la sala de cirugía de mujeres en el Hospital de San Andrés, quien conmovido por sus ansias de aprendizaje le enseñó todo lo relacionado con las enfermedades de la mujer. Gracias a su mentor, en mayo de 1873 la estudiante obtuvo el título de partera a la edad de 16 años.

Por afectaciones a su salud relacionadas con la altura de la Ciudad de México se mudó a Puebla, sitio en el que en poco tiempo se hizo de clientas que acudían a ella para tener a sus hijos; su éxito causó tanta envidia en el gremio que la acusaron de ser protestante y de simpatizar con la masonería para orillarla al exilio.

Con el ánimo renovado y de la mano firme de su madre, regresó a la "Ciudad de los Ángeles" en 1880 y se inscribió en la Escuela de Medicina y Farmacia. A su ceremonia de admisión asistieron el gobernador de la entidad, miembros del Poder Judicial y personajes ilustres que estaban maravillados con su determinación para convertirse en profesional de la salud.

Al mismo tiempo médicos, maestros y estudiantes que se oponían a su sueño escalaron sus ataques al grado de colocar en la prensa local titulares como: "Impúdica y peligrosa mujer pretende convertirse en médica". Matilde emprendió la retirada, pero solo de Puebla, pues se trasladó a la capital del país más decidida que nunca a ingresar a la Escuela Nacional de Medicina.

En esta ocasión el director Francisco Ortega dio el visto bueno a su ingreso, pero le advirtió que no sería fácil porque sus aspiraciones iban en contra de la mentalidad de la época, que consideraba que la mujer debía estar en su casa, al cuidado de la familia y no en el ejercicio de carreras liberales, como derecho o medicina.

No estaba equivocado, apenas se supo que una mujer de 24 años estaba matriculada en la Escuela de Medicina, el sector más conservador publicó un artículo que acusaba: "Debe ser perversa la mujer que quiere estudiar medicina para ver cadáveres de hombres desnudos". Incluso hubo quien pretendió negarle el acceso a disecciones, arguyendo que no era posible que una mujer hiciera cortes en un cadáver desnudo frente a profesores y compañeros.

En la biografía que escribió sobre Matilde, donde la llamó "neófita de la ciencia", Laureana Wright desmintió una sola de las miles de acusaciones en contra de Montoya: la de no tener pudor y asistir al anfiteatro con sus compañeros para trabajar con cadáveres desnudos.

La escritora aseguró que esto era una falsedad, porque la estudiante logró con muchos esfuerzos que el director Francisco Ortega permitiera que los cadáveres permanecieran cubiertos cuando ella asistía a clases y en caso de que el cadáver tuviera que estar expuesto, otros alumnos le avisaban para que esperara el término de la clase y en soledad realizara las prácticas necesarias.

Cuando concluyó el primer año sus rivales exigieron que se le diera de baja con la excusa de que las materias de latín, raíces griegas, matemáticas, francés y geografía las cursó de forma privada; cuando Montoya lo supo pidió que la dejaran revalidar en la Escuela de San Ildefonso, solicitud que fue rechazada. En un acto desesperado escribió una carta al presidente Porfirio Díaz, quien ordenó que se le dieran las facilidades para obtener los créditos correspondientes.

En los siguientes años Matilde debió recursar materias que ya había aprobado en Puebla y las agresiones hacia su persona no cesaron, sin embargo, no todo fue oscuridad. Para solventar el costo de la carrera, los gobernadores de Morelos, Hidalgo y Puebla le otorgaron pensiones modestas y el gobierno federal le concedió una mensualidad de 40 pesos, dinero suficiente para continuar con sus estudios y apoyar a su madre con los gastos en el hogar.

También recibió el reconocimiento de profesores que en un inicio no creyeron en su vocación, pero al ver su dedicación se convencieron de que ningún obstáculo le impediría terminar la carrera y también contó con el apoyo y aliento de estudiantes que fueron apodados "los Montoyos".

Figura 1. El 28 de octubre de 1883 La Patria dio la noticia de los resultados sobresalientes de Matilde Montoya. Fuente: Acervo de la Biblioteca. Nacional de México. Dominio Público.

Matilde aprobó todas las materias con excelencia, concluyó su tesis Técnica de laboratorio en algunas investigaciones clínicas, que dedicó a su madre por impulsarla más que nadie y solicitó su examen profesional, que le fue negado con el pretexto absurdo de que los estatutos de la Escuela Nacional de Medicina hablaban de "alumnos" y no de "alumnas".

Por segunda ocasión envió una carta al presidente Díaz. El general exhortó a la Cámara de Diputados a actualizar los estatutos académicos para permitir que las mujeres se graduaran de medicina, pero como el congreso no estaba en sesiones, emitió un decreto para que el examen profesional se realizara de inmediato.

Graduada con honores

Aun sin pleno convencimiento, autoridades académicas fijaron el 24 de agosto de 1887 para medir los conocimientos teóricos de Montoya y en menoscabo a sus logros, en lugar de citarla en el Salón Solemne de Exámenes Profesionales le otorgaron un salón menor.

Figura 2. El 27 de agosto de 1887 La Patria publicó una nota sobre el examen, en la que destacó la asistencia del presidente Porfirio Díaz. "Anteayer sustentó su examen profesional la apreciable Srta. Matilde Montoya, la primera de su sexo que en México obtiene la aprobación del jurado para ejercer la Medicina, Cirugía y Obstetricia". Dominio público

Minutos antes de las 17:00 horas, un mensajero avisó que el presidente Porfirio Díaz, acompañado de su esposa Carmen Romero Rubio y amigos cercanos, salió de Palacio Nacional rumbo a la Escuela Nacional de Medicina para presenciar el examen de Matilde Montoya.

Con rapidez el salón de actos solemnes fue abierto y adecuado para realizar la comparecencia. Durante dos horas los sinodales Maximiliano Galán, José María Bandera, José G. Lobato, Fernando Altamirano, Nicolás Ramírez e Ignacio Capetillo, especializados en enfermedades del corazón, oftalmología, higiene, farmacología, medicina legal y ginecología, cuestionaron a Matilde; de la escarlatina pasaron a enfermedades del corazón, microbiología e higiene sanitaria.

La mujer contestó correctamente todas las preguntas y fue aprobada por unanimidad. Todavía en este punto sus detractores afirmaron que la mujer había obtenido la aprobación por decreto presidencial, pero no fue así, ya que el decreto solo le dio la oportunidad de mostrar lo aprendido ante un jurado académico.

La médica estaba feliz, pero todavía faltaba el examen práctico en el Hospital de San Andrés, al cual no acudió el presidente Díaz, pero sí el secretario de Gobernación, Manuel Romero Rubio.

Eran las primeras horas del 25 de agosto de 1887. Con destreza Matilde recorrió las salas de pacientes, diagnosticó acertadamente y respondió preguntas relacionadas con los casos clínicos; luego realizó resecciones en un cadáver en el anfiteatro del hospital donde hizo sus prácticas como partera.

"Reunidos en la sala de exámenes de la Escuela Nacional de Medicina y en la de operaciones de San Andrés, resultó aprobada por unanimidad", resolvió el jurado académico.

El júbilo llegó de golpe, los aplausos que la celebraban y las palabras del secretario de Gobernación se desvanecieron al mismo tiempo que su cuerpo. Cuando despertó, Matilde ya era doctora por la Escuela Nacional de Medicina.

Figura 3. Matilde Montoya en el Álbum de la mujer. Fuente: Acervo de la Biblioteca. Nacional de México. Dominio Público.

Laureana Wright resaltó que para tener en sus manos ese título científico Matilde Montoya trabajó toda su vida y soportó amarguras y sacrificios debido a los prejuicios de una sociedad "injusta por naturaleza y antagonista por sistema”, y a pesar de que su sueño fue reprobado por algunos, su empeño fue tan grande que "abrió a la mujer mexicana el camino de la ciencia".

Una vez titulada, la Dra. Montoya trabajó en su consulta privada hasta los 73 años. Orientada por su madre para ver la medicina como "sacerdocio y no como objeto de lucro", siempre tuvo un consultorio privado en Mixcoac y uno gratuito en Santa María la Ribera.

A la par de su ejercicio médico la especialista creó la Sociedad Filantrópica y junto a Soledad Lafragua fundó la primera sala de costura a donde podían llegar mujeres con necesidad de trabajar, pero que no tenían máquina de coser en casa.[3]

En 1891 se integró a la Liga Médica Humanitaria, en la que hizo equipo con médicos, dentistas y parteras para ofrecer consultas nocturnas a personas sin recursos. Treinta y cuatro años después, junto a Aurora Uribe cofundó la Asociación de Médicas Mexicanas, en donde una de sus tareas principales fue promover la partería y alejar esta práctica del estigma.

La Dra. Montoya falleció a los 79 años en su hogar, ubicado en el número 9 del callejón del Recreo, en Mixcoac.

Abrió el camino, pero las brechas de género persisten

Este año se cumplen 136 desde que Matilde Montoya se convirtió en la primera médica cirujana en el país, hazaña que sin duda abrió la posibilidad a otras mujeres para ingresar a esta carrera, pero a más de un siglo, la brecha salarial entre hombres y mujeres ocupados en el sector salud persiste, así como la brecha de género en la práctica clínica, a lo que se suman el acoso sexual y laboral y discriminación de género, menor acceso a jefaturas de servicios y la creencia de que las mujeres deben elegir entre profesión y familia.

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reveló que hasta octubre de 2021 en México había 305.418 personas ocupadas como médicos, de las que 164.925 (54%) son hombres y 140.492 (46%) mujeres.

En cuanto a la presencia en universidades, las mujeres han ganado terreno, de acuerdo con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) en el ciclo escolar 2021-2022 había 157.090 estudiantes inscritos en facultades de medicina, 94.460 mujeres; equivalente a 60% y 62.630 hombres.

Pero al observar los datos de las personas que egresan, la superioridad femenina se acorta. En 2021-2022 egresaron 19.075 médicos de las universidades, 10.665 mujeres y 8.410 hombres, 55% y 45%, respectivamente.

Y no se puede dejar de mencionar que en toda su historia, México únicamente ha contado con una secretaria de Salud a nivel federal, la Dra. Mercedes Juan López, quien ocupó el cargo del 1 de diciembre de 2012 al 8 de febrero de 2016.

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