Primera guía clínica de cardioprotección para pacientes pediátricos con cáncer

M. Alexander Otto

Conflictos de interés

23 de febrero de 2023

Un equipo de casi 30 expertos ha compilado la primera guía clínica sobre el seguimiento de los daños cardiacos en los pacientes pediátricos durante su tratamiento oncológico.[1]

Las complicaciones cardiacas son la segunda causa principal de muerte entre los sobrevivientes de cáncer infantil, justo después de la recurrencia del cáncer. Los sobrevivientes tienen 15 veces más probabilidades de tener insuficiencia cardiaca y 8 veces más probabilidades de tener una enfermedad cardiaca que la población general.

Las recomendaciones fueron realizadas por 29 especialistas en cardiología pediátrica, oncología y radiología de Australia y Nueva Zelanda. El equipo fue dirigido por investigadores del Murdoch Children's Research Institute en Melbourne, Australia.

Las guías clínicas fueron publicadas recientemente por el American College of Cardiology en JACC: Advances.[1]

El consejo va más allá de dos causas bien conocidas de problemas cardiacos (radiación inadvertida al corazón y tratamiento con doxorrubicina y otras antraciclinas) para incluir inmunoterapias y productos biológicos dirigidos que conllevan sus propios riesgos cardiovasculares únicos.

El objetivo de las directrices es mitigar los problemas. Aunque muchos de los consejos están en línea con el monitoreo cardiaco para adultos, reunirlos todos en un solo documento es "increíblemente importante para los pacientes con cáncer pediátrico" y las personas que los tratan, incluyendo oncólogos, pediatras y, cada vez más, especialistas en el nuevo pero floreciente campo de la cardioncología, comentó el Dr. Michael Fradley, director médico de cardioncología en la University of Pennsylvania, en Filadelfia, Estados Unidos. Él no participó en la compilación de las nuevas guías y Medscape Noticias Médicas se puso en contacto para que comentara al respecto.

"No hubo un enfoque definido para la vigilancia o el seguimiento de pacientes pediátricos durante el tratamiento, a pesar de que las nuevas terapias tienen complicaciones cardiacas tempranas, como presión arterial alta, latidos cardiacos anormales e insuficiencia cardiaca", dijo en un comunicado de prensa la autora principal y oncóloga pediátrica, Dra. Rachel Conyers, Ph. D., investigadora del Murdoch Institute.[2]

Las nuevas directrices son "una herramienta indispensable para que los médicos reduzcan significativamente el impacto nocivo de los medicamentos contra el cáncer en los corazones de los niños", afirmó.

El Dr. Fradley anotó que, aunque el daño cardiaco puede surgir años después del tratamiento con antraciclinas y la radiación torácica, los problemas con las terapias dirigidas y las inmunoterapias parecen limitarse a la fase aguda del tratamiento.

Decenas de recomendaciones

Los fármacos que actúan como inhibidores del factor de crecimiento endotelial vascular, diana de rapamicina en células de mamífero, proteasomas, quinasas y puntos de control inmunológico ponen a los niños en riesgo de complicaciones cardiovasculares, señalaron los autores. Luego, cuando estos pacientes son adultos, desarrollar síndrome metabólico o enfermedad renal, e incluso embarazarse, aumenta aún más el riesgo de complicaciones cardiovasculares.

Los niños deben ser evaluados al menos una vez por un cardioncólogo durante el tratamiento e, idealmente, las pruebas deben incluir un ecocardiograma transtorácico tridimensional, aconsejaron los autores.

Entre decenas de recomendaciones específicas, el equipo hizo una recomendación unánime para el dexrazoxano, "el único agente cardioprotector usado en oncología pediátrica", para niños que reciben 250 mg/m2 o más de doxorrubicina o su equivalente. El Dr. Fradley indicó que la "claridad" de la guía sobre cuándo usar dexrazoxano debería arrojar luz sobre las amplias variaciones en la práctica actual.

También recomendaron hacer electrocardiogramas y pruebas de niveles de troponina I dentro de las 48 horas posteriores a cada dosis de inhibidor del punto de control inmunitario para detectar miocarditis. Si se sospecha miocarditis, se debe suspender la inmunoterapia.

Además, los niños deben ser revisados para detectar hipertensión dentro del primer mes de haber comenzado con un inhibidor del factor de crecimiento endotelial vascular; para aquellos que reciben tratamiento con un inhibidor de diana de rapamicina en células de mamífero, debe monitorearse cada seis meses la presión arterial, los niveles de glucosa, los perfiles de lípidos y la función renal.

Para los pacientes que reciben inhibidores de la tirosina quinasa BCR-Abl, los autores enfatizaron que la evaluación cardioncológica inicial debe incluir un electrocardiograma, debido al riesgo de prolongación del intervalo QT.

De manera similar, solicitaron una revisión de las toxicidades al menos cada tres meses para los niños que reciben tratamiento con el inhibidor de la tirosina quinasa de Bruton ibrutinib, con una derivación rápida a cardiología por cualquier signo de arritmia, incluidas palpitaciones, mareos y pérdida del conocimiento.

El trabajo fue financiado por Heart Foundation. Un coautor ha recibido financiación de Novo Nordisk. Los otros autores y el Dr. Fradley han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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