Bebidas alcohólicas: el patrón de consumo puede ser más relevante que la cantidad de gramos ingerida

Carla Nieto Martínez

17 de noviembre de 2022

Dr. Miguel Marcos

MADRID, ESP. "Hay evidencia firme de los efectos secundarios del alcohol, de ahí que en muchos ámbitos prefiera utilizarse el término de consumo bajo en lugar de consumo moderado y su ingesta está directamente relacionada, incluso a dosis bajas, con tumores de boca y orofaringe, laringe, esófago, mama, hígado y colon", señaló el Dr. Miguel Marcos, especialista en medicina interna del Hospital Universitario de Salamanca.[1]

En el marco del 63º Congreso de la Sociedad Española de Endocrinología (SEEN) se discutió la conveniencia o no de recomendar a la población un consumo bajo de alcohol.[1]

Dr. Miguel Ángel Martínez-González

El Dr. Marcos, así como el Dr. Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, defendieron su postura en relación a tres aspectos básicos en torno a esta cuestión: evidencia científica disponible, forma de hacer llegar a la población los mensajes adecuados respecto al consumo de alcohol y presiones políticas y de los grupos de interés económico sobre este tipo de bebidas.

En su análisis de la evidencia científica existente, el Dr. Marcos comentó que esta no es clara, ya que la investigación al respecto se basa en estudios observacionales con datos controvertidos y posibles sesgos.

El especialista repasó los principales datos que avalan que no se pueda hablar de un consumo seguro de alcohol: "Asimismo, es el principal factor de riesgo de deceso prematuro y pérdida de años de vida ajustados por discapacidad de personas de entre 15 y 49 años. Datos de 2016 atribuyen tres millones de fallecimientos al consumo de alcohol, 19% debido a enfermedad cardiovascular, a lo que hay que unir su relación con hepatopatía alcohólica, pancreatitis, trastornos por consumo y accidentes de tráfico, entre otros", destacó.

Beneficios en cardiopatía isquémica: ¿sí o no?

En cuanto a la asociación entre el consumo a dosis bajas de alcohol y posibles beneficios en la cardiopatía isquémica, el Dr. Marcos señaló: "Si bien los resultados de estudios observacionales sugieren una relación entre este tipo de consumo y una menor mortalidad coronaria, esto no ha sido demostrado por medio de ensayos clínicos".

"En el caso de la famosa curva en J, que asocia el bajo consumo alcohólico con una menor mortalidad por causa cardiovascular, hay que tener en cuenta que se trata de datos controvertidos, ya que muchos otros estudios no muestran esta asociación (p. ej., la randomización mendeliana). Además hay múltiples sesgos (entre ellos el del abstemio, esto es, personas que beben menos debido a problemas de salud o ingesta de ciertos fármacos) y las conclusiones son contradictorias", agregó.

"Si nos centramos en la mortalidad total, los estudios reflejan que el consumo en bajas cantidades no tiene un beneficio neto cuando se compara con la abstinencia o el consumo ocasional. La posible asociación entre consumo a bajas cantidades de alcohol y mortalidad total encontrada en algunos ensayos puede deberse a la inapropiada selección del grupo de control, al ajuste inadecuado de variables de confusión y a las diferencias en edad y sexo".

El especialista mencionó que otros estudios mostraron una relación log-linear con un menor riesgo de cardiopatía isquémica (esta asociación no se encontró en menores de 55 años) pero a la vez reflejaron un nexo aproximadamente lineal entre el consumo y un mayor riesgo de ictus e insuficiencia cardiaca, incluso a dosis bajas, lo que plantea que la relación entre alcohol y mortalidad cardiovascular probablemente no sea una curva en J, sino varias curvas dosis-respuesta con sentidos de asociación diferentes. De ello se deduce que el efecto protector estaría restringido a la cardiopatía isquémica.

El Dr. Marcos indicó que en el caso de la diabetes la reducción del riesgo encontrada con el consumo moderado puede restringirse a mujeres y de etnia no asiática. "Aunque esta evidencia se basa en los resultados de pocos estudios, existe la posibilidad de que la reducción de riesgo se haya sobreestimado al usar un grupo de control que incluye a exbebedores".

"En este momento no hay evidencia de calidad para recomendar un consumo de alcohol de bajo riesgo. Tenemos que basarnos en los datos disponibles para hacer recomendaciones, pero no podemos promover el consumo, sino establecer límites y explicar bien los riesgos demostrados y los beneficios posibles", añadió el especialista.

El enfoque epidemiológico

El Dr. Martínez-González comentó que en ausencia de ensayos aleatorizados tienen relevancia los estudios epidemiológicos realizados en esta línea, con cohortes grandes y medidas regulares: "Hay más de 100 estudios prospectivos que apoyan la reducción de la mortalidad total asociada a la ingesta de una a tres bebidas alcohólicas al día en hombres y de una a dos en mujeres. Pocas relaciones tienen tanta consistencia en epidemiología".

"En mi opinión, con estudios observacionales se pueden obtener pruebas causales, como demuestra una de las investigaciones más importantes en este sentido, publicada en Circulation y cuyos autores han dedicado su vida a valorar la relación entre la alimentación, incluidos el alcohol y las enfermedades cardiovasculares".[3]

El objetivo de este estudio, en el que el consumo moderado de alcohol (mujeres: 5 a 15 g/día; hombres; 5 a 30 g/día) era uno de los cinco factores de estilo de vida analizados (hábito tabáquico, índice de masa corporal entre 18,5 y 24,9 kg/m2, 30 minutos o más de actividad física al día y dieta sana) fue determinar cómo, de forma sumatoria, prolongan la vida a partir de los 50 años. "Se vio que en el caso del alcohol, las tasas, no solo de mortalidad total, sino también por cáncer y cardiovascular, eran más bajas en los que lo consumían de forma moderada", apuntó el especialista.

El Dr. Martínez-González agregó: "En este tipo de estudios es muy importante analizar también el patrón de bebida, ya que las investigaciones basadas en este enfoque han demostrado que a igual cantidad de alcohol, según el patrón seguido, se modifica el efecto y se reduce la mortalidad total".

"Por tanto, no solo hay que tener en cuenta la cantidad de alcohol (que debe ser moderada), sino también otros aspectos que determinan las coordenadas que definen a un patrón de ingesta saludable: repartir el consumo a lo largo de la semana, que se ingiera con las comidas, algo que tiene muchas ventajas (se absorbe más lentamente, no tiene un efecto irritante y presenta menos efectos neuro-psiquiátricos), que no haya binge drinking (5 bebidas en 2 horas), que se reduzca el consumo de licores fuertes y que se opte por el vino y dentro de esta opción, por el tinto".

Mensajes a la población: claros y segmentados

En cuanto a la forma de hacer llegar a la población los mensajes relacionados con la ingesta de alcohol, de forma que sea consciente de los efectos perjudiciales y su relación con numerosas patologías, los expertos señalaron que hay un consenso en el que no se debe promover el consumo de alcohol en ningún caso en la población general ni en pacientes con elevado riesgo cardiovascular.

Una situación diferente es la del grupo de población que ya consume alcohol de forma regular y en la que suele ser difícil conseguir la abstinencia. "En estos casos hay que poner énfasis en que el consumo se sitúe por debajo del límite de riesgo (aproximadamente 100 g de alcohol a la semana, el equivalente a 1 a 2 bebidas alcohólicas al día en hombres y una en mujeres) e informar claramente del balance riesgo (demostrado) beneficio (no demostrado), insistir en la importancia de limitar el consumo a la cantidad de bajo riesgo y en todo caso, recordar la consigna de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de las principales guías médicas al respecto: el alcohol, cuanto menos, mejor", puntualizó el Dr. Marcos.

El Dr. Martínez-González comentó que en los casos de consumo moderado es muy importante estratificar o segmentar el mensaje. "Creo que la consigna de 'cuanto menos, mejor' es obsoleta, ya que es muy general. Por ejemplo, hay que tener en cuenta que la tasa de mortalidad por consumo de alcohol es distinta según las áreas geográficas, la edad y el sexo. No hay duda de que transmitir el mensaje de forma segmentada es complejo, pero se trata de la estrategia a seguir".

El especialista añadió que otras iniciativas que contribuirían a afianzar este mensaje incluyen la adopción de medidas, como se hizo en Islandia (es precisamente en Europa donde tiene más impacto la mortalidad asociada al consumo de alcohol entre la población juvenil), con acciones multi-canal, incentivos y refuerzos para las familias y alternativas de ocio.

Lobbies y conflictos de interés

Una cuestión clave cuando se trata de transmitir a la población mensajes sobre el consumo de alcohol es el papel que juegan las presiones políticas y de los grupos de interés económico. Como expuso el Dr. Marcos, a pesar de que existen medidas conocidas que pueden reducir el consumo de forma global (etiquetado, restricción de publicidad, aumento de precio, campañas de información, etcétera), la extensión de los conflictos de interés a varios niveles es enorme. "Por ejemplo, la relación entre el consumo y el cáncer ‘molesta’ mucho a determinados sectores y suele obviarse. Prueba de ello es que en países productores de whisky se adjudican a esta bebida propiedades que en otros se asocian al vino o a la cerveza".

Para el Dr. Marcos, ello dificulta la existencia de una legislación y una publicidad que reflejen el balance riesgo-beneficio del consumo de alcohol e impide que el etiquetado de estas bebidas que al fin y al cabo son un producto alimentario, proporcione información nutricional (nutrientes que aporta, grados de alcohol), como sería deseable.

"Lograrlo es difícil o imposible porque hay un conflicto de interés profundo que afecta a muchos niveles de la sociedad, la política y la economía y que obstaculiza enormemente la información y la aplicación de políticas correctas sobre el consumo de alcohol. Es necesario un cambio de paradigma, como el que hubo con el tabaco".

El Dr. Martínez-González sugirió una serie de pautas para evitar o minimizar las presiones políticas y económicas: nunca prestarse a una financiación, desconfiar si hay conflicto de interés, desconfiar de los marcadores intermedios, no creer en un único estudio y no caer en extremismos ni en generalizaciones. También pedir financiación independientemente de la publicidad, hablar claro contra los conflictos de interés, recoger datos aptos para analizar eventos finales, apoyar mejores diseños y aplicar la precisión, a través de la segmentación/personalización de las recomendaciones de consumo.

Los doctores Marcos y Martínez-González han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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