La estimulación del nervio vago como alternativa terapéutica para la epilepsia refractaria

Yarim De la Luz Cuellar

25 de octubre de 2022

La estimulación del nervio vago fue capaz de mejorar la calidad de vida, reducir la duración e intensidad de las crisis convulsivas y minimizar el tratamiento con fármacos, según un estudio realizado en 70 pacientes españoles con epilepsia refractaria.[1]

Se denomina epilepsia refractaria o farmacorresistente a la persistencia de crisis epilépticas no provocadas aún después de que el paciente haya seguido dos tratamientos farmacológicos en las dosis máximas toleradas durante un periodo de al menos dos años.

Dra. Luisa Lilia Rocha Arrieta

La Dra. Luisa Lilia Rocha Arrieta, investigadora principal del Laboratorio de Epilepsia en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINESTAV), que no participó en el estudio, comentó a Medscape en español: "Este es un estudio interesante que aborda la dificultad de analizar la eficacia de una estrategia de neuromodulación, como es la estimulación del nervio vago. Se sabe que la farmacorresistencia se ha asociado a la presentación de crisis epilépticas de alta gravedad o de alta frecuencia. Parece que la estimulación del nervio vago es capaz de disminuir la expresión de las crisis epilépticas al disminuir su frecuencia y gravedad y así facilitar un mejor control de la epilepsia".

Desde 1990 y aprobada por la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos hasta 1997, la estimulación del nervio vago surgió como una terapia complementaria para los pacientes que no responden a los tratamientos con antiepilépticos y que no son candidatos para una cirugía resectiva (extracción del área cerebral donde se originan las convulsiones).[2]

La técnica de estimulación del nervio vago consiste en colocar un dispositivo o generador tipo marcapasos cerca de la clavícula, con el que se estimula eléctricamente y de forma intermitente al nervio vago a través de un electrodo.

Si bien ya se había demostrado que la estimulación del nervio vago reduce las crisis convulsivas y la toma de fármacos, los autores mencionan que la disminución del número de crisis es prácticamente el único parámetro que se ha investigado en estos reportes, además de que aún se cuestiona la eficacia de esta técnica y la gravedad de sus efectos adversos.

En el estudio, publicado en Neurología, los investigadores analizaron en retrospectiva las historias clínicas de 70 pacientes con edades entre ocho y 69 años, intervenidos con estimulación del nervio vago en el Servicio de Neurocirugía del Hospital General Universitario de Alicante y en el Hospital Clínico de Valencia; 53% de estos pacientes lo integran hombres y 47% mujeres.

Los pacientes tenían el mismo estimulador vagal (Cyberonics), que fue programado para producir descargas de igual intensidad, frecuencia e intermitencia.

Las variables clínicas fueron recopiladas por un familiar o por el propio paciente, siguiendo un diario de crisis en los tres meses previos a la intervención y un año después desde el inicio de la estimulación. Estas variables incluyen la frecuencia de las crisis (media semanal) utilizando la clasificación de McHugh, que cataloga a los pacientes de la siguiente forma: clase I, cuando presentan una reducción de 80% o más en la frecuencia de las crisis, clase II cuando se reducen 50% a 79%, clase III cuando hay una disminución menor a 50%, clase IV si solo se ha notado mejora cuando el mismo paciente estimula el generador con un imán, clase V cuando no se reporta mejora.

Los pacientes o sus familias también registraron la reducción en la duración e intensidad de las crisis (baja, media o alta), la disminución en el consumo de fármacos antiepilépticos y los efectos adversos posteriores a la implantación del dispositivo. Asimismo, se aplicó un cuestionario telefónico de calidad de vida en epilepsia (QOLIE-10).

Resultados prometedores

Entre los pacientes tratados con estimulación del nervio vago 57,15% de los que fueron catalogados como clase I y II presentó una reducción superior a 50% en la frecuencia de las crisis. En total 63% de los pacientes con crisis generalizadas presentó una reducción superior a 50% en la frecuencia (p = 0,01).

Asimismo, 88% de los pacientes reportó una disminución en la duración de las crisis; 14% de los pacientes pasó de tener crisis de intensidad alta a intensidad media, 19% bajó la intensidad de alta a baja, mientras que 24% disminuyó de media a baja.

De manera interesante, 66% de los pacientes redujo su consumo de fármacos tras un año de tratamiento con estimulación del nervio vago. Además 21% tuvo efectos adversos tolerables, siendo la presencia de tos la más frecuente (10,61% de los pacientes). En general 93% de los pacientes reportó una mejora en la calidad de vida de acuerdo con los resultados del cuestionario QOLIE-10.

No obstante, la Dra. Rocha reconoció algunas limitaciones de este estudio. "Tanto la gravedad como la duración de los eventos ictales son afecciones difíciles de estimar, ya que se usan parámetros cualitativos. Para analizar la duración de las crisis epilépticas se requiere un registro electrográfico continuo de la actividad cerebral. En cuanto a la gravedad, al presente no existen parámetros cualitativos para analizarla y depende del criterio del paciente o de sus familiares. Por lo anterior, es clara la necesidad de establecer biomarcadores clínicos para la gravedad de la actividad ictal".

"Se sabe que las estrategias de neuromodulación, como la estimulación del nervio vago, se asocian a tratamiento farmacológico. En el presente estudio no se correlaciona el consumo de fármacos antiepilépticos específicos con la mejora obtenida con la estimulación del nervio vago. Futuros estudios deberán enfocarse a determinar este tema", agregó la especialista.

A pesar de las limitaciones, este estudio apoya la evidencia de que la estimulación del nervio vago es una buena terapia alternativa que ofrece resultados positivos a los pacientes con epilepsia refractaria en España.

¿Cuál es la situación en México?

Un estudio previo realizado en 35 pacientes mexicanos con epilepsia refractaria había demostrado que la estimulación del nervio vago es un procedimiento efectivo, seguro y bien tolerado.[3] No obstante, el costo del dispositivo es un factor que a la fecha sigue limitando la aplicación de esta técnica en la población de países en desarrollo.

No existen estudios más actualizados con respecto a los efectos de la aplicación de estimulación del nervio vago en la población mexicana.

Ante la petición de comentarios, hasta el momento los autores no han dado respuesta

Para más contenido suscríbase a nuestros boletines y siga a Medscape en Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Comentario

3090D553-9492-4563-8681-AD288FA52ACE
Los comentarios están sujetos a moderación. Por favor, consulte los Términos de Uso del foro

procesando....