ENTREVISTA

El presidente del Reich Friedrich Ebert… ¿asesinado con palabras?

Marc Fröhling; Sebastian Schmidt

Conflictos de interés

21 de octubre de 2022

Dr. Ronald. D. Gerste

Friedrich Ebert, el primer presidente de la República de Weimar, murió en 1925 mientras ocupaba su cargo. El médico e historiador Ronald D. Gerste explica en esta entrevista las circunstancias exactas de su muerte y la cuestión de hasta qué punto los acontecimientos políticos de la época contribuyeron a su muerte prematura.

 

Medscape: El 4 de marzo de 1925, las campanas repicaron en señal de luto en toda Alemania. Unos días antes, el primer presidente de la todavía joven República de Weimar, Friedrich Ebert, había muerto. ¿Qué enfermedad provocó la muerte del socialdemócrata?

Dr. Ronald D. Gerste : Como dato singular, la frágil democracia de Weimar perdió prematuramente a dos de sus líderes más destacados a causa de enfermedades agudas, a Friedrich Ebert debido a una peritonitis tras una apendicectomía y a Gustav Stresemann en octubre de 1929 a causa de una apoplejía por una enfermedad renal que padecía desde hacía tiempo.

Figura 1. Friedrich Ebert. Fuente: Bundesarchiv, Bild 102-00015 / Georg Pahl / CC-BY-SA 3.0

Pero la historia de la enfermedad de Ebert duró mucho más tiempo. En 1919, fue elegido presidente del Reich. Ese mismo año, también sufrió por primera vez un cólico abdominal superior. ¿A qué lo atribuyeron los médicos?

Se pensó que la causa de los cólicos abdominales superiores eran cálculos biliares, que se presentaron repetidamente en los años subsiguientes, a veces con ictericia. Friedrich Ebert reunía ciertamente algunos factores de riesgo: era de baja estatura y tenía sobrepeso; en sus años de juventud había sido tabernero y se había entregado a la cerveza y los puros, como era habitual en su profesión. Con la asunción de la responsabilidad política, se añadió el factor del estrés: Ebert apenas tuvo ocasión de cuidar su salud, pues estuvo primero en el centro de los acontecimientos como miembro del Consejo de los Diputados del Pueblo durante los turbulentos días de la caída de la monarquía y la revolución de noviembre de 1918 y, a partir de 1919, como presidente del Reich, con una República que se mantenía en pie con extrema debilidad y que tenía que defenderse de las hostilidades y los ataques, desde la Liga Espartaquista hasta el golpe de Estado de Kapp, pasando por la inflación y la ocupación del Ruhr por las potencias vencedoras.

Figura 2. El presidente del Reich Friedrich Ebert desfilando al frente de una guardia de honor naval alineada en un barco. Fuente: Bundesarchiv, Bild 146-1988-079-19 / Wolter, H. / CC-BY-SA 3.0

¿Qué tratamiento se le proporcionó al destacado paciente?

Su médico de cabecera, Dr. Arnold Freudenthal, le inyectó repetidamente morfina para aliviar el dolor y también utilizó compresas calientes y medidas dietéticas. Ebert tomaba curas en la ciudad balneario de Bad Mergentheim cuando su tiempo se lo permitía, pero nunca durante largos periodos. El presidente también bebía agua del manantial Karlsquelle de Mergentheim, en Berlín. Una estancia habitual de recreo fue probablemente la Selva Negra, cerca de Freudenstadt. Ahí sufrió otro cólico biliar en 1922, pero la recomendación médica de reposo extremo no pudo cumplirse: Ebert viajó de vuelta a Berlín, de nuevo bajo los efectos de la morfina y después de ser llevado en el vagón de tren, para asistir al servicio fúnebre del ministro de Asuntos Exteriores Walther Rathenau, a quien los fanáticos de la derecha habían asesinado el 24 de junio de 1922.

Ebert no lograba descansar no solamente por el ambiente político. A partir de 1924, se vio involucrado en varios casos judiciales. ¿De qué se trataba y qué consecuencias para la salud podría haber tenido el veredicto para Ebert?

Ebert se vio envuelto en juicios de honor y, en diciembre de 1924, tuvo que presenciar cómo el Tribunal del Gran Jurado de Magdeburgo condenaba a tres meses de prisión a un editor que lo había insultado. Sin embargo, el juez que presidía el tribunal declaró sin rodeos que Ebert había cometido traición durante la huelga de enero de 1918. Para el hombre que había perdido a dos hijos en la Gran Guerra, esto fue una humillación infame. Ebert luchó por un nuevo juicio, no se permitió ningún descanso y se amargó cada vez más. Su hija Amalie dijo, respecto a esas últimas semanas en la vida del presidente del Reich: "correspondía a su naturaleza ocultar el dolor de todo tipo al mundo exterior y a la familia. [...]. Pero para mí, como hija, los últimos meses de su presidencia, la época de su enfermedad y de la depresión que le precedió por la agitación planificada contra él, los tengo tan presentes que me resulta difícil mantener vivos en mi memoria incluso los días felices de su mandato".

En 1925, la salud de Ebert se deterioró cada vez más. Ya a principios de febrero se quejaba de agotamiento y falta de aire. Su estado pareció mejorar durante un tiempo. Pero el 23 de febrero volvió a llamar a su médico de cabecera, el Dr. Freudenthal. Se quejaba de un gran dolor en la zona del hígado. ¿Qué reveló el examen médico?

Tenía un dolor de presión pronunciado en la zona del apéndice, el resto del abdomen estaba blando, la temperatura corporal era de 37,0 grados. El respetado cirujano August Bier (inventor de la anestesia espinal en 1898), que fue llamado en la noche del 23 de febrero de 1925, recomendó una intervención quirúrgica inmediata.

Lincoln salió de la oscuridad de los bosques traseros de una joven nación. Ebert salió de las sombras de las casas traseras de la historia de un pueblo viejo [...] Lincoln fue asesinado por las balas, Ebert fue asesinado por las palabras. No sé cuál fue el peor destino. Los estadounidenses, que también supieron odiar y vituperar, han aprendido a dar las gracias. ¿Y si los alemanes también aprendieran? Presidente federal Theodor Heuss, 1950, en el 25.º aniversario de la muerte de Friedrich Ebert.

August Bier escribió en su informe quirúrgico que la operación no fue fácil. ¿Cómo fue exactamente y cómo le fue a Ebert en los días posteriores?

Dejemos que las palabras originales de Bier nos lo digan: "Cuando se abrió la cavidad abdominal, salió una abundante cantidad de exudado purulento, turbio e inodoro, y aparecieron asas de intestino delgado muy distendidas y enrojecidas. El ciego y el apéndice vermiforme no se presentaron al principio; el apéndice se palpaba considerablemente por encima de la incisión como una estructura rígida que se proyectaba libremente en la cavidad abdominal. [...] Finalmente fue posible liberar el apéndice ampliamente perforado, separarlo de su mesenterio, extraerlo en su unión con el colon y suturar sobre el muñón". Ebert pasó una noche tranquila, pero el 26 de febrero estaba mucho peor. Bier pinchó un asa de intestino que yacía en la herida y más tarde administró al paciente otro enema y un lavado gástrico. A la mañana siguiente, Ebert sufrió náuseas y fiebre. En la noche del 28 de febrero, el presidente murió.

Desde la perspectiva actual. En su opinión, ¿debería haberse intervenido antes?

Si Ebert fuese un paciente en el año 2022, esa sería sin duda la cuestión, ya que hoy en día se tiende a tratar la apendicitis también (o solo) de forma conservadora, es decir, con antibióticos. Este es probablemente el punto decisivo: en 1925 no existía ninguna opción farmacológica para tratar eficazmente una inflamación intraabdominal, ya sea la apendicitis o la vesícula biliar, que ciertamente había sido dañada masivamente por los cólicos anteriores, puede haber sido el desencadenante final de la peritonitis. De hecho, solo una operación más temprana habría ayudado en ese momento. O tal vez incluso dos operaciones: habría sido mejor extirpar la vesícula biliar después del primer cólico y de los recurrentes.

Este contenido fue originalmente publicado en Coliquio, parte de la Red Profesional de Medscape.

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