COMENTARIO

¿Tenemos derecho a conocer el estado de salud del presidente?

Dr. Mauricio  Sarmiento

Conflictos de interés

6 de octubre de 2022

La legislación mexicana no da respuesta a la pregunta que versa sobre el hecho de que la población tenga derecho a saber el estado de salud del presidente, al respecto, el Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información (INAI) ha negado que dicha información deba transparentarse, debido a que incluye datos personales que se consideran sensibles.

Para comenzar, debemos reconocer que existen casos extremos en donde la respuesta parece obvia, pero mientras más nos acercamos al centro más difícil es contestar. Por ejemplo, si el presidente sufre un accidente aéreo o de tránsito, pienso que nadie negaría que tenemos derecho a saber si sobrevivió y qué tan grave se encuentra.

En el otro extremo, considero que nadie estaría de acuerdo en que tenemos derecho a conocer la totalidad del expediente e historia clínicos del presidente, puesto que en ellas se encuentra información privada, como inicio de vida sexual, número de parejas sexuales o si utiliza métodos de planificación familiar, por ejemplo.

La gran mayoría de la población está de acuerdo en que existen situaciones en las que los gobernados tenemos derecho a conocer la salud de nuestro presidente y otros en los que no debemos entrometernos en su privacidad.

Al parecer el criterio a utilizarse para determinar si la información debe ser pública o no tendría que partir de la relevancia para evaluar la capacidad física o mental del presidente para cumplir con sus funciones. Esto se dice muy fácil, pero en la práctica es una tarea compleja, ya que la información médica no debe ser interpretada de manera aislada; las enfermedades tienen complejas historias naturales y actúan de manera diferente, dependiendo el sujeto. ¿Cuánta información de salud deberíamos conocer sobre los padecimientos del presidente? ¿Solo los diagnósticos? ¿El tratamiento actual o todos los que ha recibido? ¿Los estudios más recientes o la totalidad de ellos?

La medicina es mucho más compleja de lo que creen los medios de comunicación y los abogados.

Hace poco se filtró la información de que el presidente padece de hipotiroidismo y angina inestable. Me pregunto: ¿esta información es suficiente para evaluar si alguien pude cumplir con su mandato? Pienso que no, un cardiólogo que escucha el diagnóstico de angina inestable no se queda satisfecho, existen muchos antecedentes, parámetros, estudios, escalas, resultados de laboratorio y evolución que tendría que evaluar antes de poder dar una opinión.

La medicina es mucho más compleja de lo que creen los medios de comunicación y los abogados. Decir que alguien padece de angina inestable no es suficiente, ese debería ser solo el inicio de la investigación. Incluso decir que alguien padece cáncer no es una sentencia de muerte, ya que se puede llevar una vida con bienestar y plena aun con este tipo de diagnóstico.

En el caso del expresidente Peña Nieto, en su momento se dijo que tenía un tumor tiroideo y creo que ese es un caso claro de información insuficiente, ya que en cuanto a tumores de la tiroides, algunos son benignos y otros muy agresivos. Claramente se necesita más información.

¿Tenemos derecho a conocer cada uno de los electrocardiogramas, ecocardiogramas, laboratorios y cateterismos que se le han realizado al presidente? Sería irresponsable pensar que con el simple diagnóstico de angina inestable o tumor tiroideo se puede llegar a una conclusión con relación a la capacidad de una persona para ejercer un cargo. ¿Si un candidato tuviera pólipos en el colon tendríamos derecho a ver el resultado de las colonoscopias y la patología o solo un diagnóstico genérico de neoplasia en estudio?

Algunas voces sugieren que los candidatos presidenciales deberían informar si padecen enfermedades crónico-degenerativas o mentales, lo que me parece difícil de justificar. Si se pretende que los gobernados sepan si sus candidatos cuentan con un estado de salud adecuado para ocupar el cargo y declarar si tienen enfermedades crónicas o mentales es a todas luces insuficiente. Por supuesto que se usan casos extremos para justificar estas decisiones, pero en general estas enfermedades, sobre todo si se encuentran controladas con tratamiento médico, no evitan que las personas lleven una vida normal.

Que alguien padezca diabetes, hipertensión, hipotiroidismo o depresión no tiene nada que ver con su capacidad para desempeñar el cargo de presidente. Tendríamos que conocer un enorme número de variables con relación a estos padecimientos para llegar a la conclusión de que cuente o no con el estado de salud adecuado para cumplir su cargo. Otras preguntas importantes son: ¿quién va a evaluar si el candidato tiene el estado de salud adecuado? ¿Cada gobernado en su fuero interno? Esto solo lleva a aumentar el estigma y discriminación en contra de muchos padecimientos. Las personas que sugieren que esto es útil simplemente no entienden que la salud va mucho más allá que una lista de padecimientos.

Declarar en un informe una lista de trastornos antes de entrar a una contienda electoral, sobre todo si no van acompañadas de una enorme cantidad de información clínica, es un ejercicio en la futilidad y únicamente aumenta la estigmatización de quienes tienen enfermedades crónicas y mentales.

¿Se debería obligar a un candidato a presidente a informar si es portador de virus de inmunodeficiencia humana? Eso sería escandaloso, violatorio de derechos humanos y discriminatorio. Tengamos cuidado con estas propuestas de declarar listas de padecimientos.

Lo que hace falta es cambiar la manera en que la población ve las enfermedades, sobre todo las crónico-degenerativas y los padecimientos mentales.

Desde mi punto de vista, lo que hace falta es cambiar la manera en que la población ve las enfermedades, sobre todo las crónico-degenerativas y los padecimientos mentales; los candidatos deberían informar voluntariamente de estas y ayudar a hacer conciencia de que enfermedad no es sinónimo de discapacidad o incapacidad, que una persona puede llevar una vida plena y cumplir sus funciones a pesar de tener un padecimiento.

Si te interesó mi columna, te invito a leer mis libros: En la residencia médica y De víctima a tirano: crónica del R2 o sígueme en mi cuenta de Twitter: @Sarmientomau.

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