Los hábitos de vida saludables durante la menopausia son fundamentales para prevenir la mortalidad cardiovascular

Pura C. Roy

Conflictos de interés

29 de septiembre de 2022

Los hábitos de vida guardan una estrecha relación con la mortalidad cardiovascular de las mujeres en edad menopáusica, es la conclusión principal de un estudio español.[1]

Para la investigación se utilizaron los datos de la Encuesta Nacional de Salud de España de 2011. Se incluyó a mujeres a partir de 50 años y se recogieron las características que mejor definían sus hábitos de vida, así como su estado de salud y los antecedentes médicos declarados por ellas, como enfermedades crónicas en el momento de la encuesta. El seguimiento de la mortalidad de las mujeres del estudio se realizó desde 2011 hasta 2017. En ese periodo de tiempo, el 4% de las mujeres falleció por causa cardiovascular.

"El criterio de selección fueron mujeres de más de 50 años, porque a partir de esta edad se puede hablar de posmenopausia, ya que la mayoría ya han alcanzado la menopausia. Hay otras mujeres que han tenido menopausias quirúrgicas o por otros motivos que no están reflejadas en el estudio", explicó a Univadis España el Dr. Vicente Bertomeu-González del Departamento de Medicina Clínica de la Universidad Miguel Hernández de Elche, en Alicante, y uno de los autores del estudio.

"Concretamente, las mujeres representadas comprenden edades entre los 50 y los 103 años, de las cuales 42% tenía hipertensión arterial, 34% hipercolesterolemia y 14% diabetes". Respecto a las variables sociodemográficas estudiadas, la edad es la única variable que presenta diferencias en el riesgo de muerte. "Por cada año que la mujer va cumpliendo, el riesgo de mortalidad cardiovascular aumenta 14%", explica el estudio.

Escala de riesgo

Los resultados del estudio también han permitido la creación de una escala de riesgo específica de fácil uso y directamente aplicable a mujeres posmenopáusicas con una elevada capacidad predictiva del riesgo de muerte. La suma de los puntos de cada uno de los factores predictores (edad, hábito tabáquico, horas de sueño, actividad física, consumo de verduras, diabetes e ingreso hospitalario en el último año), refleja la probabilidad de mortalidad cardiovascular a los seis años. De forma que, con 6 puntos o más en esa escala de riesgo, las probabilidades de muerte cardiovascular superan 5%, subiendo de forma muy acusada a partir de siete puntos.

Si bien existen estudios para la prevención de las enfermedades cardiovasculares, hay marcadas diferencias entre los sexos, por lo que es necesario un mayor conocimiento. En estudios realizados en Estados Unidos, entre 2013 y 2016, la prevalencia de enfermedades cardiovasculares fue menor en las mujeres premenopáusicas que en los varones de la misma edad, pero superó la de estos después de la menopausia.[2]

"Ya se sabía con anterioridad que las mujeres menopáusicas estaban predispuestas a tener enfermedades cardiovasculares. Nosotros queríamos confirmar este dato en España, y lo hemos confirmado, además de definir los elementos que influyen más en la mortalidad en estas mujeres", explicó el Dr. Bertomeu-González. "La población representada seguramente tendrá similitud con países de nuestro entorno, en otros, con diferencias socioculturales o raza, posiblemente no serán extrapolables. En el estudio cruzamos datos sobre mortalidad global y mortalidad por problemas cardiovasculares con la intención de generar modelos predictivos para valorar las particularidades de las mujeres".

Existe la idea errónea de que la enfermedad cardiaca afecta principalmente a los hombres, lo que significa que los factores de riesgo específicos del sexo femenino se han ignorado en gran medida. "Un aspecto preocupante es que además, exista desigualdad por sexo, dado que su presentación clínica es diferente a menudo se retrasa el diagnóstico y, por ende, el tratamiento de la población femenina. Como consecuencia, las mujeres pueden llegar a tener peor pronóstico que los varones", recalcó el investigador.

Los síntomas clásicos del infarto incluyen dolor opresivo en el centro del pecho o en la zona epigástrica (estómago), que puede irradiarse al brazo izquierdo, ambos brazos, cuello, mandíbula o espalda; sudoración, náuseas y dificultad respiratoria. Sin embargo, hay diferencias sustanciales entre hombres y mujeres en relación con la percepción y la descripción de los síntomas. Las mujeres presentan síntomas muy variados que hacen más difícil el diagnóstico de infarto. Los síntomas más comunes son la fatiga inusual, la dificultad respiratoria, el sudor frío o el dolor epigástrico. Los días previos pueden sufrir insomnio, ansiedad o debilidad. Por otro lado, el dolor torácico típico en mujeres es menos específico y en un porcentaje mayor se objetiva enfermedad coronaria no obstructiva, según recoge la Fundación española del corazón.

El pronóstico de un infarto de miocardio es peor en mujeres que en hombres. Un porcentaje mayor fallece antes de llegar a un hospital (52% frente al 42% en los hombres) y el pronóstico es también peor tras la hospitalización. Algunos estudios también han identificado este sesgo negativo, debido a que las mujeres suelen sufrir el infarto a mayor edad que los hombres. Las mujeres tienden a presentar enfermedad coronaria aproximadamente 10 años más tarde que los hombres.

Conclusiones del estudio

El estudio ha permitido observar que factores como sedentarismo, mala alimentación, tabaquismo y déficit de sueño conllevan un mayor riesgo de muerte en mujeres por problemas cardiovasculares. Para el Dr Bertomeu-González, "las conclusiones del estudio serían que además de la mayor vulnerabilidad que todos tenemos con la edad, es muy importante la actividad física. Las mujeres que trabajan sentadas y desarrollan poca actividad física en su cotidiano tienen más probabilidad de mortalidad que aquellas que tienen un trabajo que implique actividad física. Luego estarían el tabaquismo y por supuesto la dieta que debe incluir el consumo habitual de verduras. Esto último sorprende por su gran influencia. Que una mujer a lo largo de la semana no tome una ración de verdura fresca, nos parece raro, pero las hay. Y posiblemente se asocie a otros hábitos de salud desfavorables como un consumo excesivo de proteínas y de carbohidratos. La falta de verduras no entraría en ninguna definición de una dieta sana".

Se ha demostrado que los fitoestrógenos, unos componentes difenólicos abundantes en frutas y verduras, contrarrestan los efectos antiestrogénicos de la posmenopausia, por lo que podrían ser especialmente beneficiosos en una población como la estudiada.

"A los anteriores factores hay que sumar las horas de sueño, todos ellos tienen tanto peso o más que las enfermedades crónicas o los factores de riesgo cardiovascular clásicos. La asociación del exceso o el déficit de horas de sueño diario con la enfermedad cardiovascular se ha descrito en otros estudios, pero nunca se había centrado en una población de mujeres posmenopáusicas. Aunque las causas de dicha asociación no están aclaradas, hay indicios de que la predisposición genética, la coexistencia con factores de riesgo como la dislipemia y el escaso ejercicio físico pueden justificar el incremento del riesgo cardiovascular", especifica el estudio.

"Siempre hemos sabido de la protección hormonal que tienen las mujeres por los estrógenos", comentó el Dr. Bertomeu-González. Así como los andrógenos inducen ateroesclerosis y envejecimiento de las arterias, los estrógenos sabemos que protegen a las arterias del envejecimiento. Esta protección es muy evidente en mujeres jóvenes por lo que los problemas cardiovasculares son muy inferiores a la de varones jóvenes. Pero estas diferencias desaparecen con la menopausia. Tras la menopausia los niveles de colesterol y la tensión arterial tienden a alterarse y el riesgo de enfermedad coronaria aumenta. Sin embargo, no se ha demostrado que la terapia hormonal sustitutoria sea cardioprotectora en la menopausia. Por ello, una vida activa y una dieta sana y equilibrada que ayuden a prevenir la aparición de diabetes, sobrepeso e hipertensión arterial, así como exámenes regulares de la tensión y el colesterol son básicos para evitar la enfermedad.

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

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