Carne roja favorece enfermedades cardiovasculares; el microbioma intestinal podría ser determinante para el colesterol

Dr. Jürgen Sartorius 

Conflictos de interés

20 de septiembre de 2022

El consumo de carne roja y otros alimentos de origen animal se asocia a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica. El microbioma intestinal desempeña un papel propiciador, así como el azúcar en la sangre, la insulina y la proteína C reactiva, pero sorprendentemente no la presión arterial ni el colesterol, como muestra un estudio publicado en Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology.[1]

Para el estudio, 3.931 mujeres y hombres mayores de 65 años, sin enfermedades cardiovasculares previas, proporcionaron información sobre su dieta, incluido el consumo de carne roja (vacuno, porcino y de cordero) así como de otros alimentos de origen animal.

Además, los autores dirigidos por la Dra. Meng Wang, de la Escuela Friedman de Ciencia y Política de la Nutrición de la Tufts University de Boston, Estados Unidos, determinaron la concentración de biomarcadores del consumo de carne producidos por el microbioma intestinal de los participantes.

A lo largo de un periodo medio de seguimiento de 12,5 años, la Dra. Wang y sus colaboradores documentaron la incidencia de infarto de miocardio, enfermedad coronaria mortal, ictus y otras muertes ateroscleróticas en la cohorte del estudio.

Estudio observacional con ancianos sanos

Para compensar la pérdida de fuerza y masa muscular relacionada con la edad, los requerimientos de proteínas de las personas mayores aumentan. La posible relación entre el consumo de carne y el riesgo de enfermedades cardiovasculares podría ser de especial importancia para ellos.

Los participantes, aproximadamente un tercio de ellos hombres, tenían una media de 73 años al inicio de la observación y más de 80% gozaban de una salud entre buena y muy buena. Sus valores de índice de masa corporal eran de 26-27 kg/m2. La Dra. Wang y sus colaboradores estratificaron la cohorte en 5 quintiles en función del consumo de carne: <1 vez a la semana, 1 a 2 veces a la semana, 3 a 4 veces a la semana, 1 vez al día y 2 veces al día.

Cada porción diaria de carne roja aumenta el riesgo cardiovascular en 20%

Tras el ajuste estadístico de diferentes variables de confusión, una mayor ingesta de carne roja no procesada se asoció con un riesgo significativamente mayor de enfermedad cardiovascular aterosclerótica (hazard ratio [HR]: 1,15). Lo mismo ocurrió con el consumo de carne total (sin procesar y procesada; HR: 1,22), al igual que con el total de alimentos de origen animal (HR: 1,18).

Cada porción diaria de carne roja no procesada aumentaba el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica en aproximadamente 20%, escribieron los autores. El consumo de carne procesada (por ejemplo, embutidos) por sí mismo mostró una tendencia (HR: 1,11), pero no se asoció significativamente con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica, como tampoco lo hizo el consumo de pescado, aves y huevos.

Hay que tener en cuenta la influencia de los factores de confusión

Dr. Stefan Kabisch

"Como cualquier estudio observacional, este tiene naturalmente variables de confusión que pueden corregirse tan solo de forma insuficiente mediante un ajuste estadístico", afirmó el Dr. Stefan Kabisch, de la Clínica Médica de Endocrinología y Medicina Metabólica de la Charité de Berlín, Alemania, al ser cuestionado por Medscape Noticias Médicas. "En los grupos con mayor consumo de carne, había una mayor proporción de hombres, más personas de nivel educativo desfavorecido y con mayor frecuencia de consumo de nicotina, diabetes y tendencia a una peor salud. Además de un mayor consumo de carne, estos participantes mostraron un consumo significativamente menor de productos lácteos y de fibra procedente de frutas y verduras".

En los grupos con mayor consumo de carne, había una mayor proporción de hombres, un mayor número de personas de nivel educativo desfavorecido y con mayor frecuencia de consumo de nicotina, diabetes y tendencia a una peor salud. Dr. Stefan Kabisch

Ahora bien, el hecho de que "para la carne en su conjunto y para la carne roja no procesada se mostrara una relación lineal de dosis apunta a relaciones mecánicas reales y a la causalidad", añadió. "En el caso de la carne procesada, curiosamente, no aparece esta relación, aunque esta también aporta los biomarcadores estudiados. También es curioso que el riesgo de la carne total es mayor que el de cualquiera de los subgrupos, aunque los alimentos neutros, como el pescado o las aves de corral y los alimentos de riesgo deberían encontrarse en medio".

Los metabolitos de la flora intestinal podrían ser los responsables del riesgo derivado del consumo de carne

A partir de la L-carnitina que se encuentra en la carne roja y otros alimentos de origen animal, las bacterias del microbioma intestinal producen N-óxido de trimetilamina (TMAO) y sus metabolitos γ-butirobetaína y crotonobetaína.

Se descubrió que N-óxido de trimetilamina y sus metabolitos de betaína actuaban como factores de asociación entre la carne y la enfermedad cardiovascular aterosclerótica de forma significativa: 10,6% para la carne roja no procesada, 7,8% para el total de la carne y 9,2% para el total de los alimentos de origen animal.

Los expertos dudan de los mecanismos intermediarios de la N-óxido de trimetilamina

Para los autores del estudio, "estos resultados evidencian la existencia de correlaciones bioquímicas entre la carne roja en la dieta, el microbioma intestinal y la enfermedad cardiovascular aterosclerótica". Pero el Dr. Kabisch duda: "La correlación, específicamente relevante para este estudio y descrita en él, entre los biomarcadores dependientes de la carnitina del grupo N-óxido de trimetilamina y los datos nutricionales, resulta ser muy débil en este estudio. Posiblemente esta relación postulada no se da en la medida en la que se presenta".

El mecanismo a través de la N-óxido de trimetilamina presupone ciertas condiciones genéticas y determinadas bacterias intestinales, pero esto no fue objeto del estudio, explicó además el experto. Además, la N-óxido de trimetilamina no solo se origina a partir de la carnitina de la carne, sino también de la colina y la lecitina, contenidas en muchos otros alimentos. "En particular, para la correlación de N-óxido de trimetilamina y las enfermedades cardiovasculares, hay otro estudio observacional sin resultado significativo".[2]

Para la presión arterial y el colesterol se revoca la alarma

Otros factores de riesgo que mediaron la asociación entre el consumo de carne y el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica fueron la concentración de glucosa en sangre, la insulina y la proteína C reactiva. La presión arterial y el colesterol, por otra parte, sorprendentemente no resultaron ser mediadores significativos de la asociación entre la carne total y la enfermedad cardiovascular aterosclerótica.

Para la autora principal, Dra. Wang, sus hallazgos sugieren que las grasas saturadas de la dieta no son un factor de riesgo importante para las enfermedades cardiovasculares y que sus efectos sobre la salud dependen de la fuente de alimentación.

En la edad avanzada, la dieta desempeña tan solo un papel secundario en la enfermedad cardiovascular aterosclerótica

"La glucosa en ayunas, la insulina en ayunas y el valor inflamatorio de la proteína C reactiva como indicadores de resistencia a la insulina y síndrome metabólico son mediadores similares o más fuertes que los biomarcadores relativamente específicos de la carne, como el N-óxido de trimetilamina", comentó el Dr. Kabisch. "En general, probablemente siguen existiendo numerosas variables de confusión que puedan explicar la correlación encontrada aquí entre la carne roja, la N-óxido de trimetilamina y las enfermedades cardiovasculares".

En general, probablemente siguen existiendo numerosas variables de confusión que puedan explicar la correlación encontrada aquí entre la carne roja, la N-óxido de trimetilamina y las enfermedades cardiovasculares. Dr. Stefan Kabisch

El Dr. Kabisch añadió otra objeción: "Los pacientes ya eran relativamente viejos al comienzo de la fase de observación, si bien sin un evento cardiovascular previo. A una edad avanzada, muchos factores nutricionales ya no desempeñan un papel importante en el desarrollo de enfermedades a largo plazo, como la aterosclerosis. El hecho de que se produzca un infarto de miocardio o un ictus en personas mayores de 65 años sin un evento cardiovascular previo depende entonces más de otros factores como la diabetes, los medicamentos y otras enfermedades concomitantes, por ejemplo, oncológicas".

No es suficiente con los estudios observacionales para las recomendaciones nutricionales

Los estudios observacionales son demasiado imprecisos en la investigación nutricional como para derivar solo de ellos recomendaciones nutricionales válidas, concluyó el Dr. Kabisch.

En la edad avanzada, muchos factores nutricionales ya no desempeñan un papel importante en el desarrollo de enfermedades a largo plazo, como la aterosclerosis. Dr. Stefan Kabisch

Para ello, son necesarios estudios aleatorios y controlados a largo plazo, como los que existen desde hace tiempo para otros grupos de alimentos, como los productos integrales, el aceite de oliva o los frutos secos, también centrados en la salud del corazón y el metabolismo.

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