TENDENCIA CLÍNICA

Estimulación cerebral

Ryan Syrek

Conflictos de interés

2 de septiembre de 2022

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Los nuevos hallazgos sobre la posibilidad de que la estimulación cerebral potencie la memoria, mejore los síntomas del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y trate la depresión dieron lugar al principal tema de la Tendencia clínica de esta semana. Un nuevo estudio realizado en 150 adultos de 65 a 88 años mostró que la estimulación transcraneal con corriente alterna (tACS) durante 20 minutos en 4 días consecutivos tenía un efecto duradero en la memoria (ver infografía).

La mayoría de los pacientes que participaron en el estudio tenían una pérdida de memoria típica o un trastorno cognitivo leve. Se administraron corrientes eléctricas a través de electrodos integrados en un casco. La focalización en la corteza parietal inferior a una frecuencia baja de 4 Hz mejoró selectivamente la memoria de trabajo (a corto plazo) sin afectar a la memoria a largo plazo. Por otra parte, la focalización en la corteza prefrontal dorsolateral a 60 Hz mejoró selectivamente la memoria a largo plazo sin afectar a la memoria a corto plazo. La tasa de mejora de la memoria durante la intervención de 4 días predijo la magnitud del beneficio sobre la memoria en el punto temporal de 1 mes. Los participantes que tenían una función cognitiva inicial más baja demostraron mejoras mayores y más duraderas en la memoria.

En vez de la estimulación transcraneal con corriente alterna, otra investigación descubrió recientemente que la estimulación transcraneal con corriente directa (estimulación transcraneal con corriente directa) mejoraba la atención de los pacientes con trastorno por déficit de atención con hiperactividad que no tomaban estimulantes. En el estudio, se aleatorizó a 64 adultos para que recibieran estimulación activa o simulada. Todos los participantes tenían síntomas moderados o graves de inatención, con una puntuación de inatención de 21 o superior en la Escala de autoinforme de trastorno por déficit de atención con hiperactividad para adultos versión 1.1 (CASRS), administrada por el profesional clínico. La escala incluye nueve preguntas relacionadas con los síntomas de inatención (CASRS-I) y nueve relacionadas con los síntomas de hiperactividad e impulsividad (CASRS-HI). La puntuación puede variar de 0 a 36 para cada dominio. La puntuación media de inatención en la CASRS-I en la semana 4, el criterio principal de valoración, fue de 18,88 en el grupo asignado a estimulación transcraneal con corriente directa activa frente a 23,63 en el grupo asignado a estimulación transcraneal con corriente directa simulada. La d de Cohen estimada fue de 1,23 (intervalo de confianza de 95% [IC 95%]: 0,67 a 1,78), lo que indica un efecto al menos moderado. Aproximadamente un tercio de los pacientes (34,3%) del grupo asignado a estimulación transcraneal con corriente directa activa logró una reducción de 30% en la puntuación de la CASRS-I, en comparación con 6,2% del grupo asignado a estimulación transcraneal con corriente directa simulada.

La estimulación cerebral no invasiva también puede ser beneficiosa en el tratamiento de la anosmia o la hiposmia crónicas relacionadas con la COVID-19. Alrededor de 1% de los pacientes con COVID-19 experimentan una pérdida de olfato a largo plazo, lo que representa un número considerable, dada la extensión global. Los resultados de un pequeño estudio doble enmascarado y controlado con intervención simulada mostraron que la estimulación transcraneal con corriente directa anodal (A-tDCS) combinada con entrenamiento olfativo proporcionó una mejora notable y duradera en siete pacientes con hiposmia o anosmia persistente relacionada con la COVID-19. Los participantes tenían una puntuación inferior a 12 en la subprueba de identificación del test Sniffin' Sticks y no utilizaban medicamentos para aliviar los síntomas olfativos. El rendimiento olfativo se evaluó inmediatamente antes de la estimulación (t0) y se calificó en una escala de 0 a 10. En la sesión de entrenamiento olfativo de 20 minutos, los pacientes olieron 10 olores en un orden aleatorio durante 10 segundos cada uno y luego se les pidió que identificaran el olor y calificaran su intensidad. Al mismo tiempo se administró la terapia con estimulación transcraneal con corriente directa anodal o la simulada. La evaluación de los olores se repitió inmediatamente después de la terapia simulada (t1), de la estimulación transcraneal con corriente directa anodal (t2) y a los 3 meses del final de la estimulación (t3). Tanto las medidas subjetivas como las objetivas mostraron una mejora estadísticamente significativa en t2 y t3, con mediciones medias duplicadas o incluso triplicadas en comparación con t0 y t1. Además, todos los pacientes demostraron una mejora notable en el rendimiento olfativo.

Por su parte, el Dr. José J. Mendoza Velásquez, psiquiatra y miembro del comité editorial de Medscape en español, revisó las nuevas indicaciones y algunas noticias ocurridas con relación a la estimulación magnética transcraneal. En el comentario destaca su efectividad en trastornos afectivos: depresión resistente al tratamiento, depresión, particularmente en los componentes afectivos de algunos trastornos obsesivos-compulsivos y, en algunos trastornos, como síndrome de Tourette y en otros trastornos del movimiento relacionados con tics. No obstante, destaca que se requiere de un equipo de profesionales de la salud con conocimiento de estas técnicas y adaptar el manejo farmacológico de las condiciones.

No todas las noticias sobre la estimulación cerebral son positivas. Un estudio reciente descubrió que la estimulación transcraneal con corriente directa no mejoraba los resultados de la terapia cognitivo-conductual (TCC) en pacientes con trastorno depresivo mayor. Los resultados de un ensayo clínico multicéntrico, controlado con placebo y aleatorizado, mostraron que la estimulación transcraneal con corriente directa complementaria no era superior a la estimulación transcraneal con corriente directa simulada más la terapia cognitivo-conductual o a la terapia cognitivo-conductual sola. En el estudio multicéntrico participaron adultos de 20 a 65 años con un episodio depresivo único o recurrente que no recibían medicación o recibían un tratamiento estable con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o mirtazapina. Un total de 148 participantes (89 mujeres, 59 hombres) con una edad promedio de 41 años fueron aleatorizados a recibir terapia cognitivo-conductual sola (n = 53), terapia cognitivo-conductual más estimulación transcraneal con corriente directa (n = 48), o terapia cognitivo-conductual más estimulación transcraneal con corriente directa simulada (n = 47). Un total de 126 pacientes completaron el estudio. El criterio principal de valoración fue el cambio en la Escala de Montgomery-Åsberg para la Evaluación de la Depresión (MADRS) desde el inicio hasta después del tratamiento en la muestra por intención de tratar. Al inicio del estudio, la puntuación media de la MADRS era de 23,0. En cada uno de los grupos del estudio, las puntuaciones de la MADRS se redujeron una media de 6,5 puntos (IC 95%: 3,82 a 9,14 puntos). El valor d de Cohen fue de -0,90 (IC 95%: -1,43 a -0,50), lo que indica un efecto significativo en el curso del tiempo, según informan los investigadores. Sin embargo, añaden, "no hubo un efecto significativo del grupo ni una interacción significativa del grupo por el tiempo, lo que indica que los efectos aditivos estimados no fueron estadísticamente significativos".

Aunque la estimulación cerebral puede no haber mejorado los resultados de la terapia cognitivo-conductual en el trastorno depresivo mayor, los efectos potenciales sobre la memoria, los síntomas de trastorno por déficit de atención con hiperactividad y el deterioro del olfato tras la COVID-19 fueron suficientes para atraer la atención y volver esta intervención emergente la Tendencia clínica de la semana.

Para más información sobre la estimulación cerebral, lea aquí.

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