¿Los adolescentes que duermen poco son los pacientes cardiacos del futuro?

Dr. Thomas Kron

Conflictos de interés

26 de agosto de 2022

Los adolescentes que duermen menos de ocho horas por la noche pueden tener un mayor riesgo de padecer sobrepeso u obesidad, en comparación con aquellos que duermen suficientes horas, según un estudio presentado en el Congreso de la European Society of Cardiology (ESC) de 2022.[1]

Según los autores, los pacientes que duermen mal son también, comparativamente, más propensos a tener factores de riesgo cardiometabólicos, como un aumento de la grasa abdominal, de la presión arterial, de grasa y de los niveles de azúcar en sangre.

Estudio en unos 1.200 adolescentes

"Nuestro estudio muestra que la mayoría de los adolescentes no duermen lo suficiente y esto está relacionado con la obesidad y con características que favorecen el aumento de peso, lo que podría generar problemas futuros", dijo el autor del estudio español, Jesús Martínez Gómez, maestro en epidemiología, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) de Madrid, en nota de prensa. 

En el estudio, Gómez y sus colaboradores, estudiaron la relación entre la duración del sueño y la salud en 1.229 adolescentes. Los participantes tenían una media de 12 años al inicio del estudio con misma proporción de hombres y mujeres. Se midió el sueño tres veces durante siete días con un rastreador de actividad portátil en cada participante, de 12, 14 y 16 años. Para gozar de una buena salud, la American Academy of Sleep Medicine (AASM) recomienda dormir de 9 a 12 horas por la noche para la población pediátrica de 6 a 12 años y de 8 a 10 horas para la de 13 a 18 años. Para simplificar el análisis, el estudio consideró que ocho horas o más eran óptimas. Los participantes se clasificaron como durmientes muy cortos (≤ 7 horas), durmientes cortos (7 a 8 horas) y durmientes óptimos (≥ 8 horas).

El sobrepeso y la obesidad se determinaron mediante el índice de masa corporal. Los investigadores calcularon una puntuación continua para el síndrome metabólico, que va de valores negativos (más saludables) a positivos (menos saludables), teniendo en cuenta el perímetro de la cintura, la presión arterial, la glucosa en sangre y los niveles de lípidos en sangre.

Un tercio durmió al menos ocho horas

A los 12 años, solo 34% de los participantes dormía al menos ocho horas por noche, y esta cifra descendió hasta 23% a los 14 años y a 19% a los 16 años. Los varones tendían a dormir menos. Los adolescentes que más dormían también tenían una mejor calidad del sueño: se despertaban con menos frecuencia por la noche y pasaban una mayor proporción de tiempo durmiendo en la cama. La prevalencia de sobrepeso/obesidad fue de 27%, 24% y 21% a los 12, 14 y 16 años, respectivamente.

Los cálculos mostraron que, en comparación con los durmientes óptimos, el riesgo de sobrepeso/obesidad aumentaba en un 21% y un 72% para los durmientes muy cortos de 12 a 14 años, respectivamente. En el caso de los durmientes cortos de la misma edad, los autores encontraron un riesgo 19% y 29% mayor, respectivamente. De manera similar, tanto los durmientes cortos como los largos tenían puntuaciones medias de síndrome metabólico más altas a los 12 y 14 años, en comparación con los durmientes cortos con un sueño óptimo.

"Las asociaciones entre el sueño inadecuado y los efectos adversos para la salud fueron independientes de la ingesta de energía y la actividad física, lo que sugiere que el sueño en sí mismo es importante", dijo Martínez Gómez. Su consejo: "Dado que la obesidad y el síndrome metabólico están asociados a las enfermedades cardiovasculares, los programas de promoción de la salud en las escuelas deberían enseñar también buenos hábitos de sueño. Además, los padres podrían dar un buen ejemplo asegurando una hora de acostarse consistente y limitando el tiempo frente a las pantallas por la noche". 

El aumento de la prevalencia de la obesidad en los niños y adolescentes es una de las principales preocupaciones de los pediatras y los médicos especializados en adolescentes desde hace varios años. A pesar de que en el pasado se esperaba cierta estabilización, según los resultados del estudio ALADINO 2019, ante la pandemia el Grupo de Trabajo de Obesidad Infantil y en la Adolescencia de la Sociedad Española de Obesidad han calificado a la obesidad infantil como un tsunami, sobredimensionado

La COVID-19 no es la única "culpable"

Por su parte, en Alemania, se le conoce como la epidemia silenciosa ya que dos millones de niños tienen sobrepeso, 800.000 de ellos tienen obesidad, situación que ha aumentado de forma sigilosa pero constante en los últimos meses en el marco de la pandemia de la COVID-19, según el Grupo de Trabajo sobre Obesidad Infantil y Adolescente (AGA) de la Sociedad Alemana de Obesidad (DAG) y la sociedad científica de medicina pediátrica y de la adolescencia de Alemania.

"En nuestras consultas especiales hemos documentado aumentos de peso de hasta 30 kilos en 6 meses, casos individuales, pero los récords de este tipo van en aumento. Hay un incremento tan claro de obesidad en los niños durante los confinamientos relacionados con la COVID-19 que estamos hablando de una segunda 'pandemia silenciosa'", informó la portavoz de la AGA, Dra. Susann Weihrauch-Blüher. Además, los pediatras y los médicos de adolescentes están observando un claro aumento de las nuevas manifestaciones de la diabetes de tipo 2 en los adolescentes.

Como ejemplo, las sociedades especializadas citaron las cifras de los centros de obesidad ambulatorios de la clínica pediátrica de Halle y de la Charité Universitätsmedizin de Berlín, Alemania: en estos centros se han notificado hasta ahora cerca de tres veces más casos nuevos de diabetes de tipo 2 en adolescentes con obesidad extrema en comparación con el año anterior. El distanciamiento escolar, el retraimiento social y la depresión han aumentado en una medida similar en estos adolescentes, según una declaración conjunta de la AGA y la DAG. 

Según el Atlas de Asistencia Sanitaria publicado el año pasado, la frecuencia de los diagnósticos en Alemania se ha ralentizado al menos un poco: en 2018, el 4,6% de las niñas y el 4,7% de los niños de 3 a 17 años fueron diagnosticados de obesidad. En comparación con 2009, esto corresponde a un aumento de solo el 8 % en las chicas (2009: 4,3%) y del 15 % en los chicos (2009: 4,1%).

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

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