Carga laboral y responsabilidades ajenas repercuten en la salud de médicos pasantes

Perla Miranda

16 de agosto de 2022

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Estrés, ansiedad o depresión, contagios y muertes por COVID-19, síndrome del ojo seco y enfermedades gastrointestinales son algunas situaciones que médicos pasantes han denunciado como consecuencia de la carga laboral durante su servicio social y por realizar actividades que no eran su responsabilidad.

Para hacer frente a este panorama, profesionales de la salud comentaron a Medscape en español que si bien existen programas que buscan detectar y atender a tiempo sintomatología relacionada con la salud mental, es urgente que los médicos en formación dejen de ser mano de obra barata y se unan como gremio para denunciar cualquier abuso en su contra y que este no quede sin castigo.

¿Quién cuida a los médicos en formación?

Dr. Jesús Moreno

El Dr. Jesús Moreno, que terminó su servicio social hace un par de semanas en un ejido rural en Linares, Nuevo León, además de dar consultas de 20 minutos a un promedio de cinco a diez personas diarias y encargarse de la limpieza de la clínica, realizó jornadas de vacunación canina.

Ser encargado de la unidad médica pronto le cobró factura; a pesar de que estaba acostumbrado a vivir solo, la falta de interacción con otros compañeros y con pacientes le generaron ansiedad y estrés por no saber si estaba realizando bien su trabajo, pues sus jefes inmediatos pocas veces acudieron al hospital de primer nivel.

Esta situación, así como la falta de aprendizaje, motivó al joven a hacer rotaciones en una unidad urbana en donde atendía a un promedio de 15 a 25 pacientes, aun cuando el límite establecido es de cuatro y sin la supervisión de médicos adscritos que lo orientaran. En ambas modalidades el clínico encontró pros y contras, pero no un punto medio que le permitiera priorizar su salud, tanto física como mental, hasta que un día tuvo la necesidad de empezar un tratamiento contra la depresión.

"En cuanto a carga de trabajo, las necesidades urbanas son mayores que las rurales si hablamos de pacientes, pero en actividades administrativas y de limpieza son mucho más las rurales porque uno se encarga de todo. En las urbanas ya no tenía que limpiar sanitarios, los reportes los repartía con otro compañero, practicaba un poco más; por ejemplo, entré en agosto y para enero tuve que empezar [manejo con] fármacos antidepresivos por el estrés y la carga de llevar una clínica y a eso se sumaron situaciones personales", compartió.

El médico señaló que al igual que él, otros compañeros empezaron a tomar antidepresivos o ansiolíticos para poder cumplir con las actividades que les encargaban y para alcanzar las metas de salud establecidas para Nuevo León.

"Lo peor no es que nos manden al matadero sin armas o que seamos mano de obra barata, sino que no exista una preocupación por los pacientes, por conocer sus enfermedades y atenderlas. En cuanto a nosotros, no había algún tipo de ayuda para afrontar el estrés al que estábamos sometidos; se habla de estrategias, de apoyos institucionales, pero no se ponen en práctica, además el hecho de que te otorguen un permiso por ansiedad, estrés o depresión es muy difícil… para empezar, ¿quién la diagnostica? Y si consigues un permiso, a lo mejor te dan una semana, pero no hay un seguimiento a la problemática".

Dra. Sol Durand

La Dra. Sol Durand, adscrita al Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, lamentó que en el país haya un vacío de información sobre la salud mental del personal médico y que este sea mayor en los médicos en formación.

Agregó que conseguir un diagnóstico de depresión, ansiedad o síndrome de desgaste profesional no es lo más difícil, sino que la verdadera batalla es atender estos padecimientos y lograr que el gremio obtenga la incapacidad, en gran medida porque prevalece el estigma de "debilidad" en aquellos que reportan estos cuadros.

"¿Cómo vamos a obtener una incapacidad por depresión, ansiedad, síndrome de desgaste profesional o estrés si solo decirlo en voz alta nos hace ver como los más débiles, como los que no aguantan nada? Es más fácil esconderse, hacer que no pasa nada, buscar vías alternas, pero nunca en el hospital donde se labora, porque hay un temor enorme a ser señalados. Si no corregimos esto las repercusiones en nuestra salud nunca desaparecerán".

Luchar por los que ya no están y por los que vienen

El 4 de enero de 2021 el médico interno Jorge Alejandro López murió en el Servicio de Urgencias en el Hospital General de Ecatepec ante compañeros que no pudieron reanimarlo, aunque lo intentaron por más de 40 minutos.

Casi año y medio después la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México determinó que la unidad médica deberá reparar el daño a través de compensación y rehabilitación de las víctimas, pero la Dra. R, quien pidió nombrarla así para evitar represalias, comentó que mientras las condiciones en que laboran no cambien, no habrá justicia para su amigo ni para los compañeros Mariana Sánchez, Eric Andrade y miles más que sufren abusos durante su formación.

"Vimos morir a Jorge, no había una toma de oxígeno buena, no teníamos equipo de protección, había mucho terror, el hospital quiso deslindarse; cuando la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) retiró a sus estudiantes dijo que Jorge no estuvo en riesgo, pero muchos seguimos en ese infierno.[1] Sé que ya pasó mucho tiempo, pero todavía rehuyo hablar públicamente y sé que esto debe cambiar, que quizá tengo que salir y decir bien fuerte mi nombre, contar abiertamente todo lo que pasamos en nuestras prácticas, pero mis ingresos no son fijos y aunque cada vez somos más los que tratamos de lograr un cambio, la necesidad de tener trabajo es muy grande".

La Dra. R presta sus servicios en dos hospitales públicos de Ecatepec; sus días se dividen entre el trabajo, la familia y asistir a terapia psicológica privada para atender la ansiedad y el trastorno por estrés postraumático que le dejó no solo el deceso de su compañero, sino atender a pacientes con COVID-19 en las etapas más álgidas de la pandemia.

Dr. Andrés Castañeda Prado

El Dr. Andrés Castañeda Prado, coordinador de la Causa de Salud y Bienestar de Nosotrxs, señaló que no es necesario que la Dra. R comparta su identidad, asegurando que como su caso hay muchos y no solo en médicos pasantes, sino en profesionales que hacían su residencia durante la primera y segunda olas de la pandemia por coronavirus.[2]

Recordó que desde el colectivo que integra se han realizado encuestas a médicos en formación y entre los resultados resaltó la preocupación del gremio por no contar con las herramientas necesarias para atender una pandemia como la de COVID-19, denuncias por falta de equipo de protección personal, por no haber recibido la vacuna contra el SARS-CoV-2 y por no recibir apoyo por parte de las instituciones académicas ni hospitalarias.[3]

"La falta de equipo de protección personal nunca fue un secreto; más de 90% de los médicos entrevistados la reportó, aunque en diciembre inició la vacunación contra la COVID-19 en el sector salud, para marzo de 2021, 50% dijo que no sabía cuándo iba a recibir la segunda dosis, 68,7% manifestó no sentirse preparado para atender la pandemia y en caso de contagiarse 47,3% indicó que no recibía apoyo de la unidad médica. Esto es un claro ejemplo de la realidad que se vive en los servicios públicos de salud, específicamente con los médicos en formación y es porque se siguen considerando mano de obra barata y están al final de la cadena, por decirlo de alguna manera".

La prevención es fundamental

Dr. Guillermo Blanco Govea

El Dr. Guillermo Blanco Govea, comisionado estatal de Salud Mental y Adicciones de Colima, está convencido de que la prevención es una de las mayores aliadas contra depresión, ansiedad, síndrome de desgaste profesional y conductas suicidas, por lo que en agosto de 2021 se anunció en la entidad la implementación de un programa de detección temprana y atención de la salud mental para médicos internos de pregrado y pasantes de servicio social.

Los objetivos centrales de este programa consisten en evitar que los profesionales de la salud en formación atenten contra su vida, detectar las condiciones mencionadas a partir del cuestionario de riesgos psicosociales en el trabajo (SUSESO-ISTAS) y dar seguimiento puntual a los estudiantes.

"Se busca que médicos pasantes y quienes realizan residencias médicas no lleguen a estos eventos desafortunados, que reciban acompañamiento y que se quite este mito de que el médico es sobrehumano y no tiene sentimientos o emociones y, por tanto, debe recibir atención; se deben detectar aquellas situaciones que los ponen en vulnerabilidad y evitarlas, solo así los estaremos cuidando", destacó.

También detalló que el primer paso fue clasificar a los grupos en riesgo bajo, medio y alto y con base en los resultados se otorgan estrategias de intervención y psicoeducación, se ofrecen asesorías para el autocuidado de la salud mental, recomendaciones de actividades vinculadas al autocuidado, tanto recreativas como familiares.

En el grupo de riesgo moderado precisó que se trabaja con talleres de comunicación en los que se prioriza el autocuidado de la salud en alimentación y en descanso.

"Es muy necesario que aprendamos a descansar, que los médicos en formación sepan que no pueden trabajar como si fueran robots, que hay que priorizar sus horas de sueño, porque de no hacerlo hay consecuencias como el síndrome del ojo seco, desórdenes en los ciclos de sueño y malestares que van desde estomacales hasta emocionales como consecuencia de esto".

Finalmente, en los médicos en formación con riesgo alto la indicación es realizar una valoración más individual y minuciosa buscando un trastorno emocional mental para poder integrar un diagnóstico más preciso y a partir de ello canalizar, ya sea a psicoterapia individual, con un equipo especializado en salud mental o bien si se valora que puede necesitar tratamiento farmacológico, derivarlo para que reciba un manejo ambulatorio o mediante hospitalización.

"Es importante resaltar que este programa lleva un seguimiento, no es solo de entrada por salida, sino que se hace ese primer diagnóstico y seis meses después se tiene que realizar una nueva evaluación para ver el impacto con las estrategias iniciadas. Hay que comprender que el médico no está exento de sufrir alguna afección psicoemocional; inclusive la exigencia misma que tiene la carrera y su duración ponen en vulnerabilidad al personal que se está formando en esta área de la salud y, por tanto, hay un riesgo inminente de que pueda ocurrir alguna situación más delicada, como puede ser el suicidio, por eso debemos trabajar en prevenir estas situaciones", comentó.

El comisionado estatal enfatizó que para llevar a cabo este tipo de programas se requiere de un equipo especializado en salud mental y de equipos preventivos, como la valoración individual, pero reconoció que hay comunidades que no cuentan con especialistas suficientes.

"Es evidente que los médicos en algún momento estarán adscritos a un servicio de salud, se dedicarán a cuidar de otras personas y para hacerlo de la mejor forma es indispensable que cuenten con bienestar psicoemocional, que sepan cómo detectar y cómo canalizar a los pacientes que tienen algún problema, pero no solo a aquellos que atienden, sino ellos mismos, que sepan cuando pasan por depresión, ansiedad, psicosis y tengan las herramientas para saber cómo actuar y lograr una buena atención", concluyó.

¿Qué se puede mejorar?

El Dr. Moreno recordó que durante su servicio social en Nuevo León la estrategia para enfrentar situaciones relacionadas con la salud mental de médicos en formación consistía en canalizar a pacientes al borde del suicidio a una atención individualizada; consideró que además de las fallas estructurales en el sistema de salud, otro talón de Aquiles es que los profesionales de la salud subestiman los síntomas de cualquier patología por temor a ser criticados.

"A veces no dormimos y no le damos importancia hasta que vivimos con los ojos irritados, inflamados y sensibles a la luz; si tenemos problemas de ansiedad, estrés o nos vemos rebasados por el trabajo, tratamos de demostrarnos que sí podemos, no importa si tenemos diarrea, si se nos inflamó el intestino o si hay alucinaciones por falta de sueño; entonces creo que también tenemos que aprender a cuidarnos, buscar estrategias de afrontamiento, porque tampoco podemos esperar a que las autoridades quieran ayudarnos".

El Dr. Castañeda celebró que existan estrategias como la implementada en Colima y afirmó que deben permanecer y extenderse, pero remarcó que son insuficientes si el sistema de salud continúa dependiendo de los médicos en formación para atender la salud de los mexicanos.

"El problema de fondo es que los médicos en formación son mano de obra barata, por lo que estas estrategias no se van a usar, no se van a ampliar porque nadie se puede dar el lujo de impulsarlas si va a restar fuerza laboral en un hospital que está saturado. Se necesita más presupuesto y contratar a médicos titulados para atender estas clínicas de primer nivel en zonas urbanas y rurales. Estamos despertando como sociedad, como gremio; hace meses se habló de las renuncias a las residencias, es muy respetable la persona que lo hace, que prioriza su salud, pero no tendría que ser así, nadie tendría que renunciar a sus sueños porque vivimos en un sistema que ha normalizado malas prácticas. Tenemos que cortar esas cadenas y luchar por un sistema de salud más digno y equitativo para todos", finalizó.

Los doctores Moreno, Durand, Alejandra, Castañeda y Blanco han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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