Programa de atención plena para residentes: cómo entrenar para trabajar "con sosiego, sin presiones"

Ute Eppinger

Conflictos de interés

8 de agosto de 2022

En un estudio financiado por la Fundación Alemana de Investigación (DFG), un equipo de investigadores de Friburgo investigó si un programa de ejercicios de atención plena (mindfulness) puede ayudar a los médicos jóvenes (n = 147) a reducir su estrés y experimentar más sosiego en su trabajo diario en los hospitales.[1]

¿Cuáles fueron los resultados del estudio, cómo se puede practicar la atención plena en la vida diaria del hospital, qué debe cambiar en los hospitales para que los médicos puedan ser más conscientes de sí mismos, de sus pacientes y de sus colegas? Medscape habló de ello con el Dr. Johannes Fendel, autor del estudio e investigador asociado de la Clínica de Medicina Psicosomática y Psicoterapia del Hospital Universitario de Friburgo en Alemania.

Dr. Johannes Fendel

Medscape: En su estudio, usted enseñó la práctica de la atención plena a través de ejercicios especiales para compararla con la eficacia de la atención plena enseñada teóricamente. Los participantes del grupo de intervención manifestaron significativamente menos síntomas de síndrome de desgaste profesional después de seis meses. ¿Esperaba usted esta mejoría y cómo cree que la ha conseguido?

Dr. Fendel: Sí. La razón es que a los participantes que estuvieron en el grupo de intervención, sus entrenadores les enseñaron cómo practicar la atención plena en acción. Por lo tanto, pudieron aprender directamente del modelo, cómo es cuando se medita o cuándo se está activamente en un estado de conciencia plena.

Además, los participantes en el grupo de intervención pudieron intercambiar sus experiencias directamente con otros miembros del grupo. Cuando se habla de algo con otros, cuando se intercambian experiencias con los demás, se alcanza una profundidad de procesamiento completamente diferente a cuando solo se hace con uno mismo.

¿Cuál fue el concepto del estudio?

Hay muchos libros de autoayuda que se pueden utilizar para aprender sobre la atención plena, el autocuidado y demás. Sin embargo, lo que hay menos son cursos de este tipo, guiados por la práctica.

La idea de nuestro concepto de estudio era contrastar la enseñanza de la atención plena de forma puramente teórica con la enseñanza de la atención plena de forma práctica, impartida a través de ejercicios especiales. Se seleccionaron al azar a 76 médicos para el grupo de intervención y a 71 médicos para el grupo de control, que solo recibió formación teórica. También quisimos un grupo de control activo y no un grupo que solo esperara o no hiciera nada.

La división que adoptamos (adquisición teórica frente a adquisición práctica) tiene que ver con el hecho de que la atención plena puede describirse en esencia como algo parecido a una experiencia. Una experiencia, sin embargo, que resulta imposible de comunicar plenamente con el lenguaje.

Un ejemplo rápido para ilustrarlo: Se puede explicar a qué sabe el chocolate, pero nunca se sabrá exactamente a qué sabe si no se ha probado. Nuestra idea consistía, por ende, en propiciar una experiencia de atención plena en la práctica.

¿Qué se midió como reducción del estrés?

Pensamos en tres niveles para medir el éxito o la repercusión de esta capacitación. Uno de ellos era: Queríamos reducir el desasosiego. El desasosiego como un término genérico que abarca todo aquello de lo que ya no se quiere tener más o simplemente se quiere tener menos. Medimos los niveles de desgaste y estrés, y los documentamos mediante autonotificaciones, es decir, por medio de cuestionarios.

Además, comprobamos los efectos endocrinológicos a través de la secreción de cortisol en el cabello y también registramos las afecciones negativas (por ejemplo, el bajo estado de ánimo, depresión, ansiedad). Todo esto sigue correspondiendo al nivel de desasosiego.

El siguiente nivel tenía que ver con el aumento del bienestar.[2] Es decir, la satisfacción con la vida, la satisfacción laboral, la autocompasión, el sosiego, la conciencia plena, etc.

Por último, en un tercer nivel, analizamos si todo esto tenía un efecto sobre la calidad de la atención. Para ello, encuestamos a nuestros participantes mediante cuestionarios (autonotificaciones), pero —mucho más importante— utilizamos informes externos, es decir, les preguntamos a colegas, supervisores y pacientes si el comportamiento de los residentes había cambiado.

¿Cómo se determina si los cambios de comportamiento son duraderos? Es decir, ¿continúa la observación de los participantes en el estudio?

De hecho, el proyecto ya terminó, la financiación de la Fundación Alemana de Investigación expiró de forma regular y no hemos solicitado un proyecto de seguimiento. Por el momento, no hay una continuación de este a nivel científico y, por lo tanto, no habrá más observaciones.

Pero como recibimos una gran cantidad de comentarios y repetidas consultas sobre nuestro estudio, ya lo hemos discutido en varias ocasiones y estamos considerando la posibilidad de conseguir fondos para una encuesta de seguimiento del paciente. También sería interesante averiguar cómo han afrontado y afrontan los participantes del estudio la pandemia del SARS-CoV-2.

¿Cómo surgió el programa de atención plena para los médicos?

Como primer paso, tomamos como base de nuestro método de capacitación un programa de atención plena muy conocido, el llamado programa Mindfulness Based Stress Reduction (MBSR). Se trata de un sistema de entrenamiento muy consolidado, que fue desarrollado en los años 70 por el biólogo molecular estadounidense Jon Kabat-Zinn. El programa ha sido validado a lo largo de más de 30 años en una amplia variedad de estudios para una gran diversidad de grupos estresados, incluyendo contextos clínicos y no clínicos.

Sin embargo, el programa es genérico, no se dirige a un grupo objetivo específico. Nuestro segundo paso fue realizar una evaluación exhaustiva de las necesidades. Queríamos saber dónde le apretaba el zapato a nuestro grupo objetivo. Lo indagamos a través de entrevistas con médicos residentes y en conversaciones con médicos en ejercicio. Además, se constató la necesidad a través de una investigación bibliográfica sistemática. Esto también dio lugar a un metanálisis, que publicamos en 2021 y en el que recopilamos el estado actual de la investigación en todo el mundo.[3] Sobre la base del programa lness Based Stress Reduction, llevamos a cabo la adaptación en un tercer paso.

Publicamos el estudio de viabilidad en 2020.[4] Ese estudio lo realizamos en 2018. El programa se desarrolló en el marco del proyecto financiado por la Fundación Alemana de Investigación. Diseñamos el proyecto durante un año y medio y luego lo pusimos a prueba durante más de dos años.

En el programa de atención plena, el concepto de sosiego tiene un papel fundamental. ¿Qué significa eso?

El concepto de sosiego fue una adaptación esencial. Con el sosiego, le dimos al programa un horizonte objetivo en el que los participantes pueden orientar su propia práctica de atención plena. La idea era alcanzar un estado en el que uno se sintiera libre y autodeterminado, en el que no se sintiera ninguna presión. Ni la presión interna, por ejemplo, a través de los propios potenciadores del estrés, es decir, por características como el perfeccionismo, la ambición empedernida, el miedo, etc., ni la presión externa, es decir, la de los tiempos, las listas de tareas, etc. Uno se absorbe por completo en lo que está haciendo e incluso puede llegar a verse estimulado creativamente en el proceso.

Eso suena a una experiencia de flujo...

El estado de sosiego es similar al flujo, pero no es igual. Hay una diferencia crucial entre una experiencia de sosiego y una experiencia de flujo: En una experiencia de flujo, muchas personas describen un olvido del yo y del tiempo. El tiempo pasa volando.

En el sosiego, eso no tiene por qué ser así. En el sosiego, uno puede ser muy consciente del tiempo y también de sí mismo. Se puede disfrutar de lo que se hace. El sosiego está estrechamente asociado a la libertad.

El programa consta de ocho sesiones semanales y una sesión de un día completo. ¿Cómo se reparten y qué se aprende en ellas?

Una sesión duraba dos horas y 15 minutos, el día entero duraba seis horas. El día era especial porque se desarrollaba en silencio. Los médicos practicaban muy intensamente la meditación. Las sesiones individuales constaban siempre de cuatro elementos:

Practicamos con ellos ejercicios de meditación clásicos, como meditar acostados y sentados, pero también en movimiento, es decir, la meditación caminando o el yoga. Además, siempre se ofreció algún tipo de aportación de conocimientos, por ejemplo, sobre la fisiología del estrés. Y (algo muy importante) los participantes siempre podían compartir sus nuevas experiencias de meditación. El cuarto elemento (también clave para la adecuación) fue que nos propusimos discutir en cada sesión la incorporación de lo adquirido a la vida cotidiana en la clínica.

¿Cómo se pueden implementar estos cursos en las clínicas?

En principio, nosotros mismos somos los agentes multiplicadores. El curso de formación de profesores certificados de lness Based Stress Reduction/MBCT tiene un contenido idéntico al de la capacitación del estudio. El curso tuvo lugar en junio y es un concepto de formación de formadores, realizado por especialistas médicos que ayudaron con el desarrollo del programa y ahora lo están poniendo en práctica.

¿Cómo se consigue la incorporación de lo aprendido a la vida cotidiana del hospital?

Los programas de reducción del estrés suelen tener lugar en una sala de seminarios, tal vez situada en la Selva Negra o en algún otro lugar, alejados de la vida cotidiana en un bello entorno. Quisimos asegurarnos de que los participantes pudieran aplicar lo que habían aprendido directamente en su vida cotidiana. Por eso, nuestros ejercicios tuvieron lugar durante la semana, por las tardes, después de la rutina diaria en el hospital. Eso era importante para nosotros.

Además, le dimos mucha importancia a las llamadas prácticas informales. Aparte de la práctica formal de la meditación, nos planteamos cómo incorporar la atención plena a las actividades rutinarias. En el hospital, los procedimientos rutinarios son, por ejemplo, la desinfección consciente de las manos, la extracción de sangre con consciencia, el caminar conscientemente por los pasillos del hospital, etc.

Todas estas actividades, que de todos modos ya se realizan, nos sirvieron de anclaje para practicar la atención plena. El objetivo es que este proceso se automatice cada vez más y se convierta gradualmente en una actitud general de atención plena en la vida cotidiana.

Otra forma de incorporación consistió en alentar a los participantes a servirse de las acciones rutinarias como anclaje para hacerse preguntas de autocuidado, como por ejemplo "cómo me siento ahora mismo". Así, por ejemplo, al entrar en la clínica por la mañana, preguntarse uno mismo muy brevemente: "¿Cómo estoy ahora mismo? ¿Qué noto en mi cuerpo en este momento? ¿Cómo se siente mi respiración ahora? ¿Qué está pasando por mi mente en este momento?".

Aparte de estos ejercicios de incorporación muy concretos y poco complicados en el día a día de la clínica, también realizamos un juego de rol sobre cómo mantener una conversación consciente con los pacientes para que ambas partes se beneficien mutuamente de ella.

¿Qué debe cambiar en las clínicas, en las condiciones de trabajo?

Lo que yo desearía y lo que muchos de nuestros participantes también desearían es más tiempo. Definitivamente, tiempo. Los médicos quieren tener tiempo para aprovechar estos preciosos momentos con los pacientes y obtener de ellos satisfacción y significado a largo plazo.

Cada vez es mayor la percepción de que estos momentos de contacto directo con los pacientes se están acortando sistemáticamente. Por ejemplo, hay estudios que demuestran que los médicos de hoy en día dedican mucho más tiempo a la documentación que a sus pacientes.

Y si solo se considera el aspecto del bienestar de los médicos, entonces esto es fatal, porque muchos estudian medicina movidos por la idea de querer ayudar a los pacientes y no para documentar.

La gratificación que obtienen de este contacto directo, de una sonrisa, de la gratitud, del sentimiento de mejora, si eso se pierde sistemáticamente, entonces es fatal. Porque son precisamente estos momentos los que mantienen a las personas comprometidas y hacen que se sientan satisfechas a largo plazo y, por tanto, también resilientes y saludables.

Esto exige más tiempo en la práctica clínica diaria. Creo que los diversos tratamientos médicos deberían cuantificarse de forma diferente y, por ejemplo, que el número de consultas debería ampliarse. La atención médica hablada debe ser valorada de manera diferente y mejor. El hecho de que la situación esté como está es también una consecuencia de la economización en la medicina y quizás también debido a la idea de la maximización del beneficio a corto plazo, a expensas de la satisfacción y la atención a largo plazo.

Gracias a las habilidades que han aprendido y practicado estarán más atentos y tratarán de forma diferente a sus colegas, a sus pacientes y a sí mismos. Dr. Fendel

Cuando se les pregunta a los pacientes qué desean, a menudo se oye el deseo de que simplemente se les escuche y se sientan comprendidos. Sobre todo, porque el hecho de ser escuchados en sí mismo es una fuente primordial de curación.

¿Considera que la escasez de tiempo en las clínicas se compensa con este tipo de programas de capacitación? ¿Que la atención plena sirve para la autoptimización?

Nos hemos planteado a menudo y de forma crítica la interrogante de si un curso de este tipo puede servir para la autoptimización. Nos ha preocupado bastante que los médicos jóvenes y muy motivados (que están más dispuestos a rendir y a hacer sacrificios que quizá otros grupos) puedan malinterpretar el aprendizaje de la atención plena y utilizar estas habilidades para aumentar su actuación y, de este modo, conseguir involuntariamente estabilizar el sistema, que muchas veces es el responsable de que estén tan agobiados.

Consideramos que esto es una gran trampa y peligro ético: que los individuos, que de todos modos ya están sufriendo las condiciones del sistema, se hagan individualmente responsables de subsanar los fallos de este.

Por eso planteamos el horizonte objetivo del sosiego, que pretende ser deliberadamente un elemento de contrapunto. Porque esto tiene que ver con el autocuidado, con la autocompasión. Se trata de recordarles a los participantes que están haciendo algo por sí mismos a través de la práctica de la atención plena, para que encuentren satisfacción en su profesión también a largo plazo. No obstante, incluso el concepto de sosiego no nos salva del todo de esta trampa ética. En todo caso, las condiciones de trabajo deben mejorar. Eso es muy importante.

Una cosa está clara: la atención plena no es una panacea. Sin embargo, esperamos que esta habilidad cambie también un poco las condiciones del sistema. Algunos de los médicos que han participado en nuestro programa acabarán convirtiéndose en médicos de alto nivel o en jefes médicos, y gracias a las habilidades que han aprendido y practicado estarán más atentos y tratarán de forma diferente a sus colegas, a sus pacientes y a sí mismos. De esta forma tal vez pueda producirse una transformación del sistema porque a largo plazo estos médicos se convertirán en nuevos modelos de conducta en la cultura médica y la cambiarán desde adentro.

El Dr. Fendel ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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