Entrevista al Dr. Enrique González Duro: "El concepto de 'locura' es más integrador y menos marginador que enfermedad mental"

Carmen Espinosa

Conflictos de interés

28 de julio de 2022

¿Cuáles eran los rasgos que definían a un "loco" en el transcurso de los siglos XIII al XVII? ¿Cómo variaron a lo largo del tiempo? ¿Cuándo se fundaron los primeros manicomios en España y cómo evolucionaron? Estas son solo algunas de las cuestiones que trata el Dr. Enrique González Duro en su libro La historia de la locura en España.[1]

En esta entrevista concedida a Univadis España, uno de los psiquiatras españoles más reconocidos hace un repaso de la locura a lo largo del tiempo.

¿Por qué ahora un libro sobre la historia de la locura en España?

Porque no se puede entender el presente si no se conoce el pasado. No podemos saber dónde estamos si no comprendemos lo que ha pasado antes.

Después de tratar a tantos pacientes y escribir sobre ello durante este periodo ¿Cómo definiría el término " locura " hoy en día?

Siempre me he manifestado partidario del término locura porque es un fenómeno humano que tiene muchas aplicaciones. El concepto de locura es muy ambiguo y puede tener incluso una lectura afectiva (loco de amor, loco por la música…) es más integrador y menos marginador que enfermedad mental, que tiene un estigma difícil de eliminar. No entiendo mucho el concepto de salud mental. En el mundo que vivimos parece que si cambiamos el nombre de las cosas cambian las cosas.

La pandemia ha empeorado la salud mental de la población mundial exacerbando trastornos ya existentes y haciendo que aparezcan muchos más relacionados con la ansiedad y la depresión.

En el caso de los jóvenes es más un grito de socorro que una consumación, porque quieren llamar la atención que creen que no tienen. Además, en su caso, tienen un mundo más abierto y más posibilidades de relacionarse, aunque estamos hablando de diferentes variables, es decir, todo lo que influyen en el ser humano y en su conducta. Los índices de suicidio más altos se encuentran entre las personas mayores por problemas sociales o de salud.

La gente va al psicólogo para que le escuchen, pero los psiquiatras también sabemos escuchar. Además, en general, tenemos más recursos técnicos que el psicólogo, quien es muy competente y absolutamente fiable, y no estoy juzgando una categoría profesional, pero es verdad que la enseñanza que se hace en la universidad está muy relacionada con el conductismo, y entonces, el sentimiento no existe. Se han hecho barbaridades como llegar a intentar curar a homosexuales cambiando su conducta. Parece que en algunos casos se trata más de reclutar a enfermos o conseguir clientes.

Usted ha dicho en alguna ocasión que hay un abuso de la medicalización, ¿se necesita más terapia y menos pastillas?

Exactamente. El paciente debe hablar para que se le entienda y no el psiquiatra o psicólogo. Debe ser justo al revés. Pero el papel del psiquiatra en el sector público ha quedado en segundo plano y no se le dan los recursos que necesita. No es un problema de falta de dinero, lo que hay que hacer es organizar el gasto de una manera más lógica y coherente. Los políticos son los que lo hacen, pero siguiendo sus propios intereses y no basándose en el bienestar del enfermo. Dejemos a los expertos que sean ellos los que organicen la asistencia necesaria porque el objetivo de un médico es curar por muy incurable que parezca. Solo tenemos que mirar el caso del cáncer, que durante muchos años era incurable y gracias al trabajo de investigadores y médicos ahora hay algunos tipos de cáncer que ya se pueden curar. El tratamiento de un enfermo no puede estar marcado por el tiempo que un tecnócrata decide que hay que dedicarle. El enfermo necesita su tiempo

La medicación es un alivio, pero no cura la enfermedad. Pero existe una influencia de las empresas farmacéuticas que imponen que la enfermedad sea crónica e incurable por lo que el número global de enfermos crece a pesar de la prevención de la salud mental.

¿Cree que hay prevención de la salud mental?

No, no hay, ni creo que la puede haber. Puede que haya algo de prevención, pero es muy tosca. No se puede hacer vigilando al paciente. Porque, por ejemplo, una persona que ha hecho una tentativa de suicidio necesita cuidados, apoyo y comprensión y no tiene que ver con la vigilancia.

En el caso del síntoma de la ansiedad en sus diferentes grados avisa que algo va mal, hay que saber qué es lo que le pasa, hay que comprender y analizar. Hay que ganarse la confianza del paciente y que te cuente todo lo que tiene dentro. Siempre he ido en contra de la psiquiatría tradicional y ahora hago autocrítica.

¿Considera que un enfoque basado en investigación sistémica que incluya factores sociales y ambientales y un abordaje interdisciplinar podría mejorar el manejo de la salud mental en España?

Es muy complejo. Hay un sistema de terapia familiar teóricamente muy experimentado y eficaz y muy breve en relación con el tratamiento indefinido, como es la terapia farmacológica. Este método consiste en tratar a toda la familia, considerando que el enfermo surge en el seno de una familia afectada en positivo o en negativo por el chivo expiatorio, que es el enfermo. Son los familiares los que han llevado al manicomio a los enfermos o como está pasando con los ancianos, que los meten en residencias geriátricas y luego optan por no visitarlos.

Hay un proverbio africano que dice que "Se necesita todo un pueblo para educar a un niño", ¿se necesita toda la sociedad para curar a un individuo?

La clave del problema está en que vivimos en una sociedad disfuncional, que no está estructurada para el bien común. Tiene otros principios que no son el bienestar. Cuando surge lo que llamó Freud, el malestar social, familiar o económico, va produciendo al final dolor, sufrimiento y enfermedad. Por lo que es necesario replantear el problema en el marco familiar. Si sabemos cómo el paciente se relaciona con su familia o con su pareja entonces entenderemos por qué tiene ansiedad o depresión, que antes ni siquiera se consideraba una enfermedad. Hace 50 años había muy pocos depresivos porque no se sabía. Era normal que una persona con una situación sociofamiliar determinada se deprimiera.

En mi libro hablo de Carlos I de España y V de Alemania quien sufrió depresión porque no consiguió dinero de los prestamistas para pagar a los mercenarios europeos de las guerras que hacía por toda Europa.

¿En qué se necesita más inversión para mejorar la salud mental?

En el estudio del suicidio. Me parece un espectáculo vergonzoso poner a un influencer o a un actor para hablar sobre salud mental. Hay que tomarse en serio este tema. Para empezar, habría que tener claro qué es la salud mental y la prevención para así poder operar con mayor eficacia.

¿Está trabajando en otro libro?

Sí, en uno centrado en el 23 F desde el punto de vista psicológico. Me parece apasionante el trío de Juan Carlos, su padre Don Juan y Franco porque son dos padres que se pelean por un hijo: uno lo quiere porque es su hijo y heredero y el otro lo quiere como sucesor. Fue un montaje con mucha gente implicada muy bien preparado por Alfonso Armada, condenado a 30 años de prisión, pero se piensa que fue un guardia civil alocado. La gente tiene que saber la verdad.

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

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