En adultos con insuficiencia cardiaca, la diabetes descontrolada se asoció con un exceso de riesgo de progresión

Conflictos de interés

13 de junio de 2022

La diabetes, especialmente cuando no está controlada, está fuertemente asociada con la progresión hacia insuficiencia cardiaca manifiesta en pacientes con signos preclínicos de esta afección, según mostró un nuevo estudio.[1]

"Hasta ahora, los estudios de diabetes e insuficiencia cardiaca se han realizado principalmente en pacientes con insuficiencia cardiaca manifiesta. La novedad del estudio es que observamos la influencia de la diabetes en las primeras etapas de la insuficiencia cardiaca, antes de que los pacientes desarrollen síntomas", dijo a Medscape Noticias Médicas el autor principal, el Dr. Justin Echouffo-Tcheugui de la Johns Hopkins University en Baltimore, Estados Unidos.

"Nuestros resultados sugieren que el control riguroso de la diabetes podría ser una forma muy eficaz de frenar la progresión hacia la insuficiencia cardiaca manifiesta en estos pacientes", añadió. "Nuestro mensaje más simple es que si cuidamos mejor la diabetes, reduciremos la cantidad de personas que desarrollan insuficiencia cardiaca manifiesta.

"Es una oportunidad única para reducir la población de pacientes con insuficiencia cardiaca manifiesta y una razón adicional para tratar la diabetes de manera agresiva", agregó.

El estudio se publicó en versión electrónica el 6 de junio en Journal of the American College of Cardiology.[1]

Los autores señalaron que una nueva definición universal de insuficiencia cardiaca incluye dos etapas preclínicas (A y B) y dos etapas clínicas (C y D), y que hay un enfoque cada vez mayor en las guías clínicas para detener la progresión de la etapa preclínica a la clínica.

Explicaron que la etapa A del continuo de riesgo de insuficiencia cardiaca se define como la presencia de al menos uno de los siguientes factores de riesgo de insuficiencia cardiaca clínica en ausencia de enfermedad cardiaca estructural o síntomas de insuficiencia cardiaca: enfermedad cardiovascular aterosclerótica prevalente (enfermedad de las arterias coronarias, ictus o enfermedad arterial periférica), hipertensión, diabetes mellitus, obesidad, síndrome metabólico o enfermedad renal crónica.

El estadio B del continuo de riesgo de insuficiencia cardiaca se define como la presencia de cardiopatía estructural en la ecocardiografía o biomarcadores cardiacos elevados: porción N-terminal del propéptido natriurético cerebral N- terminal tipo B (NT-proBNP) o troponina T cardiaca de alta sensibilidad, pero sin signos o síntomas de insuficiencia cardiaca.

Para el estudio actual, los investigadores realizaron un análisis prospectivo de cohortes de datos del estudio Atherosclerosis Risk In Communities (ARIC) para caracterizar la influencia de la diabetes en la progresión de las etapas preclínicas de insuficiencia cardiaca a insuficiencia cardiaca manifiesta.

El estudio incluyó a 4.774 adultos (edad promedio: 75 años, 58% mujeres, 20% negros) con insuficiencia cardiaca preclínica, 1.551 en etapa A y 3.223 en etapa B, y 30% de la población del estudio tenía diabetes.

Dentro de cada etapa de insuficiencia cardiaca, se evaluaron las asociaciones entre la diabetes y el control glucémico con la progresión a insuficiencia cardiaca. El desenlace primario fue un nuevo diagnóstico de insuficiencia cardiaca aguda descompensada definitiva o probable, o el desarrollo de insuficiencia cardiaca crónica estable.

Durante una mediana de seguimiento de 7,5 años, hubo 470 eventos de insuficiencia cardiaca.

Los resultados mostraron que la diabetes se asoció a la progresión hacia la insuficiencia cardiaca (con una edad más temprana de aparición de la insuficiencia cardiaca y un tiempo más corto hasta el evento) y un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca en las etapas A y B. Hubo riesgos absolutos y relativos asociados a la diabetes significativamente más altos en los individuos en etapa B, en comparación con personas con diabetes en etapa A.

Los pacientes con diabetes e insuficiencia cardiaca en etapa B tenían al menos cuatro veces más riesgo absoluto de desarrollar insuficiencia cardiaca manifiesta que aquellos en etapa A sin diabetes.

La diabetes no controlada (hemoglobina glucosilada > 7%) se asoció a un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca incidente para las personas tanto en el estadio A como en el B.

En comparación con las personas sin diabetes y en el estadio preclínico A, las personas en el estadio preclínico B con diabetes no controlada tenían un riesgo 7,6 veces mayor de insuficiencia cardiaca incidente. Aquellos en etapa B con diabetes controlada tenían un riesgo 4,6 veces mayor de insuficiencia cardiaca incidente y aquellos en etapa A con diabetes no controlada tenían un riesgo 1,5 veces mayor.

Las asociaciones observadas de diabetes y control de la diabetes con la progresión de la insuficiencia cardiaca fueron independientes de otros factores de riesgo cardiovascular y del desarrollo de enfermedad coronaria incidente.

"Nuestros resultados sugieren que abordar la diabetes de forma temprana en el proceso de insuficiencia cardiaca es fundamental. Es probable que existan beneficios sustanciales para la prevención de la insuficiencia cardiaca al tratar la diabetes de forma agresiva lo antes posible en el curso de la insuficiencia cardiaca", escribieron los autores.

Señalaron que el estudio aumenta aún más la comprensión de la historia natural de la disfunción cardiaca asociada a la diabetes y refuerza que la prevención de esta última debe ser una prioridad clínica y de salud pública.

El Dr. Echouffo-Tcheugui agregó que estos resultados también plantean cuestiones sobre la elección de medicamentos para la diabetes.

"Sabemos que los inhibidores de cotransportador sodio-glucosa tipo 2 (SGLT2) y los agonistas de péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) reducen las hospitalizaciones por insuficiencia cardiaca en pacientes con insuficiencia cardiaca establecida, pero no sabemos si cambian el curso natural de la insuficiencia cardiaca. Puede haber potencial para el uso de estos medicamentos antes, para reducir el desarrollo de la insuficiencia cardiaca", apuntó.

En un editorial adjunto, el Dr. Subodh Verma, University of Toronto, Ontario, Canadá, el Dr. Ambarish Pandey, University of Texas Southwestern Medical Center, Dallas, Estados Unidos, y el Dr. Deepak Bhatt, Brigham and Women's Hospital, Boston, Estados Unidos, comentaron que el estudio "refuerza la contribución de la diabetes y, específicamente, la diabetes a largo plazo o mal controlada como factores de riesgo clave para acelerar la transición de la insuficiencia cardiaca preclínica a la manifiesta".[2]

Señalaron que debido a que el aumento es más pronunciado en aquellos que se encuentran en insuficiencia cardiaca en etapa B, cualquier evidencia de enfermedad cardiaca estructural o un aumento en los biomarcadores debería alertar a los médicos sobre un riesgo inminente de insuficiencia cardiaca.

Tal enfoque también puede ayudar a identificar a los pacientes que pueden obtener una mayor reducción absoluta del riesgo con los inhibidores de cotransportador sodio-glucosa tipo 2, que han demostrado en varios ensayos que previenen la insuficiencia cardiaca incidente en la diabetes, agregaron los editorialistas.

El estudio Atherosclerosis Risk In Communities fue financiado por National Heart, Lung and Blood Institute (NHLBI), National Institutes of Health (NIH) y Department of Health & Human Services. El Dr. Echouffo-Tcheugui recibió el apoyo de una subvención NIH/NHLBI. El Dr. Verma ha informado haber recibido subvenciones para investigación u honorarios como orador de Amarin, Amgen, AstraZeneca, Bayer, Boehringer Ingelheim, Eli Lilly, EOCI Pharmacomm, HLS Therapeutics, Janssen, Novartis, Novo Nordisk, Pfizer, PhaseBio, Sanofi, Sun Pharmaceuticals y Toronto Knowledge Translation Working Group. El Dr. Pandey ha informado que recibió fondos de subvenciones fuera del presente estudio de Applied Therapeutics, Gilead Sciences y una subvención GEMSSTAR del National Institute of Aging; honorarios fuera del presente estudio como asesor/consultor de Tricog Health, Lilly, Rivus y Roche Diagnostics; y ha recibido apoyo no financiero de Pfizer y Merck. El Dr. Bhatt ha informado que es miembro del consejo asesor de Bayer, Boehringer Ingelheim, Cardax, CellProthera, Cereno Scientific, Elsevier Practice Update Cardiology, Janssen, Level Ex, Medscape Cardiology, Merck, MyoKardia, NirvaMed, Novo Nordisk, PhaseBio, PLx Pharma, Regado Biosciences y Stasys; estar en la junta directiva del Boston VA Research Institute, DRS.LINQ, Society of Cardiovascular Patient Care y Tobesoft; y ser el presidente inaugural del Comité de Supervisión de Calidad de la American Heart Association. En el editorial se incluyen más potenciales conflictos de interés del Dr. Bhatt.

Para más contenido siga a Medscape en Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Comentario

3090D553-9492-4563-8681-AD288FA52ACE
Los comentarios están sujetos a moderación. Por favor, consulte los Términos de Uso del foro

procesando....