La restricción alimentaria por tiempo puede reducir el riesgo cardiovascular después del cáncer de mama

Ashley Lyles

Conflictos de interés

6 de junio de 2022

La restricción alimentaria por tiempo redujo el riesgo cardiovascular entre las sobrevivientes de cáncer de mama mayores, según sugiere un estudio de factibilidad de un solo grupo.[1]

Los resultados muestran una disminución relativa de 15% en el riesgo cardiovascular, medido con la puntuación de riesgo de Framingham, entre las sobrevivientes de cáncer de mama en riesgo después de solo ocho semanas de seguir un régimen de restricción alimentaria por tiempo, informaron Amy A. Kirkham, Ph. D., profesora asistente de kinesiología y educación física de la University of Toronto, en Toronto, Canadá, y sus colaboradores.

"La restricción alimentaria por tiempo también disminuyó significativamente el tejido adiposo visceral que nuestro equipo descubrió previamente que se acumula rápidamente con el tratamiento cardiotóxico y predice eventos cardiacos posteriores entre las sobrevivientes de cáncer de mama", agregaron los investigadores.

Los hallazgos se publicaron en versión electrónica el 17 de mayo en Journal of the American College of Cardiology: CardioOncology.[1]

La actividad física es una de las principales modalidades para reducir el riesgo cardiovascular, pero no es factible para todos debido a las limitaciones físicas y otros factores, anotó Kirkham.

"Me interesé en la restricción alimentaria por tiempo cuando me encontré con la literatura, que realmente se ha disparado en los últimos cinco años demostrando que se puede reducir el número de factores de riesgo cardiovascular", compartió con Medscape Noticias Médicas en una entrevista.

"Sin embargo, la mayoría de estas poblaciones estudiadas han tenido condiciones cardiometabólicas, como obesidad, diabetes de tipo 2, prediabetes y síndrome metabólico, y nadie ha observado esto" ni en la población con alto riesgo de enfermedad cardiovascular ni en pacientes con enfermedad cardiovascular manifiesta, agregó.

Este enfoque es fácil de seguir para los pacientes y es mucho más simple que muchos de los otros patrones dietéticos, anotó Kirkham. "Simplemente consiste en tener una hora de inicio o de finalización de la comida, por lo que es fácil de prescribir", dijo. "Puede ver cómo es mucho más fácil para un médico explicarle a un paciente que tratar de explicar cómo cumplir con las pautas de actividad física cada semana".

"Este estudio en particular muestra definitivamente que la restricción alimentaria por tiempo  puede disminuir la ingesta de calorías y creo que al disminuir la ingesta de calorías indudablemente mejoraría el peso corporal, lo que tiene numerosos beneficios, sin importar cómo lleguemos al objetivo final, que incluye los factores de riesgo cardiovascular", expresó el Dr. Ajay Vallakati, profesor asistente clínico de medicina interna de la Ohio State University, en Columbus, Estados Unidos, al comentar el estudio.

"Creo que la restricción alimentaria por tiempo es una herramienta que debemos considerar y un estudio más grande nos ayudaría a recomendarla a nuestros pacientes", señaló el Dr. Vallakati a Medscape Noticias Médicas.

El estudio involucró a 22 participantes. La edad promedio fue de 66 años. El índice de masa corporal (IMC) medio fue de 31 ± 5 kg/m². En la cohorte, 91% de las participantes tomaba inhibidores de la aromatasa y tamoxifeno en el momento del estudio y 50% se sometió a radiación en el lado izquierdo.

El grupo de estudio incluyó sobrevivientes de cáncer de mama que tenían factores de riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular, incluida la finalización de la terapia cardiotóxica, como antraciclinas, dentro de uno a seis años, obesidad/sobrepeso y edad avanzada, definida como 60 años o más.

A las participantes se les permitió comer libremente entre las 12:00 p. m. y las 8:00 p. m. entre semana y en cualquier momento durante los fines de semana. Fuera de las horas asignadas, solo podían beber café negro, agua o té negro durante el periodo de estudio de ocho semanas. No estaban bajo ninguna otra actividad física o restricciones dietéticas.

Todas recibieron apoyo conductual, como llamadas telefónicas de verificación con el equipo de investigación a las una, tres y seis semanas de seguimiento y llamadas previas a la intervención de un dietista registrado. Entre semana, también recibían mensajes de texto automatizados dos veces al día preguntándoles a qué hora comenzaban y dejaban de comer.

La irritabilidad y los dolores de cabeza se encontraban entre los síntomas menores y transitorios informados, indicaron los investigadores. El grupo de estudio respondió a casi todos los mensajes de texto que recibieron. Las participantes también siguieron con el ayuno durante una mediana de 98% de los días prescritos, ayunando durante 16 horas o más.

Los resultados mostraron que después de ocho semanas, la mediana del riesgo cardiovascular de Framingham se redujo de 10,9% a 8,6%, una reducción relativa de 15% (p = 0,037). Sin embargo, los aspectos modificables de Framingham, como la presión arterial sistólica, el colesterol total y las lipoproteínas de alta densidad, se mantuvieron relativamente constantes en general, lo que sugiere una variación entre los individuos en la etiología de la disminución del riesgo.

La ingesta calórica se redujo en una mediana de 450 kcal, lo que representa una reducción relativa de alrededor de 22% (p < 0,001), señalaron.

Los hallazgos también mostraron una disminución en la mediana de la masa de grasa corporal total derivada (–0,9 kg; p = 0,046), la masa corporal (–1,0 kg; p = 0,025) y el tejido adiposo visceral medio derivado de la resonancia magnética (–5%; p = .009).

Otros datos mostraron que el índice de masa corporal promedio permanece igual (p = 0,10).

Al comienzo del estudio, 68% de la cohorte se consideraba cardiometabólicamente poco saludable, dados los puntos de referencia para la terapia farmacológica preventiva del riesgo cardiovascular o síndrome metabólico según las recomendaciones de la Canadian Cardiovascular Society.

Cabe destacar que 53% de la cohorte ya no se clasificó como que cumplía los criterios para el síndrome metabólico o para el tratamiento terapéutico del riesgo cardiovascular después de la intervención.

Las limitaciones del estudio incluyen su corta duración, el sesgo de selección y que no involucró a un grupo de control, reconocieron los investigadores.

"Se necesitan ensayos controlados aleatorizados para confirmar estos hallazgos y evaluar los beneficios para la salud, incluidos los posibles ahorros en los costos de atención médica y la seguridad a largo plazo de la restricción alimentaria por tiempo", concluyeron los investigadores.

Kirkham, Ph. D., y el Dr. Vallakati declararon no tener conflictos de interés económico pertinentes.

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