COMENTARIO

Ser madre

Dra. María Jiménez Jiménez

Conflictos de interés

1 de junio de 2022

Ya hace más de dos años que escribí mi último artículo para esta mi querida editorial de cabecera, en el que de forma irónica les narré los acontecimientos que como madre y médica me acontecieron en los primeros meses de pandemia; lo que ya no supieron fue que esos sucesos que inicialmente hasta cómicos parecían, pasaron a constituir una losa tan pesada y desgastante que mi esfuerzo se concentró en resistir, pues lo que inicialmente pareció un sprint se convirtió en una larga maratón.

Y no sé si a ustedes, queridos lectores, pero a mí sí me pegó, lo que resultó en una incapacidad para escribir y no por falta de tiempo o ganas, sino por un bloqueo esencial para poder expresar con palabras lo que pasaba por mi cabeza en esos momentos.

Con toda la experiencia acumulada, la variante ómicron vivida en propia carne, la hipertensión arterial residual, la pérdida casi asegurada de una parte de mi coeficiente intelectual, además de mi cabello y con más necesidad de bótox que si estuviera chupando un limón, aquí me tienen de nuevo, expectante, como si se tratara de una película de terror cuyos últimos minutos nos hacen predecir una futura secuela.

Y si terminé contándoles un parto, inicio con el mismo escenario. Ha sido una semana de muchos partos. Partos lentos, tortuosos y de madrugada; una de mis tías, la más esotérica, diría que es por la luna creciente; yo solo sé que ha sido una semana agotadora. Dilataciones desde la tarde hasta culminar en parto a la mañana siguiente y no todas.

Una de esas mañanas alguien (médico al que considero mi Darth Vader personal), me hizo un comentario no muy acertado, por cierto, que aludía a la gran cantidad de horas invertidas en un parto y la baja remuneración del mismo no solo económicamente, sino en cuanto a reputación dentro del gremio médico; ¿por qué no elegir una especialidad más rentable económicamente y con más prestigio?

Afortunadamente el cansancio evitó que mi yo grosera, pelona y agresiva emergiera desde las profundidades de mi lado oscuro, pero me hizo pensar por qué sigo levantándome en las madrugadas para asistir partos.

Como si se tratara de una novela fantástica en la que se enfrentan las fuerzas del bien y el mal, me siento afortunada, como ginecóloga Jedi, de poder ayudar a venir a este mundo a los bebés que serán nuestras generaciones futuras, sanos y salvos y cuidarlos en el momento de la vida en el que somos más vulnerables: el nacimiento.

Pero además de mi ideación fantástica sobre la lucha divina de poderes a lo Star Wars, les voy a decir que sigo dedicándoles mi tiempo porque su fisiología simple y al mismo tiempo misteriosa no hace más que incrementar mi admiración por las protagonistas indiscutibles: las madres.

Porque es difícil después de horas de dolor extenuante reunir fuerzas para pujar de nuevo hasta culminar en el nacimiento de un nuevo ser y más difícil todavía someterse a una cirugía cuando eso no es posible por seguridad materna o fetal.

  • Porque es difícil enfrentarse a la maternidad, una faceta desconocida para la que no te entrenan previamente, en la que estás sin un libro de instrucciones que te guíe, muchas veces sin el apoyo de una pareja o una familia.

  • Porque ha sido difícil ser madre en épocas de incertidumbre. La pandemia vivida desde finales de 2019 ha hecho que madres del mundo entero se enfrenten a una enfermedad de la que nadie conocía nada y mucho menos se sabía cómo tratarla, a una vacuna experimental cuyos efectos a largo plazo aún se desconocen y estar en una balanza donde posicionarse en cualquier brazo es sentir que arriesgan demasiado.

  • Porque ha sido difícil enfermarse y sentirte aislada y separada del resto.

  • Porque es difícil asumir que muchas madres han fallecido en el curso de esta pandemia y no hemos podido hacer nada para evitarlo. Con padres que en ese momento se convirtieron en madres. O han sufrido la pérdida de sus bebés intraútero en la soledad del encierro.

  • Porque ha difícil ser madre, maestra, chef y mujer trabajadora durante un confinamiento interminable en el que debíamos aparentar control y normalidad para infundir fortaleza en aquellos que nos rodean y seguir brindándoles ese sentimiento de protección que les prometimos al traerlos a este mundo.

  • Porque ha sido difícil ser madre y sanitaria, sabiendo que cada vez que volvías a casa eras tú quien los ponías en riesgo. O cuando volvías no estaban ahí para darte su abrazo revitalizante más potente que cualquier bebida energética.

  • Porque ha sido difícil ser madre de aquellos que estaban solos y hospitalizados a nuestro cuidado, sin importar las consecuencias de su compañía.

  • Porque ha sido difícil querer ser madre y no poder y aunque las revisiones más recientes nos puedan sugerir que ni las vacunas ni la COVID-19 han disminuido las tasas de embarazo, la calidad ovocitaria o empeorado el seminograma, no es lo que experimentamos en la práctica clínica diaria, lo que ha supuesto enfrentarse al duelo permanente de un vacío hasta ahora imposible de llenar.

  • Porque es difícil ser madre en el campo de batalla y vivir una guerra de poderes entre países que pensamos que ya había sido sepultada dentro de los libros de historia.

  • Porque es difícil aparentar valentía cuando estás aterrada.

  • Y porque ahora entiendo uno de los insultos más utilizados en México y es que te digan que "no tienes madre".

Porque ser madre no es una cuestión genética, biológica o de género, es una cuestión de amor incondicional hacia otro ser al que antepones a tus necesidades e incluso a tu vida misma.

Un homenaje a mi madre, a la tuya, a ti, a mí y a todas aquellas que alguna vez hemos sentido ese amor y por qué no, a todas aquellas que desean sentirlo y aún no han podido.

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Comentario

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