COMENTARIO

Residencia médica y embarazo

Dr. Mauricio Sarmiento

Conflictos de interés

7 de abril de 2022

Cursar una residencia médica y ser madre no deberían ser temas contradictorios. El Estado y las instituciones de salud están obligados a tomar las medidas necesarias para facilitar que las mujeres que así lo desean logren ambos objetivos en su vida. Por desgracia, en nuestro país el hecho de embarazarse durante la residencia hace a las mujeres víctimas de abuso y discriminación.

¿Qué es el derecho al libre desarrollo de la personalidad?

La Primera Sala de la Suprema Corte de justicia de la Nación (SCJN) ha reconocido que el derecho al libre desarrollo de la personalidad tiene dos perspectivas: interna y externa. Desde el punto de vista interno el individuo está protegido para evitar que existan factores externos que limiten su capacidad de decisión. Con relación al punto de vista externo, esta libertad permite al individuo realizar cualquier acción que considere necesaria para desarrollar su personalidad.

Por tanto, desde la perspectiva del libre desarrollo de la personalidad, solo la mujer que elige estudiar una residencia y ser madre puede decidir en qué momento inicia estos caminos. Ya sea que los haga de manera simultánea o escalonada, ningún individuo o autoridad puede establecer condiciones o barreras para ejercer estos derechos.

Recordemos que las autoridades no solo están obligadas a respetar los derechos humanos, también los deben promover y garantizar. En el caso de las residencias médicas, las autoridades sanitarias deben respetar el deseo de la mujer de tener un hijo, así como promover medidas para otorgarle medidas adecuadas para un embarazo saludable, la licencia correspondiente para el periodo de parto y el tiempo de lactancia.

En nuestro medio aún persisten las prácticas contrarias a la Constitución y los Derechos Humanos de presionar a las médicas para que pospongan sus deseos de tener hijos e incluso se les discrimina y amenaza de que en caso de embarazarse pueden perder su residencia o la posibilidad de ingresar a una subespecialidad.

El problema del embrazo en la residencia se ve incluso en los procesos de selección. Aún existen algunos lugares en donde se solicita certificado de no embarazo para iniciar una residencia, como sucedió en el ENARM 2020 con las plazas que se abrieron para Cuba. De igual manera, en otras plazas, durante las entrevistas se cuestiona a las mujeres sobre sus planes de embarazo en los siguientes años.

El embarazo y la residencia médica son caminos completamente compatibles. Esto se ha demostrado en muchos países. Lo que no es compatible son la explotación y el embarazo. A las doctoras se les discrimina y presiona con relación al embarazo, no porque a las autoridades les preocupe su formación, más bien porque les preocupa a quién van a explotar cuando ellas no se encuentren en la unidad médica.

Algunos defensores del actual sistema de residencias autoritario explican que las mujeres que se embarazan pierden tiempo valioso de residencia. Lo único que esto refleja es su pobre entendimiento de lo que debería ser un programa de residencia. En muchos países se ha reconocido que un residente no adquiere habilidades y destrezas por el tiempo total que pasa en un hospital, sino por la cantidad de procedimientos o actividades que realiza.

Es injusto e ilegal que las médicas tengan que decidir entre ser residentes o madres.

Un cirujano no se considera experto por haber pasado mil horas dentro de un hospital, sino por haber participado en 100, 200 o más cirugías similares. En México tenemos a los residentes mucho tiempo en nuestros hospitales no porque sea necesario para su formación, sino porque es necesario para un sistema de salud que no contrata los trabajadores suficientes. Una parte importante del tiempo que un residente pasa dentro del hospital hace trabajo administrativo o labores extraacadémicas, como llevar laboratorios o fungir como camillero. Las jornadas de los médicos residentes en nuestro país son extensas no por el rigor académico, sino por la falta de personal.

Cuando un residente pasa más de 80 horas en un hospital tenemos que preguntarnos si realmente es necesario para su formación o para el sistema.

Si una mujer tiene que pasar tres meses fuera del hospital por maternidad, al regreso podría realizar los procedimientos que no efectuó en ese tiempo y entonces adquiriría las mismas habilidades. El problema, en nuestro país, es todo ese otro trabajo que la residente deja de hacer y que nada le beneficia a ella y solo sirve para cubrir las carencias de personal del hospital.

Es injusto e ilegal que las médicas tengan que decidir entre ser residentes o madres. Es perfectamente posible reconciliar los dos papeles sin poner en riesgo el rigor académico de una residencia. El problema es que muchas veces los médicos pasan jornadas prolongadas en sus unidades médicas no en favor de su formación, sino para cubrir las carencias de personal del sistema de salud.

El Dr. Mauricio Sarmiento estudió medicina e hizo residencia en anatomía patológica, medicina interna y hematología clínica. Posteriormente cursó la carrera de Derecho en la Facultad de Derecho de Ciudad Universitaria. Actualmente tiene un despacho jurídico en donde, entre otras cosas, da asesoría a médicos en temas de responsabilidad civil, trámites administrativos y las implicaciones jurídicas de la práctica médica.

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