La Comisión Lancet reexamina el abordaje actual de la muerte

Cristina Ferrario

Conflictos de interés

29 de marzo de 2022

"La historia de morir en el siglo XXI es una paradoja". Esta es la primera línea de un informe publicado recientemente en The Lancet, en el que los expertos de la Comisión Lancet abordan lo que es, para muchos, un tema muy delicado: el final de la vida.[1] Las recomendaciones que presentan apuntan a "regresar la muerte a la vida".

Lo que hace que la historia sea una paradoja es que, en situaciones de final de vida, muchas personas son sobretratadas y, por otro lado, muchas personas no reciben el tratamiento que requieren.

En resumen, cuando todo está dicho y hecho, "la gente muere una mala muerte". Un evento natural, una parte natural de la vida, se ha convertido en algo que la gente teme o, en algunos casos, se niega incluso a reconocer o hablar.

Este fue el factor motivador para que la Comisión Lancet, un grupo de expertos de diversas disciplinas, se reuniera para tratar de comprender mejor este complejo concepto. Hacen un llamado al público en general, a los profesionales de la salud y a los legisladores para que cambien el enfoque de los asuntos relacionados con el final de la vida para que pueda haber un equilibrio entre la muerte y el morir, así como un equilibrio entre la vida y la muerte.

Este tema sensible fue explorado por Marina Sozzi, Ph. D. Es directora de la Association for the Support and Assistance of People With Chronic and Oncological Diseases (SAMCO), una organización sin fines de lucro que desde hace más de 30 años se dedica a "brindar cuidados paliativos y apoyar a personas con enfermedades oncológicas u otras enfermedades crónicas y degenerativas".

Un llamado a buscar un reequilibrio

Para dar a la gente una idea de un mejor sistema en el que la vida y la muerte estén en equilibrio, los expertos de la Comisión Lancet describen una utopía realista, que resumen en los siguientes cinco principios:

  1. Se confrontan los determinantes sociales de la muerte, el morir y el duelo.

  2. Se entiende que morir es un proceso relacional y espiritual más que un simple evento fisiológico.

  3. Las redes de atención brindan apoyo a las personas que están muriendo, a quienes las cuidan y a quienes están en duelo.

  4. Las conversaciones e historias sobre la muerte cotidiana, el morir y el duelo se vuelven comunes.

  5. Se reconoce que la muerte tiene valor.

Lograr esta utopía no será fácil, sobre todo teniendo en cuenta los sistemas actuales que existen. "Ha habido enormes avances médicos en los últimos 100 años, particularmente en el aumento de la esperanza de vida y la curación de enfermedades que antes se consideraban sentencias de muerte", explicó Sozzi. "De hecho, en el transcurso de ese periodo de tiempo, la ciencia médica adquirió un enorme grado de poder social, y los asuntos de la muerte, que en siglos anteriores habían estado dentro del ámbito de las religiones y los lugares de culto, fueron entregados para ser tratados por los médicos y enfermeras", continuó.

La pandemia de COVID-19 ha hecho que el papel del campo médico en cuestiones de muerte sea más prominente: todos los días, la gente veía imágenes de personas agonizantes en camas de hospital atendidas por profesionales de la salud con cubrebocas y batas. Por lo demás, estos pacientes estaban solos y su único contacto con sus seres queridos era por teléfono o en línea. Murieron las muertes medicalizadas por excelencia, despojados de casi todas las oportunidades de obtener apoyo emocional de familiares y amigos.

Se necesita una nueva perspectiva

Los expertos de la Comisión Lancet tienen claro un punto: la necesidad de alejarse del enfoque reduccionista de la muerte para integrar un enfoque más holístico, que tenga en cuenta todas las dimensiones de la muerte sin limitarse únicamente a los aspectos médicos.

"La medicina tiene su propia visión del fenómeno de la muerte y de la enfermedad, que es una visión reduccionista", comentó Sozzi, y señaló que gracias a procesos que permiten reducir los fenómenos a lo medible, la medicina ha logrado avances tremendos. El mismo enfoque se ha aplicado a la visión de la muerte, que en general se ha convertido en un evento biológico.

"El problema es que, en realidad, la muerte es un fenómeno mucho más complejo: cultural, social, que involucra a las familias y a la sociedad", explicó. "No todos estos aspectos son tomados en consideración por la medicina y, por lo tanto, nuestra cultura ha reducido su visión del fenómeno de la muerte". Sozzi señaló que, si se mira más de cerca, la pregunta "¿De qué murió la persona?" presupone, en cierto sentido, que podría haber sido posible prevenir esa muerte, si la medicina hubiera tenido la tecnología adecuada. Entonces, la muerte pasa a ser vista como algo que podría haberse evitado.

El poder de los cuidados paliativos

Cambiar el abordaje de la muerte requiere de un cambio cultural profundo y, por lo tanto, de mucho tiempo. La buena noticia es que, aunque todavía queda un largo camino por recorrer, se han dado algunos pasos en esta dirección. "Hablar sobre la muerte, e incluso organizar cursos dirigidos a profesionales de la salud, es definitivamente más fácil en estos días que hace solo diez años", afirmó Sozzi, citando, como ejemplo, un proyecto que desarrolló para capacitar en cuidados paliativos a los trabajadores de hogares de adultos mayores.

Es en los cuidados paliativos donde se han producido mayores avances en materia de final de vida. "La cultura de los cuidados paliativos nos permite pensar en la muerte en términos muy diferentes y reconocer ese momento en el que debemos dejar de mirar los cuidados curativos y dirigir nuestros esfuerzos a los 'cuidados de confort'. Y este cuidado de los moribundos tiene que ser holístico", explicó Sozzi. Añadió que hablamos cada vez más de cuidados paliativos simultáneos, cuidados que no se limitan a los últimos días de la vida de una persona, sino que comienzan en una etapa temprana de la enfermedad, cuando aún hay tratamientos activos.

Sozzi mencionó la Ley 38 de Italia, que entró en vigor en 2010. Regula el acceso a los cuidados paliativos y el manejo del dolor, y extiende el derecho de los pacientes a recibir estos tratamientos "en cualquier ámbito de atención médica, en cualquier etapa de la vida y para cualquier condición crónica o progresiva que no tiene tratamiento o tiene un tratamiento que no es suficiente para estabilizarlo".

También se necesita un cambio cultural en esta área; ya ha habido un cambio en los médicos generales y los profesionales de la salud que pueden y deben dirigir a un paciente a cuidados paliativos.

"Necesitamos brindar a estos médicos más capacitación y hacerlos más conscientes de la diferencia que este tipo de atención puede marcar a lo largo de la vida de un paciente, no solo durante las etapas finales", remató Sozzi. En cuanto a la formación, mencionó que Italia había introducido recientemente una especialización en cuidados paliativos para los graduados de las facultades de medicina. Ese es otro pequeño paso que añade un sentido de dignidad a este nuevo enfoque de la vida y la muerte.

Las recomendaciones de los expertos

Al intentar encontrar un equilibrio entre la vida y la muerte, no debemos considerar el periodo anterior al siglo XX como una especie de edad de oro. Sozzi explicó que, en ese entonces, casi no había tecnología médica disponible como la de ahora para tratar a las personas al final de la vida. "Los cuidados paliativos también han planteado aspectos técnicos originales para eliminar el dolor. Sin haber eliminado el dolor de un paciente, difícilmente puedo iniciar una discusión con ellos sobre aspectos espirituales", comentó, enfatizando la importancia de contextualizar siempre los enfoques de la muerte.

Los expertos de la Comisión Lancet evaluaron el abordaje de la muerte en muchos contextos diferentes. Recomiendan que, para manejar mejor los asuntos del final de la vida en toda su complejidad, se debe considerar la importancia de las relaciones y las redes de la sociedad.

Recomiendan que los profesionales de la salud y de asistencia social mejoren sus habilidades y su capacidad para cuidar de los pacientes moribundos y sus familias. Cuando el paciente tiene una enfermedad que limita la vida, se debe adoptar un enfoque comprensivo y compasivo al proporcionar información clara sobre todas las intervenciones involucradas en los cuidados paliativos, así como al tener conversaciones sobre la muerte.

Se recomienda a los gobiernos y a los formuladores de políticas que implementen acciones para permitir que todos los ciudadanos tengan el mismo acceso a los cuidados paliativos necesarios. Además, todas las estrategias e informes sobre la atención social y el bienestar en general siempre deben incluir la consideración de la muerte, el morir y el duelo.

Es un camino cuesta arriba, pero debe hacerse si queremos construir una nueva cultura destinada a traer la muerte de vuelta a la vida. "A medida que avanzamos hacia esta nueva cultura, pongamos cada uno un granito de arena", concluyó Sozzi.

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