El tránsito, la densidad de intersección y la fragmentación se asocian a más hipertensión en ciudades latinoamericanas

Gabriela Navarra

17 de marzo de 2022

Una investigación sobre aproximadamente 160.000 personas en 230 ciudades latinoamericanas reveló que una mayor fragmentación urbana, la infraestructura de tránsito masivo y una mayor densidad de intersección se asociaron con más alto riesgo de tener hipertensión arterial, en tanto que vivir en conglomerados urbanos con mayor densidad poblacional fue asociado con un menor riesgo.[1]

Además, el tránsito masivo se vinculó con ligeros incrementos en la presión arterial sistólica y diastólica. Y si bien hubo una ligera asociación entre una menor presión arterial sistólica y diastólica a mayor cantidad de espacios verdes, al ajustar modelos se observó una asociación débil e inversa entre esas superficies y niveles de presión arterial. Pese a que otros trabajos encontraron asociación entre espacios verdes y menor prevalencia de hipertensión, en este caso no se registró asociación alguna.[2]

El objetivo de la investigación fue examinar cómo las características físicas del entorno urbano se relacionan con la prevalencia de hipertensión y las mediciones de presión arterial de 230 ciudades de Latinoamérica de 100.000 habitantes como mínimo, estratificadas según ciudades (unidades más grandes) y subciudades (más pequeñas, organizadas según distritos, municipios o comunas).

A juicio de los autores, la investigación es la primera en documentar la relación entre la fragmentación urbana y una mayor prevalencia de hipertensión arterial en países de ingresos medios y bajos. La hipótesis radica en que una mayor fragmentación dificulta más ir de un lado a otro, aumenta la polución y la contaminación, los viajes motorizados y puede complicar el acceso a la salud.

Dr. J. Jaime Miranda/Crédito: Pablo Tsukayama

El Dr. J. Jaime Miranda, epidemiólogo, profesor investigador del Departamento de Clínicas Médicas de la Facultad de Medicina de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, fundador y director del Centro de Excelencia de Enfermedades Crónicas de la universidad y uno de los autores del trabajo, comentó a Medscape en español: "Dos aspectos llamaron la atención. Esperábamos que el transporte público haría que las personas estuvieran más activas, hicieran más actividad física y eso mejorara el perfil cardiovascular. Lo mismo ocurrió con la densidad de intersecciones: creíamos que en una ciudad más amigable para caminar la gente caminaría más. Pero en nuestro estudio ambas cosas resultaron al contrario: los dos hallazgos están vinculados a un peor perfil cardiovascular y creo que es lo bueno de hacer epidemiología en distintos contextos".

"Una cosa es la teoría en ciudades muy establecidas o formales y otra es hacerlo en nuestros países de Latinoamérica. Usar el transporte público, por ejemplo, implica algún grado de congestión vehicular, disconfort, no se viaja cómodo… y así el transporte público puede pasar a ser un problema", destacó el especialista.

Dr. César Berenstein

"En esta investigación se muestra que algunas características de la estructura urbana, como la fragmentación, la presencia de tránsito masivo, la densidad de población, el escaso desarrollo de espacios verdes y la densidad de intersecciones están asociadas con la prevalencia de hipertensión", comentó el Dr. César Berenstein, coordinador de Objetivo 25 x 25 de la Federación Mundial del Corazón (WHF) y la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y uno de los creadores del Día de Corazón Sano en un Ambiente Sano, quien no participó del estudio.

La relación de estas características con la hipertensión arterial podría justificarse por una mayor exposición a polución ambiental, así como dificultar el desplazamiento en forma activa, caminando o en bicicleta, destacó.

Dr. Gonzalo Pérez Díaz/Fuente: Montserrat Lemus

"Este estudio es interesante y novedoso porque es de los primeros que muestra, en un gran número de pacientes, la posible asociación de hipertensión arterial con diferentes variables de urbanización", comentó el Dr. Gonzalo Pérez Díaz, cardiólogo de adultos, Instructor Adjunto de la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien no participó del estudio.

Si bien es observacional y transversal, su rigurosa metodología y la gran cantidad de ciudades involucradas le otorga un mayor peso estadístico. Para el médico clínico entender estas variables es un aporte más para su aproximación a las condicionantes de salud de su paciente individual, si bien una intervención personalizada se hace compleja (es poco probable que un paciente cambie su lugar de vivienda solo por una indicación médica), puede ser un aporte en el sentido de orientar políticas públicas de prevención y salud cardiovascular.

Un factor de riesgo global

La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo global. Tiene un gran impacto, que aumenta con el envejecimiento de la población. Se ha estimado su responsabilidad en más de 10 millones de fallecimientos y más de 200 años ajustados por discapacidad.[3] Sin embargo, es un factor de riesgo modificable. Algunos estudios indican una relación entre el riesgo de más alta presión y riesgo cardiovascular y el diseño físico del ambiente urbano. Pocos estudios en Latinoamérica exploran cómo el entorno urbano puede afectar la presión arterial y el riesgo de desarrollar hipertensión.

"Muchos estudios vienen de países de altos ingresos donde la morfología y la vinculación con las ciudades es muy distinta a la de nuestros países. Cuál es el vínculo entre sujeto y entorno es uno de los hallazgos muy importantes sobre todo en distintos contextos. Para eso Latinoamérica es muy peculiar porque nos da esa heterogeneidad", agregó el Dr. Miranda.

El estudio es transversal, con datos del Proyecto SALud URBana en América Latina (Salubral). Participaron en total 109.176 personas de 230 ciudades y 8 países del análisis de hipertensión. De estos, 50.228 de 194 ciudades y 7 países fueron incluidos en el análisis de medición de la toma de presión arterial diastólica y sistólica.

Los participantes tenían entre 18 y 97 años; 57,8% era de sexo femenino y 49,1% había completado la escuela secundaria o más. Más de 41% vivía en ciudades con infraestructura de sistema de tránsito y 13% se consideró con hipertensión.

En la investigación se utilizaron tres diferentes indicadores de resultados de salud: hipertensión y medición objetiva de presión sanguínea sistólica y diastólica. Los participantes eran definidos con hipertensión si un médico los había diagnosticado y si tomaban medicación para bajar la presión. Las presiones sistólica y diastólica fueron tomadas por entrevistadores experimentados en todos los países, excepto en Argentina. El número de tomas y las condiciones de la medición variaron según cada encuesta. Por eso las cifras tomadas en cuenta fueron el promedio de todas las mediciones.

Limitaciones y perspectivas

Algunas limitaciones del estudio se vinculan con el diseño de la investigación y el hecho de que el diagnóstico de hipertensión estuviera basado en autorreporte y podría haber un subregistro de casos. También hubo falta de sincronización entre la encuesta y las mediciones del entorno urbano.

Para el Dr. Berenstein, coordinador Nacional de Prevención Cardiovascular (NCPC) de la Asociación Europea de Cardiología Preventiva, "el manejo integrado del diseño urbano y la planificación del transporte podrían contribuir a la reducción del riesgo de enfermedades no transmisibles".

¿Los médicos pueden ayudar a generar un entorno más sano? "Sí. El médico juega un papel fundamental como líder del equipo de salud y puede promover centros de salud familiar en áreas de ciudad más fragmentadas, campañas de prevención cardiovascular en puntos álgidos del transporte urbano masivo, participar en campañas de promoción del deporte en áreas verdes, entre otras medidas", comentó el Dr. Pérez.

El Dr. Miranda coincidió con su colega chileno y puntualizó que la salud cardiovascular es una de las áreas de investigación más prolíficas de la ciencia, pero se ha tomado a la persona en alto riesgo y se han dejado de lado los determinantes más macro, como la salud urbana y los entornos saludables.

"No hay que esperar a que la persona tenga etiqueta de enfermo para actuar. Debemos desmitificar las aproximaciones poblacionales: los enfermos serán los más beneficiados, pero las intervenciones llegarán a más gente. Y aunque los efectos sean modestos por ese impacto más amplio serán sustanciales. Además, los médicos debemos salir de los mandiles y conversar donde ocurren los determinantes sociales de la enfermedad, no solamente con el enfermo o la persona que llega a la consulta", concluyó el clínico.

El Dr. Miranda, el Dr. Berenstein y el Dr. Pérez han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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