Aprendizajes de los cardiólogos ante la pandemia de COVID-19

Pablo Hernández Mares

8 de marzo de 2022

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Dr. Francisco López-Jiménez

GUADALAJARA, MEX. En una retrospectiva de los dos años pasados, el Dr. Francisco López-Jiménez, cardiólogo adscrito al Departamento de Cardiología de la Mayo Clinic, en Rochester, Estados Unidos, impartió la conferencia ¿Qué hemos aprendido los cardiólogos en la pandemia de COVID-19? durante el Congreso Anual de Cardiología Internacional (CADECI) de 2022.[1]

"No imaginábamos la magnitud de lo que venía", declaró el Dr. López-Jiménez, quien señaló que las consecuencias mayores han sido las humanas, ya que se han registrado más de 400’000.000 de personas infectadas, más de 6’000.000 de muertos y millones de personas con cierto grado de discapacidad física.

Sin embargo, el cardiólogo consideró que esos números subestiman la magnitud del problema; "en muchos países se rebasó la capacidad de hacer diagnósticos y de confirmar las muertes. Por ejemplo, en estudios de hace un año se demostró que en México el número de fallecimientos probablemente se subestimaba en cerca de tres veces, por lo menos", argumentó.

Jefe de la División de Cardiología Preventiva y director de Investigación del Abraham Healthy Living Center y codirector de Inteligencia Artificial en Cardiología, el Dr. López-Jiménez mostró durante su charla la interseccionalidad entre los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares y la COVID-19.

"De manera muy temprana se encontró que los factores de riesgo cardiovasculares curiosamente también fueron factores de riesgo tanto para tener la infección como para desarrollar complicaciones por COVID-19 y para morir", aseguró.

El cardiólogo indicó que poco después se encontró que lo opuesto también era cierto, es decir, que la relación era bidireccional y que las personas que padecían COVID-19 tenían mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

"Con las medidas de confinamiento, con el cierre de gimnasios, de centros comerciales, de lugares para ir a comprar comida, la gente, con miedo de salir, se hizo mucho más sedentaria; la comida se empezó deteriorar, los alimentos que se consumieron muchas veces eran enlatados, conservados, poca fruta, poca verdura y con todo esto la gente empezó a subir de peso", detalló.

Como una bola de nieve, las noticias negativas, aunadas al aislamiento social, elevaron la ingesta de alcohol y tabaco, lo que generó otras consecuencias, como depresión o ansiedad.

"La combinación de todo esto empeoró factores de riesgo ya presentes, como hipertensión, diabetes y dislipidemias y muchas personas que no las tenían las desarrollaron durante esos dos años", mencionó el Dr. López-Jiménez.

El investigador refirió que en el periodo de confinamiento, en Estados Unidos cerca de 20% de las personas con obesidad o con sobrepeso aumentaron por lo menos 2 kg de peso solamente en un mes y que esa tendencia continuó al menos por un año y la población estadounidense subió de peso aproximadamente 5 kg en promedio.

"La relación entre factores de riesgo cardiovascular y COVID-19 no solamente se limitan a esa bidireccionalidad, sino que parece ser que haber tenido COVID-19 es un factor de riesgo independiente para tener eventos cardiovasculares a futuro", comentó el especialista, citando el estudio Long-term cardiovascular outcomes of COVID-19.[2]

"Se demostró que los pacientes que tuvieron COVID-19 tienen un riesgo elevado o mayor que los controles de desarrollar enfermedad cerebrovascular, arritmias, enfermedad isquémica coronaria, enfermedad trombótica vascular y la asociación no fue pequeña o modesta, con riesgo relativos de 1,5 hasta arriba de dos", explicó el Dr. López-Jiménez, quien advirtió que los cardiólogos tendrán que lidiar con esta situación en el futuro cercano.

La pandemia de COVID-19 también generó otros problemas colaterales, como el cuidado cardiovascular de los pacientes; "un estudio en Estados Unidos demostró que al inicio de la pandemia, durante el periodo de confinamiento, las hospitalizaciones cardiovasculares se redujeron al mínimo, ya que todo estaba enfocado en la admisión de pacientes con COVID-19 complicada", citó el Dr. López-Jiménez.[3]

El experto resaltó que los efectos de la pandemia en el cuidado cardiovascular se expandieron más allá del cuidado agudo, es decir, aún el paciente de cuidado crónico cardiovascular se vio afectado; "a los pacientes con hipertensión, diabetes o enfermedad coronaria les daba miedo ir a consulta y eso continuó por meses, ya fuera por eso o porque el acceso a la consulta externa se limitó bastante".

"Los cardiólogos tuvimos que aprender a diferenciar entre un infarto con elevación del segmento ST y de la miocarditis aguda porque nos dimos cuenta en etapas tempranas que en personas con COVID-19 no se descartaba un infarto agudo con elevación del segmento ST con un coágulo", reconoció el Dr. López-Jiménez.

Sin embargo, pese a todo lo anterior, desde el punto de vista de este especialista, la pandemia también trajo aspectos positivos, como la rapidez en el proceso de financiamiento para la investigación científica que antes tomaba de uno a tres años y se redujo a pocos meses.

"Los descubrimientos científicos fueron impresionantes: en solo un mes ya teníamos pruebas diagnósticas para demostrar la presencia de COVID-19, a los dos meses esas pruebas estaban disponibles en todo el mundo y para mayo ya teníamos prototipos de vacunas para un virus que se había secuenciado apenas en enero y para el verano contábamos con el inicio de ensayos clínicos controlados y antes del año de la pandemia ya estaba disponible de manera comercial la primera vacuna en varias partes del mundo, algo que no habíamos visto jamás", expuso el Dr. López-Jiménez.

El cardiólogo consideró que se aceleró como nunca antes el avance de las tecnologías digitales para el cuidado de la salud. "Muchísimas cosas se desarrollaron a una velocidad impresionante, herramientas para dar rehabilitación cardiaca de manera remota se aceleraron y ahora tenemos muchos programas para ello; por ejemplo, en la Mayo Clinic desarrollamos un algoritmo para que midiera el intervalo QT utilizando un dispositivo móvil y la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos lo aprobó para que se utilizara en pacientes con COVID-19 que estaban utilizando fármacos que les prolongaban el intervalo QT".[4]

El cardiólogo concluyó su presentación arengando a apreciar las lecciones que la pandemia de COVID-19 ha dejado no solo a los cardiólogos, sino a toda la humanidad.

El Dr. Francisco López-Jiménez ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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