El riesgo de ictus es más alto inmediatamente después de la infección por el SARS-CoV-2

Pauline Anderson

Conflictos de interés

22 de febrero de 2022

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El riesgo de ictus isquémico agudo en pacientes con COVID-19 parece ser significativamente elevado en los tres primeros días después de la infección, según muestra una nueva investigación.[1]

El estudio, realizado en beneficiarios de Medicare con COVID-19, también demostró que el riesgo de ictus es más elevado para los adultos mayores relativamente jóvenes, los que tienen entre 65 y 74 años, y los que no tienen antecedentes de ictus.

Quanhe Yang, Ph. D.

El autor del estudio, Quanhe Yang, Ph. D., científico sénior de la División de Prevención de Enfermedades Cardiacas e Ictus de Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, en Atlanta, Georgia, declaró a Medscape Noticias Médicas que el estudio pone de manifiesto el impacto de la COVID-19 en el sistema cardiovascular.

"Los profesionales clínicos y los pacientes deben entender que el ictus podría ser una de las consecuencias clínicas más importantes de la COVID-19".

El estudio se presentó durante la International Stroke Conference (ISC) de 2022, que tuvo lugar en Nueva Orleans, Estados Unidos, y en línea del 9 al 11 de febrero.

El ictus es la quinta causa de muerte en Estados Unidos. A medida que aumenta el número de personas que se infectan con el SARS-CoV-2, "es importante determinar si existe una relación entre la COVID-19 y el riesgo de ictus", agregó Yang.

Los hallazgos de investigaciones anteriores en que se ha examinado la relación entre ictus y COVID-19 han sido incoherentes, señaló. En algunos estudios se ha encontrado una asociación mientras que en otros no, y en otros la asociación no fue tan contundente como se esperaba.

Yang dijo hay muchos factores que pueden contribuir a estos resultados incoherentes, como las diferencias en el diseño de los estudios, los criterios de inclusión, los grupos de comparación, el tamaño de las muestras y los países en los que se llevaron a cabo las investigaciones.

Señaló que muchos de estos estudios se realizaron en las primeras fases de la pandemia o no incluyeron a adultos mayores, la población con más riesgo de sufrir un ictus.

El presente estudio incluyó a 19.553 beneficiarios de Medicare de 65 años o más a los que se les diagnosticó COVID-19 y que fueron hospitalizados con ictus isquémico agudo. La mediana de edad en el momento del diagnóstico de COVID-19 era de 80,5 años; 57,5% eran mujeres y más de 75% eran blancos no hispanoamericanos.

Para confirmar que el ictus se produjo después de contraer COVID-19, los investigadores utilizaron un diseño de estudio de serie de casos autocontrolados, una comparación "en la misma persona" entre el periodo de riesgo y el periodo de control.

Dividieron el periodo de estudio (del 1 de enero de 2019 al 28 de febrero de 2021) en los periodos de exposición o riesgo de ictus tras el diagnóstico de COVID-19 (de 0 a 3 días; 4 a 7 días; 8 a 15 días; y 15 a 28 días) y los periodos de control.

Los ictus que se produjeron 7 días antes o 28 días después del diagnóstico de COVID-19 funcionaron como periodo de control. "Cualquier ictus ocurrido fuera del intervalo de riesgo se encuentra en el periodo de control", explicó Yang.

Añadió que el periodo de control proporciona un punto de referencia: "Sin COVID-19, esto es lo que esperaría", en cuanto al número de ictus.

Para estimar el incidence rate ratio (IRR), los investigadores compararon la incidencia de ictus isquémico agudo en los distintos periodos de riesgo con los periodos de control.

El incidence rate ratio fue 10,97 (intervalo de confianza de 95% [IC 95%]: 10,30 a 11,68) de los 0 a los 3 días. A continuación, el riesgo disminuyó rápidamente, pero se mantuvo más alto que en el periodo de control. Los incidence rate ratios fueron 1,59 (IC 95%: 1,35 a 1,87) de los 4 a los 7 días; 1,23 (IC 95%: 1,07 a 1,41) de los 8 a los 14 días, y 1,06 (IC 95%: 0,95 a 1,18) de los 15 a los 28 días.

El aumento temporal del riesgo de ictus poco después de una infección no es algo nuevo; el patrón se ha observado en casos de influenzainfecciones respiratoriasherpes zóster, señaló Yang. "Pero la COVID-19 parece ser especialmente riesgosa".

Aunque no se ha dilucidado del todo el mecanismo que impulsa el aumento temprano del riesgo de ictus, es probable que esté relacionado con una "respuesta inflamatoria excesiva", mencionó Yang.

Esto puede desencadenar la cascada de fenómenos que preparan el terreno para un ictus: un estado de hipercoagulación que lleva a la formación de coágulos sanguíneos que luego obstruyen las arterias del cerebro, dijo.

También es posible que la infección afecte directamente a las células endoteliales, lo que provocaría la rotura de la placa y con ello, de nuevo la obstrucción de las arterias, lo que aumenta el riesgo de ictus, añadió Yang.

La asociación fue más contundente en beneficiarios más jóvenes, de 65 a 74 años, en comparación con los de 85 años o más, un hallazgo que, según Yang, fue algo sorprendente.

Sin embargo, señaló que otros estudios han corroborado que los pacientes con derrame cerebral que padecen COVID-19 son más jóvenes por 5 o 6 años que los que no la padecen.

"Si la COVID-19 afecta de forma desproporcionada a los pacientes más jóvenes, eso podría explicar la mayor asociación", dijo Yang. "El riesgo de ictus aumenta enormemente con la edad, por lo que una persona de edad más joven tiene, en principio, menos riesgo de ictus".

La asociación también fue mayor en beneficiarios sin antecedentes de ictus. Una vez más, esto podría estar relacionado con la mayor asociación en los pacientes más jóvenes, que tienen menos probabilidades de haber sufrido un ictus.

La asociación fue en gran medida uniforme en todos los sexos y razas/grupos étnicos.

Yang subrayó que los resultados deben confirmarse con más estudios.

El estudio se llevó a cabo antes de que se generalizara el uso de las vacunas en Estados Unidos. Una vez que esos datos estén disponibles, Yang y sus colegas tienen planeado determinar si las vacunas modifican la asociación entre la COVID-19 y el riesgo de ictus.

Los nuevos resultados contribuyen a la creciente evidencia de que la COVID-19 "puede afectar realmente la estructura y la función de múltiples órganos humanos, además del efecto sobre el sistema respiratorio", señaló Yang.

Algunas fechas de los diagnósticos de COVID-19 pueden ser incorrectas debido a la limitada disponibilidad de las pruebas, especialmente al principio de la pandemia. Otra limitación del estudio fue la posible clasificación incorrecta por el uso de las reclamaciones preliminares en tiempo real de Medicare.

En una declaración, la Dra. Louise D. McCullough, Ph. D., presidenta de la International Stroke Conference (ISC) de 2022 y profesora y jefa de neurología de la McGovern Medical School, en la University of Texas Health Science Center, en Houston, Estados Unidos, comentó que el estudio se centró en los adultos mayores porque en él se examinó a los beneficiarios de Medicare.

"Pero es probable que todo el mundo corra el riesgo de sufrir un ictus después de la COVID-19. Cualquier infección está relacionada con el riesgo de ictus, probablemente porque cualquier infección ocasionará inflamación, y esta puede causar coágulos o trombos, que son la causa del ictus", concluyó la Dra. McCullough.

El estudio no tuvo financiación externa. No se declararon conflictos de intereses pertinentes.

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