¿Fomenta la ganadería intensiva un sistema de alimentación perjudicial para la salud humana?

Andrea Jiménez

Conflictos de interés

3 de febrero de 2022

Tras unas polémicas declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, el debate de las macrogranjas y la necesidad de disminuir el consumo de carne ha acaparado los medios de comunicación en las últimas semanas. ¿Fomenta la ganadería intensiva un sistema de alimentación perjudicial para la salud humana?

Una de las primeras organizaciones en pronunciarse ha sido la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) que señalaba a este sistema en un comunicado como "responsable de producir muchos daños a la salud y al medio ambiente".[1]

"Los principales problemas que generan las macrogranjas tienen que ver con la contaminación de suelos y aguas, que se favorezca la situación de agricultura de consumo humano por consumo de piensos, y el consumo a distancia con una gran huella de carbono”, señaló el portavoz de la organización, Dr. Marciano Sánchez Bayle.

Según el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes, en España, solo la ganadería industrial de porcino es la responsable del 34% de las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono (CO2). Por otro lado, en nuestro país, la ganadería industrial es la principal y casi única emisora de amoniaco, llegando al 94 % de las totales.

"La ganadería intensiva, además del daño al medio ambiente, favorece un mayor consumo de carne que no es necesaria para una alimentación equilibrada y saludable", declaró el Dr. Sánchez.

"La carne en los últimos años ha pasado a ser un producto de consumo masivo. Al elaborarse de forma industrial genera una oferta enorme de carne a precio bajo", explicó el Dr. Carlos A. González Svatetz, epidemiólogo e investigador emérito de la Unidad de Nutrición y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología, en Barcelona, España.

"Se estima que en España se consume de 2 a 3 veces más de lo que está recomendado por organismos internacionales, no más de 70 g al día por persona", añadió el experto, coordinador en España del estudioEuropean Prospective Investigation into Cancer and Nutrition.[2]

"En el 2015 la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió de la relación entre el consumo de carne y cáncer. Y un estudio en The Lancet señala que un elevado consumo de carne produce serios riesgos para la salud de la población, desde enfermedades cardiovasculares, renales hasta diabetes tipo 2.[3] El consumo excesivo actual no beneficia en nada a las personas", explicó el Dr. Sánchez.

"La gente tiene que empezar a entender que la carne es uno de los alimentos de más riesgo para su salud. Aumenta el riesgo de infarto de miocardio, de hipertensión, de obesidad, las enfermedades crónicas", puntualizó el experto en cáncer y nutrición.

Consumo de carne roja procesada y sin procesar

Motivados por la controversia surgida en torno al consumo de carne, los expertos insisten en diferenciar entre la carne ultraprocesada, como los embutidos, y la que se consume sin ninguna manipulación industrial.

Según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), la carne roja ha sido clasificada como Grupo 2A (con evidencia limitada), es decir probablemente cancerígena para los seres humanos desde en 2018. Aunque la clasificación de los organismos internacionales no incluya a la carne sin procesar como tal, ya hay evidencia suficiente generada por estudios epidemiológicos que incluso este tipo de carne roja en exceso es mala para la salud, aumentando el riesgo de cáncer colorrectal en un 18 % por cada 50 o 60 gramos de consumo diario", argumentó el Dr. González, autor de diversos libros sobre nutrición y cáncer.

"Las carnes rojas aumentan significativamente el riesgo de cáncer de colon y recto (en la misma medida e intensidad que las preservadas) y probablemente de cáncer de mama, estómago y pulmón. Y en el último suplemento de The Lancet 2021, que contabiliza anualmente los daños sobre la salud del cambio climático, se reconoce que en el mundo en el año 2020 se contabilizaron 900.000 muertes asociadas al exceso de consumo de carnes", explicó el epidemiólogo.[3]

El uso masivo de antibióticos que está generando resistencia bacteriana

Otro de los efectos nocivos de las macrogranjas es el uso de antibióticos, "que en España es excesivo, haciendo que se consuman innecesariamente y generando resistencias", señaló el Dr. González.

El uso masivo de antibióticos en la ganadería industrial contribuye significativamente a la pérdida de eficiencia de estos medicamentos. "Se conoce bien que el elevado consumo de antibióticos favorece la aparición de bacterias multirresistentes, que acaban infectando a los humanos y que son muy difíciles de combatir", coincidió el portavoz de la FADSP.

De acuerdo con la OMS, la resistencia a antibióticos es una de las mayores amenazas para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo, y podría provocar más muertes que el cáncer en 2050.

Además de los efectos anteriores, el Dr. Jesús Martínez-Moratalla, neumólogo, lleva años señalando los perjuicios de la ganadería intensiva derivados de los purines, los excrementos y orina de los cerdos mezclados con restos de pienso, y residuos orgánicos de los animales que son arrastrados por el agua. "Cuando la materia orgánica se descompone y se fracciona, se convierte en pequeñas partículas cuyo diámetro es inferior a 2,5 micras que al fermentar se mezcla con líquidos y gases convirtiéndose todo en un auténtico aerosol respirable".

De acuerdo con el Dr. Martínez-Moratalla, "respirar de forma continua el aire en torno a las granjas puede producir inflamación de la vía aérea y causar distintas enfermedades respiratorias, como deterioro de la función pulmonar, alveolitis, fibrosis pulmonar, hasta cáncer".

Un problema de salud pública

Según el experto del Instituto Catalán de Oncología, "cuando hablamos de macrogranjas, estamos señalando claramente un problema de salud pública que no se atiende como tal".

Para el Dr. Sánchez, "aparte de realizar campañas en los medios de concienciación señalando los problemas de un excesivo consumo de carne, sería necesario realizar programas primero de paralización de la puesta en marcha de nuevas macrogranjas y luego propiciar el cierre de las ya abiertas mediante políticas de impuestos y mayor control sobre la utilización de los desechos como los purines, por ejemplo, favoreciendo la ganadería extensiva mediante subvenciones apropiadas".

"Con este tema está pasando igual que con la industria del tabaco, los políticos tomarán medidas cuando la sociedad reaccione", concluyó el epidemiólogo.

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

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