Prácticas alternativas de parto asociadas al riesgo de infección neonatal

Dra. Kristina A. Bryant

Conflictos de interés

31 de enero de 2022

Las prácticas alternativas de parto, como los partos en el agua, la placentofagia y los partos loto, son noticia y están ganando popularidad. Los tres se han asociado con infecciones neonatales graves y esporádicas.

Actualmente se desconoce la prevalencia de nacimientos en el agua en Estados Unidos, dar a luz a un bebé bajo el agua, pero en Reino Unido la práctica es común. Según una encuesta de maternidad del National Health Service realizada en el 2015, aproximadamente 9% de las mujeres que tuvieron un parto vaginal optó por el parto en el agua.[1] Tanto el Royal College of Obstetricians and Gynecologists como el Royal College of Midwives, de Reino Unido, respaldan esta práctica para mujeres sanas con embarazos a término sin complicaciones. Según una revisión Cochrane de 2009, la inmersión durante la primera fase del trabajo de parto reduce el uso de analgesia epidural/espinal.[2] Sin embargo, los beneficios maternos del parto bajo el agua no se han definido claramente.

Otra revisión sistemática y metanálisis recientes que incluyeron 29 estudios de parto en el agua no identificaron evidencia definitiva de daño neonatal, pero los beneficios también fueron inciertos.[1] Los investigadores reconocieron que la mayoría de los estudios de desenlaces neonatales eran pequeños, observacionales e incluían solo a madres de bajo riesgo. Los informes de casos documentan complicaciones poco frecuentes, pero potencialmente fatales en los bebés, que incluyen ahogamiento, compromiso respiratorio por aspiración, rotura del cordón umbilical e infección. Un estudio mostró mayores tasas de ingreso a una unidad neonatal sin diferencias en las puntuaciones de Apgar o las tasas de infección.[3]

Legionella pneumophila es un patógeno poco común en los niños, pero se han informado casos de enfermedad del legionario neonatal después del parto en el agua. Dos bebés afectados nacidos en Arizona, Estados Unidos, en 2016 fueron tratados con éxito y sobrevivieron.[4] Un bebé nacido en Texas en 2014 falleció de sepsis e insuficiencia respiratoria.[5] Investigadores canadienses informaron una infección mortal diseminada por el virus del herpes simple en un bebé después de un parto en el agua; la madre tenía panadizo herpético y una ampolla reciente relacionada con el virus del herpes simple en el muslo.[6]

Es cierto que cada uno de estos casos podría haberse evitado mediante el cumplimiento de las prácticas de control de infecciones recomendadas y se desconoce el riesgo absoluto de infección después del parto en el agua y es probable que sea pequeño. Aún así, ni la American Academy of Pediatrics (AAP) ni el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) recomiendan actualmente la práctica. El American College of Obstetricians and Gynecologists sugiere que "los nacimientos ocurran en la superficie, no en el agua" y ha solicitado estudios prospectivos bien diseñados de los beneficios y riesgos maternos y perinatales asociados con la inmersión durante el trabajo de parto y el parto.[7]

La placentofagia, consumir la placenta después del nacimiento, ha sido promovida por madres famosas, incluidas Katherine Heigl y Kourtney Kardashian. La placenta se puede cocinar, mezclar cruda en un batido o deshidratar y encapsular.

Los defensores de la placentofagia aclaman beneficios para la salud de esta práctica, que incluyen un mejor estado de ánimo y energía y una mayor producción de leche materna. Hay pocos datos publicados que respalden estas afirmaciones. Un informe de caso reciente sugiere que la práctica tiene el potencial de dañar al bebé. En junio de 2017 las autoridades de salud pública de Oregón, Estados Unidos, describieron un recién nacido con episodios recurrentes de bacteriemia por estreptococos del grupo B. Se cultivó una cepa idéntica de estreptococos del grupo B a partir de cápsulas que contenían la placenta deshidratada de la madre: ella había consumido seis cápsulas diariamente desde unos días después del nacimiento del bebé. Según la comunicación del Morbidity and Mortality Weekly Report, "no existen estándares para el procesamiento de la placenta para el consumo y el proceso de encapsulación de la placenta no erradica los patógenos infecciosos per se. Se debe evitar la ingestión de cápsulas de placenta".[8]

Finalmente, la práctica ritual de no cortar el cordón umbilical o parto loto merece una mención. En un parto loto, el cordón umbilical no se corta, lo que permite que la placenta permanezca adherida al bebé hasta que el cordón se seque y se separe naturalmente, generalmente de 3 a 10 días después del parto. Al describir una conexión espiritual entre el bebé y la placenta, los defensores afirman que el parto loto promueve la unión y permite una transición más suave entre la vida intrauterina y extrauterina.

Una revisión de PubMed no encontró estudios formales de esta práctica, pero los reportes de casos describen complicaciones como hepatitis idiopática neonatal y sepsis neonatal. El Royal College of Obstetricians and Gynecologists (RCOG) ha emitido una advertencia sobre los partos loto y recomienda que los bebés sean monitoreados de cerca para detectar infecciones. El vocero de Royal College of Obstetricians and Gynecologists, Patrick O'Brien, en una declaración de 2008 manifestó: "Si se deja por un período de tiempo después del nacimiento, existe el riesgo de infección en la placenta que en consecuencia, puede propagarse al bebé. La placenta es particularmente propensa a la infección, ya que contiene sangre. Poco tiempo después del nacimiento, una vez que el cordón umbilical ha dejado de latir, la placenta no tiene circulación y es esencialmente tejido muerto".

Curiosamente, una búsqueda rápida en Etsy, el popular sitio web de comercio electrónico, arrojó una serie de equipos de parto loto a la venta. Por lo general contienen una bolsa de tela decorativa, así como una mezcla de hierbas que contiene lavanda y eucalipto para promover el secado y enmascarar el olor de la placenta en descomposición.

Una amiga mía que recientemente dio a luz no eligió ninguna de estas prácticas alternativas de parto, pero me dijo que entendía por qué algunas mujeres podrían hacerlo. "La presión de los compañeros. Hay tanta información en las redes sociales y en los 'blogs de mamás'. Algunas de las mujeres que publican tienen opiniones muy fuertes. Pueden hacerte sentir como una mala madre por no elegir lo que llaman la opción más 'natural'", destacó.

En contraste, muchos pediatras (incluida yo) no están bien informados sobre estas prácticas y no preguntan rutinariamente a las futuras mamás sobre sus planes. Propongo que podamos defender a nuestros futuros pacientes aprendiendo sobre estas prácticas para que podamos participar en una discusión honesta y respetuosa sobre los posibles riesgos y beneficios. Para mí, por ahora, los riesgos superan los beneficios.

La Dra. Bryant es pediatra especializada en enfermedades infecciosas en University of Louisville y en Norton Children's Hospital, en Louisville, Kentucky, Estados Unidos. Ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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