CASO CLÍNICO

Urgencias en pediatría: Mordedura de perro en cara

Dr. Jesús Hernández Tiscareño

Conflictos de interés

31 de enero de 2022

Comentario

Las mordeduras por animales en niños son una causa frecuente de visitas a los servicios de atención primaria y urgencias. En México existe una alta incidencia de mordeduras de perro, estimada en aproximadamente 110.44 por cada 100.000 habitantes. En 2019 la Dirección General de Epidemiología registró 17.172 en el estado de México y 14.441 casos en la Ciudad de México, siendo los lugares con más casos por mordeduras de perro en el país.[1]

La mayoría de las mordeduras de perros ocurre en niños entre 5 y 9 años de edad y es más frecuente en el sexo masculino. Los sitios de más comúnmente afectados por la mordedura de perro en niños menores de 9 años de edad son la cabeza y el cuello, debido a que las cabezas son proporcionalmente más grandes y su estatura más baja, en niños mayores de 10 años, así como en adultos, los brazos y las piernas son los sitios más frecuentes de mordeduras, particularmente la mano derecha. [2]

El interrogatorio y la exploración física deben estar enfocados en determinar las circunstancias que rodean la mordedura, su ubicación, el tipo de animal, el momento de la ocurrencia, si el paciente ha tenido fiebre, eritema o inflamación local, calor o drenaje purulento. Si el paciente está estable la herida debe explorarse a fondo después de la anestesia local o regional para determinar el potencial de daño a las estructuras subyacentes y la inoculación de cuerpos extraños. 

Los estados neurovascular local y distal deben evaluarse después de la anestesia.[3] Al igual que con todos los traumatismos, la evaluación inicial es para garantizar que las vías respiratorias, la respiración y la circulación, estén intactas. Todas las heridas requieren una irrigación extensa y si es necesario se debe actualizar el estado de vacunación del tétanos del paciente. 

Asimismo, se debe proporcionar un tratamiento adecuado del dolor antes de la exploración, irrigación o desbridamiento de las heridas.[3] Las mordeduras de perro complicadas deben estabilizarse y derivarse al servicio de consulta adecuado.

La profilaxis y la antibioticoterapia son controversiales, sin embargo, se indican en heridas profundas, lesiones en las que se haya realizado cierre primario, mordeduras en cara, manos y área genital, lesiones próximas a articulaciones, en aquellas con manejo tardío (12 a 24 horas en cara y 6 a 12 horas en brazos o piernas) y en pacientes inmunocomprometidos.[4]

Las infecciones resultantes de mordeduras de todas las especies animales son polimicrobianas, con bacterias aerobias y anaerobias. Comúnmente los perros y los gatos tienen una flora oral de PasteurellaStaphylococcus y Streptococcus. Las mordeduras de perro en individuos inmunocomprometidos, especialmente en pacientes asplénicos, generan preocupación por una sepsis por Capnocytophaga.[3]Amoxicilina-clavulanato es el antibiótico de elección para la profilaxis y el tratamiento empírico de los niños que no son alérgicos a la penicilina.[4] Para pacientes con alergias a la penicilina la terapia de segunda línea es doxiciclina o trimetoprima-sulfametoxazol más metronidazol o clindamicina.[3]

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