Un índice de masa corporal bajo y la pérdida de peso aumentan el riesgo de mortalidad en enfermedad pulmonar intersticial

Pam Harrison

Conflictos de interés

11 de enero de 2022

Un índice de masa corporal (IMC) bajo, indicativo de peso subnormal y una pérdida de peso de 2 kg o más en el transcurso de un año se asociaron de forma independiente con un mayor riesgo de mortalidad al año siguiente en pacientes con enfermedad pulmonar intersticial fibrótica.[1] Por el contrario, al parecer tanto el sobrepeso como la obesidad protegían contra la mortalidad en el mismo lapso de un año, según los resultados de un estudio observacional y retrospectivo de cohortes.

En comparación con los pacientes con un índice de masa corporal normal, aquellos con un peso inferior al normal (IMC < 18,5 kg/m2), tenían tres veces más probabilidades de fallecer al cabo de un año, con un hazard ratio (HR) de 3,19 (p < 0,001), informaron en Chest el autor principal, Dr. Christopher Ryerson, de la University of British Columbia, en Vancouver, Canadá, y sus colaboradores.

En cambio, los pacientes con sobrepeso (IMC: 25 a 29 kg/m2) tenían aproximadamente la mitad del riesgo de mortalidad que aquellos con un peso inferior al normal, con un hazard ratio de 0,52 (p < 0,001). Los resultados fueron más o menos similares en los pacientes con obesidad y un índice de masa corporal superior a 30 kg/m2, en los que el hazard ratio de mortalidad a 1 año fue de 0,55 (p < 0,001), en comparación con quienes tenían un peso inferior al normal.

"Todos los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial fibrótica deben continuar haciendo ejercicio y seguir una dieta adecuada y estaría bien si tenían obesidad y bajaban de peso como consecuencia de estas elecciones de estilo de vida", comentó el Dr. Ryerson a Medscape Noticias Médicas.

"Pero los médicos deben preocuparse por los pacientes que tienen una enfermedad pulmonar intersticial grave y que empiezan a perder peso de forma involuntaria, ya que esto suele representar una fibrosis en fase terminal o alguna otra comorbilidad importante, como el cáncer", subrayó.

Dos grandes cohortes

En el estudio se incluyeron pacientes de dos grandes cohortes: el Canadian Registry for Pulmonary Fibrosis (CARE-PF), de seis centros y el registro de pacientes con enfermedad pulmonar intersticial de la University of California, en San Francisco (UCSF), Estados Unidos. Se incluyó un total de 1.786 pacientes del registro CARE-PF, que funcionó como cohorte de derivación, mientras que otros 1.779 pacientes del registro de la UCSF hicieron las veces de cohorte de validación. En la cohorte de CARE-PF 21% de todos los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial experimentó una pérdida de peso de al menos 1 kg en el primer año de seguimiento, incluidos 31% de los pacientes con fibrosis pulmonar idiopática.

"En la cohorte de la UCSF fueron menos los pacientes que tuvieron una pérdida de peso de al menos 1 kg durante el primer año del periodo de estudio", señalaron los autores, ya que solo 12% de todos los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial y 14% de los que padecían fibrosis pulmonar idiopática perdieron al menos 1 kg de peso en el transcurso del año. A los dos años de seguimiento, 35% de todos los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial había perdido al menos 1 kg, al igual que 46% de todos los pacientes con fibrosis pulmonar idiopática. Si se tiene en cuenta el índice de masa corporal, "un valor más alto se asoció a una menor mortalidad a un año en ambas cohortes en un análisis sin ajuste", observaron los investigadores.

En la cohorte de CARE-PF, el hazard ratio para la mortalidad a un año fue de 0,96 por unidad de diferencia en el índice de masa corporal (p < 0,001), mientras que en la cohorte de la UCSF, el hazard ratio para la mortalidad a un año fue exactamente el mismo, de 0,96 por unidad de diferencia en el índice de masa corporal (p < 0,001). Enseguida los autores ajustaron los resultados por el índice ILD-GAP, que incluía sexo, edad e índice fisiológico. Tras el ajuste por este índice, el hazard ratio para la mortalidad a un año en la cohorte de CARE-PF fue de 0,93 por unidad de cambio en el índice de masa corporal (intervalo de confianza de 95% [IC 95%]: 0,90 a 0,967; p < 0,001), mientras que en la cohorte de la UCSF el hazard ratio fue de 0,96 por unidad de cambio en el índice de masa corporal (IC 95%: 0,94 a 0,98; p = 0,001).

De hecho, cada cambio de 1 kg por encima de un índice de masa corporal de 30 kg/m2, ajustado por el índice ILD-GAP, se asoció con una reducción del riesgo de mortalidad a 1 año en ambas cohortes, con un hazard ratio de 0,98 (p = 0,001) en la cohorte de CARE-PF y un hazard ratio de 0,98 (p < 0,001) en la cohorte de la UCSF. Por el contrario, los pacientes que tuvieron una pérdida de peso de 2 kg o más en el lapso de un año mostraron un riesgo de fallecimiento 41% mayor en el año siguiente tras ajustar por el índice ILD-GAP y la categoría de índice de masa corporal inicial, con un hazard ratio de 1,41 (p = 0,04). "El cambio absoluto en la mortalidad es mucho menor que esto", reconoció el Dr. Ryerson.

"Sin embargo, la magnitud del riesgo de mortalidad nos impresionó y esto ilustra cómo la pérdida de peso es una consecuencia frecuente de la enfermedad en fase terminal, algo que todos hemos observado también en el ámbito clínico", añadió. El riesgo de mortalidad se estabilizó en los pacientes con una mayor pérdida de peso, observaron los investigadores y no hubo asociación entre el peso y la posterior mortalidad a un año en ninguna de las cohortes en el análisis sin ajuste.

Por otro lado, el bajo peso se asoció con un riesgo de mortalidad entre 13% y 16% mayor a un año después del ajuste por el ILD-GAP, con un hazard ratio de 0,84 por 10 kg (p = 0,001) en la cohorte de CARE-PF y un hazard ratio de 0,87 por 10 kg (p < 0,001) en la cohorte de la UCSF. "Los resultados fueron similares en las dos cohortes estudiadas, lo que indica una asociación sólida y generalizable del bajo índice de masa corporal y la pérdida de peso con la mortalidad", subrayaron los autores.

"En conjunto, estos estudios ponen de relieve la posible relación entre la obesidad y la patogenia de la enfermedad pulmonar intersticial y parecen indicar además la posibilidad de que el apoyo nutricional tenga un papel más específico e importante en el tratamiento de la enfermedad pulmonar intersticial fibrótica", destacaron los autores. El Dr. Ryerson señaló que poder determinar el riesgo de mortalidad con mayor precisión que la que ofrecen los modelos actuales de predicción del riesgo de mortalidad es muy útil cuando se trata de decisiones que a veces son de vida o muerte.

También señaló que tener más información sobre el pronóstico de un paciente puede cambiar las recomendaciones que los médicos hagan a los pacientes con respecto al trasplante o a la paliación y potencialmente, la necesidad de ser más agresivos con la farmacoterapia también.

Abordaje de la pérdida de peso

Cuando se le pidió que comentara los resultados, la Dra. Elizabeth Volkmann, profesora asociada de medicina de la University of California, en Los Ángeles, Estados Unidos, dijo que se trataba de un estudio muy importante y de algo que, en su opinión, no recibe la atención adecuada en la práctica clínica.

"La pérdida de peso y la desnutrición se presentan en muchos pacientes con enfermedad pulmonar intersticial debido a varios factores, como los efectos secundarios gastrointestinales del tratamiento con antifibróticos, la disminución de la ingesta oral a causa de problemas psicosociales, incluidas la depresión y el aumento de las necesidades calóricas por el aumento del trabajo respiratorio", comentó a Medscape Noticias Médicas. Dicho esto, la pérdida de peso y la desnutrición no suelen abordarse durante las evaluaciones clínicas de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial, en los que la atención se centra en la salud pulmonar.

"Este estudio esclarece la importancia de abordar la pérdida de peso en todos los pacientes con enfermedades pulmonares intersticiales, ya que puede contribuir a aumentar el riesgo de mortalidad", recalcó la Dra. Volkmann, quien junto a sus colaboradores informó que la progresión radiográfica de la enfermedad pulmonar por esclerodermia en el transcurso de 1 a 2 años se asocia con un mayor riesgo de mortalidad a largo plazo, basándose en dos estudios independientes de esclerosis sistémica-enfermedad pulmonar intersticial con un seguimiento prolongado.[2]

A lo largo de 8 años de seguimiento, los pacientes del Scleroderma Lung Study II (SLS II) que presentaban un aumento de 2% o más en la puntuación en QILD, una puntuación que refleja la suma de todas las puntuaciones clasificadas como anormales, incluidas las de fibrosis, las imágenes de opacidad en vidrio esmerilado y en panal de abejas, para todo el pulmón a los 24 meses tenían un riesgo casi cuatro tantos mayor de mortalidad, lo cual era significativo (p = 0,014).

La asociación de un aumento de la puntuación en QILD ≥ 2% a los 12 meses fue sugestiva de una relación con la mortalidad en la cohorte del SLS I a los 12 años de seguimiento, un hallazgo que sugiere que la progresión radiográfica medida a los 2 años es un mejor predictor de la mortalidad a largo plazo que a 1 año, de acuerdo con la conclusión de los autores.

El CARR-PF fue financiado por Boehringer Ingelheim. El Dr. Ryerson declara haber recibido honorarios personales de Boehringer Ingelheim. La Dra. Volkmann es consultora o ha recibido honorarios como conferenciante de Boehringer Ingelheim y ha recibido subvenciones de Kadmon y Horizon Therapeutics.

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