Dr. Valentin Fuster: "La enfermedad aterosclerótica comienza en la arteria femoral"

Pamella Lima; Teresa Santos; Dra. Ilana Polistchuck

Conflictos de interés

3 de enero de 2022

Los avances en la tecnología y el genoma plantean muchas preguntas, entre ellas: ¿en qué medida la genética y el estilo de vida contribuyen al riesgo de una persona de padecer enfermedad de las arterias coronarias? ¿Hasta qué punto se pueden contener los genes con un estilo de vida saludable?

El Dr. Valentin Fuster, director de Mount Sinai Heart y médico jefe del Mount Sinai Hospital en Nueva York, Estados Unidos, ha estado involucrado en una extensa investigación sobre el tema. En el Congreso del American College of Cardiology (ACC) Latin America 2021, realizado en noviembre, el cardiólogo expuso sus hipótesis y hallazgos sobre la imagenología cardiaca y cerebral en el contexto de la cardiología del siglo XXI.[1]

Habló de su investigación y su programa de desarrollo e innovación en salud cardiovascular, con personas de diferentes grupos de edad, desde niños hasta adultos mayores. Según el médico, el trabajo ha sido un proceso de aprendizaje y descubrimiento: "Estamos empezando a comprender cómo la enfermedad puede desarrollarse antes y cómo podemos prevenir su progresión. Por tanto, no hay nada más beneficioso que empezar a ver cómo se inicia la enfermedad en las arterias utilizando tecnologías de imagen que estarán disponibles en todo el mundo en los próximos dos años. Mediante el uso conjunto de biomarcadores de imagen y genómica estamos comenzando a entender antes si la persona está en riesgo".

El médico afirmó que es necesario hablar más sobre salud y arterias sanas, así como buscar epistemologías más modernas, citando su metodología imagenómica; una combinación de imagen, genómica e inteligencia artificial: "Poder ver quiénes somos realmente es fascinante y todo esto es completamente nuevo".

A la pregunta que hizo en su presentación sobre cómo saber si las personas entre 40 y 60 años están desarrollando una enfermedad o no, el Dr. Fuster respondió: "combinando siete factores de riesgo: obesidad, síndrome metabólico, presión arterial, diabetes, tabaquismo, sedentarismo y nutrición inadecuada". 

Su grupo de investigación analizó cómo se relacionan estos factores en las nuevas pruebas de imagen de alta calidad. Cuatro mil personas sin enfermedad cardiovascular previa se sometieron a tecnología de ultrasonido 3D y fueron examinadas en cinco regiones del cuerpo: las dos carótidas, la aorta y las dos arterias femorales. 

“Lo primero que quería resaltar es que la enfermedad comienza en una región muy inusual y ni siquiera lo sabíamos, solo sabíamos de este desarrollo a través de exámenes de imagen, examen de placas. La enfermedad comienza en la arteria femoral y, de hecho, comienza con un proceso inflamatorio, observado en la autopsia, que puede conducir a tejido fibrótico y, posteriormente, a una edad más avanzada, puede establecerse como una placa vulnerable con material lipídico". explicó.

El Dr. Fuster dijo que su investigación ha mostrado una alta progresión de la enfermedad en grupos de personas a las que se les ha dado seguimiento durante 20 años. Lo más interesante fue ver cómo las lesiones callan y avanzan a lo largo de los años.

"La enfermedad aterosclerótica aparece como un fenómeno silencioso en los primeros años de vida y empeora según la existencia de factores de riesgo que estimulan la progresión", agregó.

El especialista planteó una nueva pregunta: “¿cómo es posible identificar una enfermedad subclínica en personas que tienen pocos o ningún factor de riesgo?”. Su respuesta fue: "lo que llamamos normal en realidad no es normal". 

Según el cardiólogo, para que no exista enfermedad subclínica es necesario un colesterol de lipoproteínas de baja densidad de 70 mg/dl y una hemoglobina glucosilada entre 5 y un 6%.

"El hecho de que hayamos visto que las personas que no parecen tener factores de riesgo desarrollan enfermedad aterosclerótica se debe a que lo que consideramos normal en realidad no lo es", agregó. Para el médico, es necesario tener en cuenta lo ocurrido en los primeros 40 años de vida de estas personas. 

El Dr. Fuster y su equipo también investigaron a personas de entre 60 y 100 años. En este análisis, seis mil personas fueron sometidas a la misma tecnología y seguidas durante 12 años. Los datos finales son de hace un mes y aún están por publicarse, pero, según el ponente, indican que la enfermedad tiene más que factores de riesgo per se, es decir, la enfermedad arterioesclerótica está relacionada con lo que ocurre en los primeros años de vida. 

Trabajando con más de 55.000 participantes, el Dr. Fuster y sus colegas cuantificaron el riesgo de enfermedad de las arterias coronarias utilizando una puntuación de riesgo poligénico, que se construyó con aproximadamente 50 polimorfismos genéticos previamente relacionados con la enfermedad de las arterias coronarias en estudios anteriores. Con base en esta puntuación, los participantes se subdividieron en riesgo genético bajo, medio y alto. La investigación ha demostrado que los factores genéticos y de estilo de vida se asociaron de forma independiente con la susceptibilidad a la enfermedad de las arterias coronarias. Entre los participantes clasificados como de alto riesgo genético, un estilo de vida favorable se asoció con un riesgo relativo casi 50% menor de enfermedad de las arterias coronarias que un estilo de vida desfavorable.

El médico agregó que los factores de riesgo provocan que se active la médula ósea y cuando esto ocurre se produce un proceso de inflamación en las arterias. Según él, esta activación es un mecanismo de defensa, cuya intención es ayudar a los monocitos a limpiar las arterias. "Cuando estamos ante una enfermedad en las arterias, comienza una inflamación en la médula espinal, donde se deposita el colesterol y hay macrófagos que, de hecho, cometen apoptosis, porque hay demasiado que limpiar y no pueden con ello. La apoptosis liberara sustancias que dañarán las arterias", resumió.

En la vejez, de acuerdo con el Dr. Fuster, los factores de riesgo afectan tanto a los vasos grandes como a las arterias microvasculares del cerebro.

"El problema es que antes no había tecnología para hacer esta observación y esto es algo crítico en la demencia", agregó. Sin embargo, señala que aunque los factores de riesgo están aumentando, no significan que alguien vaya a desarrollar la enfermedad, pero las posibilidades pueden ser altas.

Educación

El Dr. Fuster afirmó que el juego lúdico tiene un gran impacto en la niñez. Con esto en mente, inició un programa educativo para niños de tres a seis años, 60 horas en seis meses. El enfoque incluyó contenido sobre los hábitos alimenticios y cómo funciona el cuerpo humano. "Los niños recogen todo lo que les decimos, pero también lo pierden todo a los 10 años", agregó. Por ello inició una reintervención con los mismos niños y constató que los beneficios eran mayores que los obtenidos en la primera intervención.

"Nuestra hipótesis es que, independientemente de la edad, cualquier programa que tenga que ver con la prevención debe repetirse. La repetición traerá más beneficios cada 'x' años, eso es lo que estamos aprendiendo", agregó el experto.

Según él, el proyecto también es aleatorio, con grupos de control e intervención con 55.000 niños.

"Aprendimos que estos niños van a casa y les dicen a sus padres qué hacer. Tienen más impacto en la salud que sus padres. Por lo tanto, debemos crear una cultura de uso de la repetición para la prevención a una edad temprana y recordar que cuanto más tarde comencemos este trabajo, menor será el impacto. Cuanto antes, mayor es el beneficio y menor el costo", concluyó.

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