COMENTARIO

Un largo camino por recorrer en contra de la violencia en las residencias médicas: caso del hospital de Tlalnepantla

Dr. Mauricio Sarmiento

Conflictos de interés

24 de noviembre de 2021

El 28 de octubre de 2021, en la primera plana del periódico Reforma se publicó una noticia sobre violencia en las residencias médicas con el titular: Dan novatada con golpes y asfixias.[1] La noticia se refería a las "novatadas" que sufrían los médicos residentes de traumatología y ortopedia en el hospital del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM) de Tlalnepantla. Se incluyeron varias imágenes, en una de las cuales se observa a una residente amarrada a una silla, con los ojos vendados, mientras otra persona tiene las manos sobre su cuello, ahorcándola, mientras otros ríen y festejan. Una imagen asombrosa y cruel. Muchos nos preguntamos, ¿por qué existe esta violencia en nuestro sistema de residencias médicas?

La nota se complementó con un video en el que se muestran las grabaciones hechas por los mismos residentes. En ellas algunos ríen a carcajadas mientras a otros los patean, golpean y humillan de diversas maneras. Después se escuchan los testimonios de algunos médicos, quienes mencionan que estos actos no son voluntarios, sino que son obligados a participar bajo amenaza de hacerles difícil su residencia si se niegan. Al final, en el video se menciona que los médicos residentes ya habían acudido con las autoridades tanto del hospital como de la universidad, pero no se habían aplicado sanciones; incluso, más allá de ayudarlos, las autoridades los amenazaron con el argumento de que si denunciaban tendrían problemas.

La nota y el video se hicieron virales y por fin, ese mismo 28 de octubre de 2021, el ISSEMyM emitió un comunicado en donde menciona que supuestamente existe cero tolerancia a toda forma de violencia dentro de la institución y se dio de baja definitiva a cinco médicos residentes, además de aplicar sanciones a otros 17.

Respuestas del gremio y puntos comunes de alerta
El caso causó muchas reacciones: la mayoría mostró indignación, a otras personas les pareció algo cotidiano, incluso existieron quienes lo negaron, argumentando que era un montaje y otros defendían el hecho. De alguna manera existen personas que siguen pensando que este tipo de actitudes no solo son "divertidas", sino "necesarias" para una adecuada formación médica.
Algunos puntos que me parecen comunes en este tipo de casos son los siguientes:
  1. El abuso se da entre médicos residentes, quienes se encuentran sin supervisión adecuada y en muchos casos parece que adscritos, profesores titulares y directivos no se enteran o ignoran lo sucedido.

  2. Estos actos se dan en medio de un clima de impunidad. Los residentes de menor jerarquía son amenazados con perder su residencia o ser tratados peor por el resto del año si no cooperan en su propia humillación.

  3. Después de un abuso, si los residentes denuncian no encuentran autoridades que quieran investigar o hacer cumplir la ley, más bien les dicen que si se quejan tendrán peores consecuencias y que deben mantenerse en silencio.

  4. La mejor vía para hacer actuar a las autoridades es publicarlo en medios y exponer el hecho ante el "tribunal de las redes sociales". Por desgracia, muchas veces la ley no entra a los hospitales y solo ante el escándalo mediático las autoridades toman cartas en el asunto.

  5. Al final, cuando el caso se hace mediático, las autoridades resuelven despidiendo a algunos residentes y actuando como si no pasara nada. Como si fueran casos únicos o aislados.

¿Por qué tenemos tanta violencia en las residencias médicas?

Esta es una pregunta muy compleja que hasta el día de hoy no tiene una respuesta definitiva.

A nivel mundial se ha reportado que los trabajadores de la salud sufren más violencia que el resto de los trabajadores en general. Según información de la Ocupational Safety and Health Administration (OSHA) de Estados Unidos, el personal de salud es uno de los sectores que tiene mayor número de incidentes de violencia grave en su lugar de trabajo. Dentro de esta violencia tenemos dos tipos: la que viene de fuera del sistema y la que se genera dentro. Cada tipo de violencia tiene un origen y, por tanto, tiene que ser explicada por separado. En otra columna ya hablamos de la violencia en contra del personal de salud y en este caso hablaremos únicamente de la violencia dentro de las residencias médicas.

Mi opinión es que para entender el fenómeno de la violencia dentro de las residencias médicas resulta útil el modelo de las instituciones totales desarrollado por el sociólogo Erving Goffman, Ph. D. 

En su libro Internados, Goffman señala que una institución total es un lugar de residencia y trabajo en donde un gran número de individuos en igual situación, aislado de la sociedad por un periodo, comparte en su encierro una rutina diaria, administrada formalmente. Algunos ejemplos de esto son las prisiones, el ejército y los hospitales psiquiátricos, dentro de cuyas instituciones se dan prácticas que anulan el ordenamiento social básico de que las personas juegan, trabajan, comen y duermen en diferentes lugares, con diferentes participantes, bajo diferentes autoridades.

En las instituciones totales los individuos tienen que permanecer en una cercanía artificial que los obliga a compartir casi todo y perder el control de sus actividades diarias (comer, ir al baño, dormir), lo cual los lleva a perder parte de su autonomía. Este tipo de instituciones deshumaniza a los participantes y facilita que la autoridad intervenga en todos los aspectos de sus vidas. Por tanto, las instituciones totales son campos en donde no solamente nacen y crecen castigos crueles, humillantes y graves, sino que hacen que las personas se identifiquen con dichas conductas y las defiendan como justas o necesarias.

Al parecer este tipo de instituciones crea costumbres y una cultura propia, independiente de sus fundadores o sus autoridades, por lo que la supervisión es fundamental, así como asegurarse que las condiciones dentro de las mismas sean las adecuadas.

Por otra parte, el psicólogo Philip Zimabardo, Ph. D., en su libro El Efecto Lucifer, narra la manera en que se llevó a cabo el famoso experimento social de la prisión de Stanford, para el cual se creó una prisión falsa en el sótano de uno de los edificios de la Stanford University (de ahí el nombre). En este lugar, a un grupo de personas que contestaron un anuncio en el periódico se le asignó de manera aleatoria para que fuera guardia o prisionera. Al final el experimento tuvo que ser detenido debido a que los castigos de los supuestos guardias aumentaban a un paso alarmante y el estado mental de los presos se deterioraba. Al parecer, en palabras de Zimbardo, los sistemas de poder crean dominaciones perversas. ¿Si colocas gente buena en malos lugares triunfa la gente o el lugar la corrompe?

Posteriormente, en el mismo libro Zimbardo describe otra situación que puede explicarse con un modelo similar. El caso de los abusos sucedidos en la prisión de Abu Grahib, en Irak (2004) a manos de ciertos guardias del ejército de Estados Unidos en contra de algunos presos capturados en Irak. En ese caso las imágenes que salieron a la luz eran escalofriantes: montañas humanas de hombres desnudos, un prisionero desnudo con un collar y correa de perro en el cuello mientras una soldado sostenía la correa, hombres desnudos con la cabeza cubierta siendo intimidados con perros militares, etcétera. Cuando el mundo se enteró de estas atrocidades, la respuesta fue iniciar un procedimiento penal en contra de los responsables, que concluyó en condenas de prisión. Zimbardo opina que no era un problema de "manzanas podridas", como había mencionado el gobierno norteamericano, más bien era un problema del sistema y de falta de supervisión (entre otras cosas).

Al parecer este tipo de instituciones crea costumbres y una cultura propia, independiente de sus fundadores o sus autoridades, por lo que la supervisión es fundamental, así como asegurarse que las condiciones dentro de las mismas sean las adecuadas.

En el caso de las residencias médicas en México aún estamos en negación, pensamos que la violencia en las residencias médicas no existe y los abusos no solo deben ser tolerados, sino que son necesarios para formar médicos especialistas. En el caso del ISSEMyM, el problema se resolvió despidiendo a cinco residentes. Nadie preguntó qué pasaba en las generaciones previas, ¿era la primera vez que sucedía? ¿las novatadas violentas son una costumbre en el servicio? ¿existe el riesgo de que se vuelvan a repetir en los próximos años?

En México tenemos la costumbre de que es mejor no preguntar. La culpa es de las "manzanas podridas", pero nunca se mira el cesto.

La violencia sigue ahí, no es un problema que se acabe despidiendo a cinco residentes... el sistema es el que necesita cambiar.

Desde mi punto de vista, la reacción de las autoridades en el caso comentado no fue la adecuada. La violencia sigue ahí, no es un problema que se acabe despidiendo a cinco residentes... el sistema es el que necesita cambiar. Mientras no tengamos medios efectivos para que los residentes denuncien la violencia, que las autoridades se pongan de su lado y los acompañen en lugar de amenazarlos, continúen las prácticas autoritarias dentro del sistema y se haga lo posible porque los residentes denuncien, no vamos a poder avanzar. Es triste ver que los casos que se resuelven en nuestro país son los que llegan a redes sociales. No existe una preocupación por mejorar las condiciones laborales de los trabajadores de la salud y erradicar la violencia de las residencias médicas.

El Dr. Mauricio Sarmiento estudió medicina e hizo residencia en anatomía patológica, medicina interna y hematología clínica. Posteriormente cursó la carrera de derecho en la Facultad de Derecho de Ciudad Universitaria. Actualmente tiene un despacho jurídico en donde, entre otras cosas, da asesoría a médicos en temas de responsabilidad civil, trámites administrativos y las implicaciones jurídicas de la práctica médica.

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