La pandemia de COVID-19 afecta la atención cardiovascular de los pacientes más que la acción directa del virus

Pablo Hernández Mares

24 de noviembre de 2021

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GUADALAJARA, MEX. "El daño cardiovascular más importante de la COVID-19 será derivado de una peor atención cardiovascular durante el brote de la pandemia más que de la acción directa que se produce sobre todo al nivel pulmonar y mucho menos a nivel cardiovascular", destacó el Dr. Carlos Macaya Miguel durante su conferencia magistral COVID y Enfermedad Cardiovascular, en el marco del XXXII Congreso Mexicano de Cardiología 2021.[1]

Respecto a los problemas cardiovasculares ocasionados por COVID-19, el Dr. Macaya mencionó el daño miocárdico, con o sin disfunción ventricular: "La disfunción ventricular es un medidor del posible daño, pero puede haber daño sin siquiera alterar la función ventricular, desde un punto de vista objetivo y la mayor parte de este daño miocárdico está producido por un desbalance entre demanda y aporte, es decir, por una hipoxia debido al problema pulmonar inicial en estos pacientes".

El experto señaló que en algunos casos de miocarditis encontraron infiltrados linfocitarios, también casos de miocardiopatía de estrés (Takotsubo), arritmias, vasculitis, espasmo coronario y trastornos de la coagulación, "una situación de estado protrombótico que no solamente produce o va a producir embolismos a nivel pulmonar, sino también trombosis en las primeras semanas; en España, en concreto, hubo una alerta porque parecía que había más trombosis de stents relacionados con la COVID-19", refirió.

Citando el estudio del Dr. Gennaro Giustino, el Dr. Macaya reiteró que al ingresar por la vía respiratoria el SARS-CoV-2 se disemina por los receptores de la enzima convertidora de angiotensina-2, por donde el virus entra a nivel celular y en algunos casos excepcionales produce miocarditis y endotelitis.[2]

"La COVID-19 produce una respuesta inflamatoria generalizada activando las interleucinas, el factor de necrosis tumoral y la famosa miocardiopatía de estrés, que ha aumentado entre tres y cuatro veces lo normal, lo cual es poco frecuente, pero es un hecho real", explicó.

También hizo referencia a la investigación del grupo dirigido por el Dr. Umberto Maccio, en donde se hizo un estudio de necropsia y del árbol coronario de seis pacientes fallecidos por COVID-19 comparados con seis pacientes de edad avanzada que fallecieron por influenza y tres pacientes por enfermedad cardiovascular, pero sin COVID-19.[3]

"Lo interesante en los hallazgos histológicos de estos pacientes, a nivel capilar y arteriolar, de arteria pequeña del árbol coronario, donde se producen fenómenos inflamatorios, es que estos lo ven a nivel de esos vasos como una mayor expresión de los receptores de la enzima convertidora de angiotensina-2 y también en cuanto a receptores de CD4 y CD68 no solamente en los vasos, sino en los nervios que van en la periadventicia de las arterias epicárdicas, por lo que hablan de que este virus tendría una afinidad neurotrófica y angiotrófica especial y que produciría verdaderas endotelitis en estadios avanzados", resaltó.

El clínico también se refirió en su conferencia al potencial impacto de la pandemia en los sistemas sanitarios. La pandemia de COVID-19 tuvo un impacto en la actividad asistencial en cardiología intervencionista en España.[4]

"Vemos que hay una disminución generalizada a nivel mundial del número de admisiones de pacientes con síndrome coronario agudo, síndrome agudo, incluso insuficiencias cardíacas que ingresan a los hospitales por la pandemia de COVID-19", indicó.

El Dr. Macaya destacó que se registró un aumento en el retraso en los tiempos desde el comienzo de los síntomas hasta el primer contacto médico en más de media hora, "el tiempo global desde el inicio de los síntomas hasta que se abre la arteria coronaria ha aumentado 33 minutos y esto probablemente obedece al temor o a seguir la consigna de mantenerse en casa con COVID-19 y no acudir a los hospitales; tanto los pacientes como los familiares tenían miedo de acudir a los hospitales, esto se generalizó y estos ha producido no solamente en España sino en el resto de países de Europa e incluso de Estados Unidos".

El especialista recordó que según datos del Ministerio de Sanidad de España, la primera ola de la pandemia de COVID-19 afectó sobre todo a personas de mayor edad y en la segunda y tercera olas subieron los pacientes de menor edad, pero se mantuvieron estables los casos de pacientes, entre 60 y 90 años.

"En marzo y abril del año pasado prácticamente los nosocomios de Madrid se convirtieron en hospitales COVID-19, sin embargo, vemos que las otras dos olas, no por la cantidad de enfermos ingresados, que fue muy parecida, fueron más extendidas en tiempo y eso tensionó mucho menos la asistencia sanitaria", detalló.

El Dr. Macaya señaló: "En conclusión, la pandemia de COVID-19 ha conducido a un descenso en la cifra de admisiones por problemas agudos cardiovasculares; esta reducción ha sido en el número de procedimientos, se ha acortado la estancia hospitalaria, pero han aumentado los tiempos de los síntomas al llegar al tratamiento hospitalario y aunque el impacto sobre el pronóstico de los pacientes necesita ser cuantificado mejor, ya todos los indicios nos dicen que va mal, que vamos mal en ese sentido y que tendrá un costo en mayor insuficiencia cardiaca".

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