Bond, James Bond… agente secreto sin tiempo para morir ni enfermar

Carlos Sierra

Conflictos de interés

16 de noviembre de 2021

Bond, James Bond, el agente secreto más famoso del mundo lleva desde 1962 salvando al planeta de todo tipo de calamidades. El también conocido como Agente 007 se ha enfrentado exitosamente a lo largo de 25 películas a todo tipo de villanos, los cuales, pese a sus esfuerzos por acabar con él, siempre han fracasado estrepitosamente. Pero el Dr. No, Goldfinder, Mandíbulas o Ernst Stavro Blofeld, entre muchos otros, no son los únicos malvados que no han podido con él. A lo largo de sus 86 viajes internacionales el espía británico también se ha topado (o debería) con multitud de agentes patógenos, algunos de ellos muy peligrosos, que, a pesar de las prácticamente nulas precauciones seguidas por el agente secreto, tampoco han conseguido hacer mella en él. Quizás por ello, su famosa "con licencia para matar" debería ser complementada o sustituida por "con licencia para no morir ni enfermar".

¿Y cuáles son estos enemigos que no se ven en la pantalla? Para responder a esta pregunta investigadores de la Radboud University y de la London School of Hygiene & Tropical Medicine han analizado en detalle todos los riesgos para la salud existentes en los 47 países visitados por Bond a lo largo de los últimos casi 60 años. Los resultados extraídos han sido publicados a mediados de octubre en Travel Medicine and Infectious Disease.[1]

James Bond, bajo amenazas mucho mayores de las imaginadas

En las 25 películas del "agente al servicio de Su Majestad" estrenadas entre 1962 y 2021, el espía británico realizó 86 viajes internacionales, visitando 47 países identificables geográficamente. Para evaluar los riesgos sanitarios de cada uno de estos países, los investigadores se basaron en las recomendaciones actuales de Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, las cuales fueron interpretadas en el contexto histórico en el que se produjo cada uno de los viajes.

Una vez identificados, se procedió a agrupar estos riesgos en seis categorías: salud sexual, seguridad alimentaria e infecciones, enfermedades transmitidas por el aire y aerosoles, infecciones transmitidas por artrópodos, infecciones transmitidas por otros vectores y enfermedades tropicales desatendidas, y riesgos asociados a una deficiente preparación de sus viajes.

Enfermedades de transmisión sexual

No es una sorpresa para nadie que haya seguido de forma habitual la filmografía de James Bond que este ha tenido durante los últimos 60 años una actividad sexual muy superior a la media. En total se contabilizaron 59 relaciones de índole sexual en sus 25 largometrajes (2,4 de media por película). De todas ellas, solo en tres ocasiones (5,1%) hubo evidencias de una relación a largo plazo: un matrimonio y una relación que tuvo lugar durante dos películas consecutivas.

Además, la mayoría de las relaciones sexuales surgieron de forma espontánea y sin preliminares, lo que dificulta sobremanera el intercambio de antecedentes sexuales y supone a todas luces una actividad de riesgo a nivel sanitario. También se encontraron evidencias irrefutables de que no usó preservativo en al menos una de ellas.

El Agente 007 pertenece al grupo de los viajeros que practican sexo casual durante sus viajes internacionales, entre 20% y 34% del total de turistas. De ellos, según los datos de 2019, la mitad no hace uso del preservativo.

Seguridad alimentaria e infecciones

La diarrea es la causa más común de enfermedad asociada a los viajes. Para reducir el riesgo, lo más efectivo es cuidar la higiene personal y la seguridad alimentaria, algo que el protagonista de la saga no suele tener en cuenta. En sus 25 películas solo se le ve lavarse las manos dos veces, una de ellas fue tras matar a un enemigo en un baño de barro.

Tampoco presta atención a la seguridad alimentaria, ya que regularmente come frutas sin lavar ni pelar e ingiere ostras crudas en repetidas ocasiones sin tener garantía de que se ha mantenido la cadena de frío.

Además, el agente secreto consume habitualmente alcohol. Pero esto no es el único peligro asociado al alcohol que aparece en sus películas. En una de ellas, en Turquía, James Bond trata de desinfectar la herida de un colega con la bebida local Raki, lo que no tiene ninguna base científica ya que no hay estudios que demuestren la eficacia de los destilados a base de uva para la limpieza de heridas.

Enfermedades transmitidas por el aire y aerosoles

El espía británico tampoco tiene en consideración las medidas de precaución para minimizar el riesgo de contagio ante estas enfermedades, tan de actualidad debido a la COVID-19.

En 1967 viaja a Japón en plena epidemia de gripe aviar y en ningún momento durante todo el viaje respeta las normas de distancia social: entra en transportes públicos y entre masas de gente sin protección de ningún tipo, e incluso llega a usar una mascarilla de otra persona para pasar desapercibido, lo cual supone un riesgo de contagio evidente.

Infecciones transmitidas por artrópodos

A lo largo de sus viajes por todo el Mundo, el 007 visita varios destinos con una gran incidencia de enfermedades como malaria (Bahamas), dengue (Jamaica) y chikungunya (India) sin tomar las precauciones más básicas contra las picaduras de insectos, los vectores de transmisión de estas enfermedades.

Por ejemplo, en Japón, en donde la encefalitis japonesa provocada por flavivirus es prevalente, el agente secreto ignora el zumbido de un mosquito, mientras que en otros destinos donde la malaria es endémica duerme con las ventanas abiertas y sin mosquiteros.

Infecciones transmitidas por otros vectores y enfermedades tropicales desatendidas

Las infecciones que se arriesga a contraer el famoso agente secreto no son solo las transmitidas por los artrópodos, hay más, de los que se detallan dos ejemplos. En Turquía, Bond viaja con ratas en un bote sin tomar precauciones, arriesgándose a contraer Leptospira,  bacteria zoonósica presente en la orina de los roedores infectados y que puede llegar a provocar la muerte; mientras que en la India es atacado por una sanguijuela, a la que elimina quemándola con su mechero, incrementando la probabilidad de que esta regurgite su contenido intestinal en su torrente sanguíneo, pudiendo provocar bacteriemia y sepsis.

Respecto a las enfermedades tropicales desatendidas, 007 se expone a varias de ellas repetidamente en el Caribe, de donde son endémicas, al caminar descalzo por sus playas y correr el riesgo de contraer larva migrans cutánea, parasitosis cutánea adquirida por la exposición de la piel a larvas filariformes de anquilostomas, y tungiasis, enfermedad parasitaria causada por la penetración de hembras de pulgas de arena en la piel, donde ponen sus huevos.

También entran en esta lista la rabia, cuando ignora a un perro callejero agresivo y potencialmente rabioso en Vietnam, un país en donde esta enfermedad es endémica, o el peligro de sufrir una picadura de serpientes en varias localizaciones, tales como la India o las islas del Caribe.

Riesgos asociados a una deficiente preparación de los viajes

A menudo se observa que James Bond presta poca atención a los consejos técnicos para evitar los efectos secundarios potencialmente letales del buceo, tales como la enfermedad por descompresión, provocada por un rápido ascenso desde aguas profundas, lo cual sucede cuando es expulsado de un submarino como un torpedo, tal y como ocurrió en dos de sus películas.

Otro problema de salud que Bond pasa por alto es su nivel de hidratación. La gran cantidad de bebidas alcohólicas que consume no previenen la deshidratación, un riesgo que corre en multitud de ocasiones el espía cuando realiza actividades físicas extremas en climas cálidos. Además, Bond nunca se aplica protección solar y habitualmente su vestimenta es inapropiada para combatir el calor extremo.

Conclusiones

Después de repasar todas las películas, la conclusión lógica es que el Agente 007 es una persona muy afortunada, ya que además de haber sobrevivido a infinidad de villanos que querían acabar con él utilizando todo tipo de estratagemas, también ha salido indemne de muchísimas situaciones en donde ha puesto en peligro su salud de múltiples formas. "Esta temeridad manifiesta del agente Bond nos hace pensar que quizás padezca toxoplasmosis, una enfermedad que en ratones se ha visto asociada a una bajada de la sensación de riesgo", declararon de manera irónica a Univadis España los investigadores de este estudio.

Este trabajo puede parecer frívolo, ya que se trata de un personaje de ficción y a casi ninguno de sus seguidores se le ocurriría intentar reproducir su comportamiento. Pero una segunda lectura más pausada puede ayudar a transmitir un mensaje muy importante, ya que "los riesgos que corre James Bond pueden ser una herramienta útil para llamar la atención sobre el importante problema del riesgo de contraer enfermedades infecciosas mientras se trabaja y viaja, una problemática sobre la que una importante parte de la sociedad no tiene en cuenta en toda su extensión a la hora de preparar sus viajes", concluyeron los autores de este estudio.

Este trabajo no recibió ningún tipo de financiación específica. Ninguno de los autores declaró tener conflictos de interés.

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

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