Treinta años de estadísticas sobre reproducción asistida en Latinoamérica

Amapola Nava

25 de noviembre de 2021

En 1990, 19 centros de reproducción asistida de ocho países en Latinoamérica comenzaron a reportar los resultados de su práctica y fundaron el Registro Latinoamericano de Reproducción Asistida (RLA), el primero de su tipo en el mundo. Al día de hoy el registro recaba información de 191 instituciones en 15 países, que representan aproximadamente 80% de los ciclos que se realizan en la región.[1] Después de 30 años su base de datos contiene los detalles de 955.117 ciclos iniciados, 191.191 partos y 238.045 nacimientos (figura 1). Esto permite analizar el desarrollo, los avances y los retos de las tecnologías de reproducción asistida en Latinoamérica.

 

Figura 1. Número de nacimientos a término, (1990-2019) por país, reportados en el Registro Latinoamericano de Reproducción Asistida. Fuente: Registro Latinoamericano de Reproducción Asistida. Atribución-NoComercial 4.0 Internacional (CC BY-NC 4.0)

Dr. Fernando Zegers Hochschild

"Entre los cambios más interesantes que se pueden ver en el tiempo podemos mencionar cómo se balancean seguridad y eficiencia en la práctica de la reproducción asistida, lo cual se observa porque ha ido disminuyendo el número de embriones transferidos para evitar la multigestación; eso es seguridad, que se ha logrado sin afectar la eficiencia de los procedimientos", explicó el Dr. Fernando Zegers Hochschild, especialista en ginecología y obstetricia, fundador del registro y autor del artículo que presenta los resultados del esfuerzo regional en la revista Reproductive BioMedicine Online.

La publicación detalla que en 1990, 60,4% de las transferencias se hacía con tres o más embriones, mientras que en 2018 solo 13,5% incluyó tal cantidad de embriones. Por otro lado, las transferencias de un solo embrión aumentaron de 13,8% a 30,4% en el mismo periodo. Este cambio llevó a un resultado bastante significativo: el número de nacimientos múltiples de trillizos o más se redujo de 7,7%, en el año 2000 a 0,4%, en la actualidad.

Esto se logró, en gran medida, gracias a la incorporación de nuevas y mejores técnicas de congelación embrionaria. En el año 2000 solo 10% de las transferencias se hacía con embriones criopreservados, mientras que en 2019 la mayoría de las transferencias (57%) se realizó en conjunto con técnicas de criopreservación embrionaria.

Figura 2. Tasa de partos tras fertilización in vitro/inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI) en mujeres <35 años entre 1994 y 2018. Fuente: Registro Latinoamericano de Reproducción Asistida. Atribución-NoComercial 4.0 Internacional (CC BY-NC 4.0)

El segundo cambio importante que se observó en 30 años de registro es un cambio social. Es una búsqueda de certezas. Cada vez la sociedad busca más una descendencia cromosómicamente normal y el uso del diagnóstico genético preimplantacional ha aumentado enormemente y a pesar de que tiene un costo adicional, la gente lo pide, incluso gente joven que no quiere estar expuesta a las incertidumbres o las probabilidades que la naturaleza ofrece, comentó el Dr. Zegers.

Y justamente las cifras del Registro Latinoamericano de Reproducción Asistida dan cuenta de estos cambios sociales. Entre 2014 y 2018 el uso del diagnóstico genético preimplantacional se duplicó, pasando de 14% a 28%. El especialista explicó que las nuevas tecnologías posibilitan que la sociedad transite hacia donde las comunidades requieren. Por ejemplo, con el surgimiento en todo el mundo de la necesidad de retrasar la maternidad.

"En todos los continentes, a medida que las mujeres tienen más acceso a la educación y el trabajo, se retrasa la maternidad. Entonces la pregunta es qué nos ofrece la tecnología para responder a estas necesidades".

Es aquí donde la criopreservación de embriones y ovocitos responde a las necesidades sociales. Entre los años 1990 y 2000 más de 50% de las mujeres que accedían a las tecnologías de reproducción asistida era menor de 34 años y solo 14,5% mayor de 40. Pero en 2018 las mujeres menores de 34 años representaban solo 26,4%, mientras que las mujeres mayores de 40 años aumentaron a 32%. En otras palabras, 73,5% de las mujeres que accedieron a técnicas de reproducción asistida en 2018 tenía 34 años o más.

Estos cambios vuelven difícil la comparación de los resultados de las técnicas de reproducción asistida en los últimos 30 años. Por ejemplo, en su artículo el Dr. Zegers y sus colaboradores explicaron que podría parecer desalentador que a pesar de todos los avances tecnológicos, las probabilidades de un nacimiento a término completo después de una transferencia de embriones en fresco solo aumentó 8,8%.

Sin embargo, debe considerarse que entre 1990 y 1995 los procedimientos se realizaban en una población de mujeres donde hasta 66,7% era menor de 34 años y solo entre 67% y 14,8% eran mayores de 40 años. Por el contrario, en la actualidad, 32% de las mujeres es mayor de 40 y solo 26,4% menor de 34. Además el promedio de embriones transferidos pasó de entre 3,2% y 3,7% a 1,9% o incluso 1,8%, lo cual es un gran avance en la seguridad del procedimiento.

La cooperación internacional para el control de calidad y la transferencia tecnológica

Una particularidad que tiene el Registro Latinoamericano de Reproducción Asistida es que ofrece a cada institución miembro la posibilidad de obtener las estadísticas de su centro con tablas y figuras por año, por la totalidad de años, para cualquier técnica, edad y diferentes variables registradas en la base de datos. Además puede analizar la misma información para su país, su subregión y para toda Latinoamérica.

"Esto es de gran utilidad como un control de calidad externo. Asimismo, compromete a las instituciones a llevar un registro detallado y pormenorizado de sus casos y así saber cómo están haciendo las cosas, promover políticas públicas, entre otras ventajas", explicó el Dr. Zegers.

Por otro lado, el especialista señaló que el proyecto ha generado la cooperación Sur-Sur que facilita la comunicación entre científicos, los cuales se entrenan unos a otros y generan una sensación de identidad y pertenencia.

El futuro de la reproducción asistida en Latinoamérica

E Dr. Zegers añadió que actualmente la transferencia tecnológica es simple y rápida. En Latinoamérica se tiene el conocimiento para realizar todos los procedimientos de reproducción asistida, aprobados, que existen en el mundo. De manera que el desafío para la región ya no es solamente la transferencia tecnológica, sino lograr que esta tecnología llegue a las personas que la necesitan.

Al momento solamente Argentina, Uruguay y Costa Rica proveen acceso universal a los tratamientos de reproducción asistida. En el resto de los países el acceso a las tecnologías depende mayormente del bolsillo de las personas.

"Pero todos los individuos tienen el derecho humano de tener los medios y el conocimiento para espaciar el nacimiento de sus hijos, para formar familia, para tener el número de hijos que quieren tener, libres de toda coherción y discriminación", señaló el experto.

El Dr. Zegers enfatizó que desde 2009 la infertilidad es considerada una enfermedad por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pues el padecimiento tiene gran impacto en la identidad de género de los individuos, en su autoestima, en la forma en la que son tratados por la sociedad. Es por esto que las técnicas de reproducción asistida deberían estar cubiertas por la salud pública.

"Si algo hemos aprendido en estos tiempos de pandemia es a vivir el presente, pero si me preguntan cuál es la ilusión a futuro, diría que muchos más países incorporen los tratamientos de reproducción como parte del derecho de las personas y así disminuir la inequidad social en el acceso a los bienes de salud".

La infertilidad secundaria, un padecimiento importante en Latinoamérica

Un fenómeno que dificulta la incorporación de las tecnologías de la reproducción en los sistemas públicos de salud es la noción sesgada de que la infertilidad es un padecimiento del primer mundo. Florencia Luna, Ph. D., experta en bioética, señaló que en el imaginario popular se mantiene la imagen de que estos procedimientos sirven solo para beneficiar a la clase media, educada y profesional que busca un embarazo a una edad tardía; en resumen, se presentan como un lujo para un grupo reducido de personas.

Pero esta visión deja fuera el problema real de infertilidad secundaria que existe en los países en desarrollo. Este tipo de infertilidad es ocasionada por enfermedades de transmisión sexual mal atendidas, infecciones o lesiones por abortos inseguros e ilegales, así como la sepsis materna.

Por ejemplo, la OMS estimó que, solo en 2016 hubo aproximadamente 127 millones de casos de clamidiasis y 87 millones de casos de gonorrea, ambas enfermedades posibles causantes de infertilidad femenina.

En un artículo publicado en la Revista de Bioética y Derecho, Luna comentó que hay que considerar que la infertilidad en Latinoamérica y en otras regiones en desarrollo se presenta dentro de culturas en las cuales la maternidad tiene un peso aún mayor que en países industrializados y puede desencadenar discriminación social y repudio.[2]

Debido a esto, la especialista propone la búsqueda de un modelo de salud pública reproductiva adecuado a las necesidades de la región, que tenga en cuenta el problema de la infertilidad secundaria y busque su prevención.

"Para esto se requiere un enfoque integral y equitativo que evite que muchas mujeres queden infértiles por razones que se pueden evitar y prevenir. Esto, obviamente, será más relevante en los casos de aquellas sin recursos que son quienes padecen una mala salud reproductiva con todas sus consecuencias. Se debería comenzar con la salud sexual de las mujeres. Por ejemplo, reforzar los sistemas de atención primaria o crear nuevas clínicas con una mirada de género, brindar un buen asesoramiento respecto de la anticoncepción desde la adolescencia para evitar embarazos no deseados, tratar adecuadamente las enfermedades de transmisión sexual y abogar por la legalización del aborto para acceder a abortos seguros evitando lesiones a las mujeres", comentó en su artículo.

Florencia Luna, Ph. D., y el Dr. Zegers han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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