COMENTARIO

Los que ya no fueron: deserción estudiantil en médicos en formación por la pandemia en México

Dr. Samuel Ruiz Pérez; Marco Antonio Castañón Gómez

Conflictos de interés

11 de noviembre de 2021

Este contenido forma parte de una serie de comentarios de estudiantes de medicina en colaboración con el Colectivo Médicos en Formación. El colectivo es impulsado por Nosotrxs y está conformado por la Asociación Mexicana de Médicos en Formación, A.C. (AMMEF), la Asamblea Nacional de Médicos Residentes (ANMR), la Asociación de Residentes del Hospital General de México (ARHGM), la Asamblea Mexicana de Médicos Internos de Pregrado (AMMIP), la Asamblea Mexicana de Médicos Pasantes de Servicio Social (AMMPSS) y otrxs aliadxs del sector que trabaja en colaboración desde enero de 2020 para que se garanticen los derechos de las y los profesionales de la salud en formación.

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La deserción escolar es una problemática constante en las instituciones educativas de nuestro país. La Secretaría de Educación Pública (SEP) la define como "un abandono de las actividades escolares antes de terminar algún grado o nivel académico".[1] La pandemia de COVID-19 aumentó las dificultades que suelen ocasionar la deserción, provocando situaciones que orillaban a los estudiantes a desertar de sus carreras.

La pronta respuesta de los gobiernos a causa de la pandemia forzó a todos los alumnos a continuar sus estudios desde casa, tomando modalidad en línea para sus clases y exámenes. El distanciamiento físico, otra de las principales respuestas ante la enfermedad, encerró a las personas en sus hogares, limitándolas a un espacio que no incitaba a seguir los estudios, más aún si no contaba con las herramientas necesarias para hacerlo.[2]

La desigualdad económica que existe en nuestro país es uno de los factores que más obliga a desistir de los estudios para dedicarse totalmente a un trabajo que permita proveer recursos a la familia.[3] La cuarentena provocó que se perdieran múltiples empleos, llevando a universitarios a enfocarse en el ámbito laboral en lugar del educativo.

Es común que durante la vida académica los estudiantes presenten niveles de estrés y de ansiedad elevados, tanto por la exigencia de la carrera misma como por problemáticas sociales o familiares ajenas a esta. No obstante que a niveles bajos esto ayuda a los alumnos a superarse y motivarse, rebasar los niveles normales puede llegar a provocar miedo, irritabilidad, desmotivación o mal humor, lo que podría ocasionar el abandono de sus estudios.[4]

Una modalidad en línea afecta directamente la salud mental del estudiante, donde no tener una pronta solución genera un aumento de ansiedad y estrés que deteriora la vida diaria de la persona.[5] Quedarse encerrado teniendo que lidiar con problemas de conexión o con el aislamiento social deteriora directamente la salud mental de cualquiera, más cuando un alumno tiene que cumplir con las exigencias que su carrera le dicta.

Las complicaciones que una deserción académica pueden tener no son solo de carácter personal, sino que tienen consecuencias en cualquier dimensión donde este tenga relación. Procesos sociales, económicos y políticos van directamente relacionados a este abandono, generando costos sociales y privados, incrementando desigualdades sociales, siendo, por tanto, un problema que debe competer no solo a la persona que está en riesgo de desertar.[6]

Debido a todo lo anterior, es necesario tomar acciones que disminuyan los motivos de las personas para desistir de sus estudios, donde se les dé una opción que no propicie que pierdan el año o que los tengan que dejar por completo. Por lo que para saber qué acciones son precisas es relevante determinar los principales factores e investigarla base de todo esto.

En junio del año 2021 realizamos una encuesta de carácter nacional donde se preguntó a diversos médicos en formación sobre varios temas relacionados a la pandemia; se obtuvieron 958 respuestas, de las cuales 31 estudiantes requirieron darse de baja, de ellos, 30% se dio de baja en los primeros 6 meses de la pandemia, 30% lo hizo durante el semestre 2020-2 y por último, 40% lo hizo en 2021-1.

Sesenta y uno por ciento del total de los encuestados correspondía a alumnos de ciencias básicas, 26% a etapas clínicas y 13% de alumnos estaba próximo a realizar el internado. De las razones que predominaron para la deserción, la más común fue la salud mental (42,3%), seguida de modalidad virtual (30,7%), problemas económicos secundarios a la pandemia (15,4%) y el resto incluía cuestiones técnicas, como falta de internet, así como miedo a la pandemia e infecciones de familiares por SARS-CoV-2.

A lo largo de su carrera, las y los estudiantes de medicina enfrentan retos día a día que pueden orillarlos a darse de baja. A pesar de que la exigencia de la carrera es alta, tanto por los mismos alumnos como por sus familiares o conocidos, esto nunca debería ser una razón por la que su integridad se viera afectada. Sumado a esto, pocos (por no decir que casi nadie) eran los que se encontraban preparados para un factor extrínseco de la talla que de la pandemia de COVID-19 y esto se refleja en una cifra muy cruda: 3 de cada 100 médicos en formación se dieron de baja temporal o permanente secundario a la pandemia, quienes se supone serían los especialistas, investigadores, catedráticos del mañana, que incluso podrían frenar situaciones de esta índole.

Esta tasa de deserción no debe ser tomada a la ligera, sino todo lo contrario: es un foco rojo que atender por las instituciones educativas, las instituciones de salud y las diversas dependencias gubernamentales. Tomando el apoyo desde estas autoridades, ayudará a que cada individuo tenga la seguridad de continuar con sus estudios, que se le brinde ayuda cuando sea necesario o que se le den opciones para continuar a sus posibilidades.

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