COVID-19: la mayor mortalidad en pacientes psiquiátricos sigue siendo un misterio

Pauline Anderson

Conflictos de interés

5 de octubre de 2021

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Los antipsicóticos no son la causa del aumento de la tasa de mortalidad relacionada con COVID-19 en pacientes con enfermedades mentales graves, demuestra nueva investigación.[1]

Dra. Katlyn Nemani

El aumento importante de la mortalidad por COVID-19 que continúa registrándose en pacientes con esquizofrenia y trastorno esquizoafectivo "subraya la importancia de medidas protectoras para este grupo, incluida la vacunación prioritaria", comentó a Medscape Noticias Médicas la investigadora del estudio, Dra. Katlyn Nemani, profesora adjunta de investigación del Departamento de Psiquiatría en la New York University (NYU) Grossman School of Medicine, en Nueva York, Estados Unidos.

El estudio fue publicado el 22 de septiembre en la versión electrónica de JAMA Psychiatry.

Incremento de tres tantos en la mortalidad

En investigación previa se ha relacionado un diagnóstico de un trastorno del espectro de la esquizofrenia, que incluye esquizofrenia y trastorno esquizoafectivo, con un aumento de casi tres tantos en la mortalidad de pacientes con COVID-19.

En alguna investigación basada en la población también se ha notificado un vínculo entre el uso de medicación antipsicótica y un aumento del riesgo de mortalidad relacionada con COVID-19, pero en estos estudios no se tuvieron en cuenta los diagnósticos psiquiátricos.

"Esto planteó la duda de que el aumento del riesgo observado en esta población esté relacionado con la enfermedad psiquiátrica subyacente o su tratamiento", señaló la Dra. Nemani.

El estudio retrospectivo de cohortes incluyó 464 adultos (media de edad: 53 años) a los que se diagnosticó COVID-19 entre el 3 de marzo de 2020 y el 17 de febrero de 2021 y a los que previamente se les había diagnosticado trastorno del espectro de la esquizofrenia o trastorno bipolar. De estos, a 42,2% se le trató con un fármaco antipsicótico.

El criterio principal de valoración fue el fallecimiento al cabo de 60 días de establecido el diagnóstico de COVID-19. Las covariables consistieron en características sociodemográficas, como raza y grupo étnico declarados por los pacientes, así como edad y tipo de seguro, un diagnóstico psiquiátrico, trastornos médicos concomitantes y antecedente de tabaquismo.

Del total, 41 pacientes (8,8%) fallecieron. La tasa de mortalidad a 60 días fue de 13,7% en pacientes con un trastorno del espectro de la esquizofrenia (n = 182) y 5,7% en pacientes con trastorno bipolar (n = 282).

El tratamiento con antipsicótico no se relacionó significativamente con la mortalidad (odds ratio [OR]: 1,00; intervalo de confianza de 95% [IC 95%]: 0,48 a 2,08; p = 0,99).

"Esto parece indicar la improbabilidad de que la medicación antipsicótica sea la causa del mayor riesgo que observamos en esta población, aunque este hallazgo debe reproducirse", indicó la Dra. Nemani.

Hallazgo sorprendente

Un diagnóstico de un trastorno del espectro de la esquizofrenia se relacionó con un incremento de casi tres tantos en el riesgo de mortalidad, en comparación con un trastorno bipolar (OR: 2,88; IC 95%: 1,36 a 6,11; p = 0,006).

"Este fue un hallazgo sorprendente. Una posible explicación sería la relacionada a las diferencias en la función inmunitaria asociadas a la enfermedad del espectro de la esquizofrenia", destacó la Dra. Nemani.

Señaló que existen datos que indican que el sistema inmunitario puede desempeñar un papel en la patogenia de la esquizofrenia y la investigación ha demostrado que la neumonía y la infección son algunas de las principales causas de mortalidad prematura en esta población.

Asimismo, varios posibles factores de riesgo afectan desproporcionadamente a las personas con enfermedades mentales graves, entre ellos, un incremento en la prevalencia de trastornos médicos concomitantes, como las enfermedades cardiovasculares y la diabetes, desventajas socioeconómicas y obstáculos para acceder a la atención de forma oportuna. Estudios previos también han revelado que las personas con enfermedades mentales graves tienen menos probabilidades de recibir intervenciones de atención preventiva, incluida la vacunación, agregó la Dra. Nemani.

Sin embargo, es improbable que estos factores expliquen por completo el mayor riesgo observado en el estudio, añadió.

"La población de nuestro estudio se limitó a personas que habían recibido tratamiento dentro del NYU Langone Health System. Tuvimos en cuenta una lista exhaustiva de factores de riesgo sociodemográficos y médicos y nuestra investigación se llevó a cabo antes de la disponibilidad de las vacunas contra COVID-19", comentó.

Se necesita más investigación para comprender lo que subyace al incremento de la susceptibilidad a las infecciones graves en pacientes con esquizofrenia y para identificar intervenciones que puedan mitigar el riesgo, resaltó la especialista.

"Esto incluye evaluar factores a nivel de sistemas, como el acceso a intervenciones preventivas y tratamiento, así como investigar mecanismos inmunitarios subyacentes que pueden contribuir a las infecciones graves y mortales", indicó.

Los investigadores no pudieron validar los diagnósticos psiquiátricos ni captar los decesos no documentados en los registros clínicos electrónicos. Además, el tamaño limitado de la muestra impidió el análisis del uso de fármacos antipsicóticos individuales, los cuales pueden tener efectos secundarios diferentes.

"Es posible que fármacos antipsicóticos individuales se relacionen con efectos dañinos o protectores", finalizó la Dra. Nemani.

Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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