Más de seis millones de pruebas de diabetes no se realizaron durante la pandemia

Becky McCall

Conflictos de interés

4 de octubre de 2021

Encuentre las últimas noticias y orientación acerca de la COVID-19 en el Centro de información sobre el coronavirus (SARS-CoV-2).

Nota de la editora, 28 de septiembre de 2021: este artículo fue actualizado con comentario adicional.

Durante un periodo de 6 meses en el año 2020 no se realizaron más de 6,6 millones de pruebas de diabetes, incluidas 5,2 millones de pruebas diagnósticas y 1,4 millones de pruebas de vigilancia de hemoglobina glucosilada a nivel nacional en Reino Unido, de acuerdo con un estudio retrospectivo presentado en el Congreso de la European Association for the Study of Diabetes (EASD) 2021.[1]

En el análisis se estima que estos datos representan alrededor de 690.000 diagnósticos de prediabetes pasados por alto y 68.500 de diabetes omitidos (principalmente diabetes de tipo 2), con el retraso resultante en la asesoría sobre estilo de vida y tratamiento. De los que omitieron la vigilancia de hemoglobina glucosilada, se estima que más de 500.000 personas hubieran tenido niveles elevados.

Los resultados fueron presentados por Dave Holland, autor principal de The Benchmarking Partnership, quien trabajó en colaboración estrecha con Tony Fryer, profesor de bioquímica clínica en la Keele University.

"Hasta un tercio de los fallecimientos por COVID-19 en Reino Unido ha ocurrido en personas con diabetes y más pueden estar en riesgo del peor de los efectos del virus debido a que muchos pueden no poder controlar eficazmente su diabetes o no se les ha diagnosticado", añadió Holland.

El profesor Fryer explicó que pacientes con niveles de glucosa sanguínea no óptimos que no se controlan bien tienen peores desenlaces con la COVID-19. "Estos pacientes también tienen más probabilidades de tener complicaciones, debido a los diagnósticos pasados por alto o la diabetes no controlada, que de lo contrario podría no haber ocurrido. A menudo los pacientes con nuevos diagnósticos ya tienen niveles muy altos de hemoglobina glucosilada, por lo que están en riesgo de complicaciones si se retrasa su diagnóstico".

Atrasos

Nikki Joule, director de normativa en Diabetes UK, expresó su preocupación por los hallazgos: "A medida que salimos de la pandemia, sabemos que muchas personas todavía están a la espera de una prueba sanguínea para diabetes o para ver a su equipo de atención de diabetes. Si el gobierno desea seriamente prevenir más complicaciones costosas de la diabetes, debe resolver de manera urgente los retrasos en la atención sistemática. Es decisiva más inversión para restablecer los servicios de diabetes y mejorar el acceso a la atención médica sistemática, a fin de garantizar que las personas con diabetes tengan la atención y el apoyo que necesitan para vivir bien con el trastorno".

El número de pruebas de hemoglobina glucosilada no realizadas, tanto para fines diagnósticos como de vigilancia, se estimó durante lo que los investigadores denominaron periodo de impacto de la COVID-19, entre el 23 de marzo y el 30 de septiembre de 2020.

También en su comentario, el profesor Rousseau Gama, patólogo químico consultante de Black Country Pathology Services, The Royal Wolverhampton NHS Trust, indicó a Medscape Noticias Médicas de Reino Unido: "La pandemia de COVID-19 condujo a una reducción de la atención a la salud por causas diferentes a la enfermedad. Este estudio grande demuestra la importancia de las pruebas sanguíneas regulares para evitar los diagnósticos fallidos o retrasados de diabetes y en el tratamiento de los pacientes con diabetes. Aunque se desconocen las consecuencias de esto, resulta claro que la pandemia ha tenido su mayor impacto sobre la atención de la salud en la diabetes. Ahora es importante que las personas con diabetes no se queden rezagadas en el esfuerzo por abordar los retrasos ocasionados por la atención a la COVID-19".

Detalles del estudio

Los datos sobre la hemoglobina glucosilada, utilizados como un sustituto del control de la enfermedad, fueron obtenidos de seis laboratorios de pruebas de Reino Unido que representan 6% de la población total (3,7 millones de personas). Se analizó una combinación de poblaciones rurales y urbanas y se incluyeron diversos niveles de privación. En total, se analizaron datos de 3,6 millones de pruebas de hemoglobina glucosilada en 1,7 millones de personas.

Holland y el profesor Fryer examinaron el impacto potencial de estas pruebas no realizadas a consecuencia de la pandemia de COVID-19 sobre tres subcategorías de personas: "vigilancia", que incluye a los que ya tenían diagnóstico de diabetes, "detección", como parte de los esquemas de examen general de salud como el programa de chequeo de salud en Inglaterra y "diagnóstico" para los nuevos casos de diabetes de tipos 1 y 2 (principalmente de tipo 2) en las personas que presentan síntomas de diabetes consideradas en riesgo.

Los hallazgos de las pruebas de hemoglobina glucosilada en los seis centros durante el periodo de 6 meses, en comparación con los 12 meses antes del confinamiento, demostraron que el número de pruebas de vigilancia descendió de 32.000 a 19.000 por mes, mientras que las pruebas de detección disminuyeron de 46.000 a 32.000 por mes y las pruebas diagnósticas se redujeron a más de la mitad, de 31.000 a 12.000 por mes. En abril de 2020, los niveles generales de pruebas de hemoglobina glucosilada descendieron 80%.

En los seis meses no se realizaron 79.000 pruebas de vigilancia y 28.500 de estas eran para personas con control subóptimo. Esto es una preocupación en particular, comentó el profesor Fryer a Medscape Noticias Médicas de Reino Unido. "Estos pacientes tienen más que perder con la COVID-19, considerando que la diabetes y la COVID-19 hacen una mala combinación".

"En ellos vemos un incremento promedio en la hemoglobina glucosilada de 2 a 3 mmol/l durante 6 meses. En cambio, en los que están bien controlados, las pruebas no realizadas no hicieron mucha diferencia", agregó.

"Consideramos que esos pacientes que omitieron las pruebas de vigilancia son los que tienen peores desenlaces, pues su enfermedad suele estar más avanzada. La interrogante es: ʹ¿Podremos ponernos al día y ayudar a estos pacientes a recuperar los seis meses perdidos?ʹ Esto todavía no lo sabemos y me sorprendería que así fuera", destacó el profesor Fryer.

Se omitieron también más de 149.000 pruebas de detección en grupos de alto riesgo: personas con trastornos concomitantes, por ejemplo, diabetes gestacional, síndrome de ovario poliquístico, enfermedad cardiovascular o apnea del sueño, al igual que los examinados como parte de los programas de chequeo médico. Esto incluyó casi 27.000 con valores de hemoglobina glucosilada dentro del rango de prediabetes en quienes se había retrasado el asesoramiento sobre el estilo de vida.

Además, no se realizaron 142.000 pruebas diagnósticas en los que buscaron una prueba debido a síntomas. De estos, se hubiera esperado que alrededor de 12.000 estuvieran en el rango de hemoglobina glucosilada para prediabetes y 3.800 en el rango de la diabetes.

"Se estima que cada año 5% a 10% de los pacientes con prediabetes evolucionan a la diabetes. Esto indica que en Reino Unido decenas de miles de estos pacientes probablemente avanzarán a la diabetes completamente declarada, debido a las pruebas no realizadas", añadió el profesor Fryer.

Cuando se extrapolan los resultados para todo el Reino Unido, las pruebas de diagnóstico o detección omitidas o retrasadas ascendieron a 5,19 millones (en promedio, 0,82 millones por mes) durante un periodo de seis meses. Esto habría incluido alrededor de 690.000 en el rango de prediabetes y 68.500 nuevos diagnósticos retrasados de diabetes (aproximadamente 110.000 y 11.000 por mes, respectivamente).

Pruebas sistemáticas canceladas por temor a la infección y la propagación

"La COVID-19 produjo más daño del que nos percatamos. El acceso a los servicios de medicina general se volvió particularmente difícil durante la pandemia y los consultorios de medicina general cancelaron o pospusieron citas para pruebas sistemáticas y revisión a medida que el país entró en confinamiento. Además, muchos pacientes en 'alto riesgo' (incluidas las personas con diabetes) se mostraron renuentes a acudir a su médico general por temor a que pudieran contraer COVID-19", agregó Holland.

En su reflexión, el profesor Fryer puntualizó: "La COVID-19 nos ha empujado en la dirección de encontrar diferentes soluciones, así que por ejemplo, las pruebas de punción digital más que las pruebas de sangre estándar podrían haber significado que los pacientes podrían haber continuado vigilándose en su casa en vez de no acudir a una cita para consulta".

También resaltó que los hallazgos demostraron que se necesitan mejores formas para identificar a grupos en riesgo. "Nuestros datos demuestran que en personas cuya diabetes está bien controlada no necesitamos vigilar con tanta frecuencia porque no hace mucha diferencia, pero aquellos con diabetes menos controlada deben recibir apoyo más eficaz, en especial en el contexto de situaciones difíciles como las observadas con la COVID-19".

Holland concluyó: "Con los escasos recursos disponibles, deberíamos utilizarlos en los pacientes que tienen más riesgo de complicaciones".

Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Para más contenido siga a Medscape en Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Comentario

3090D553-9492-4563-8681-AD288FA52ACE
Los comentarios están sujetos a moderación. Por favor, consulte los Términos de Uso del foro

procesando....