Entrevista a un virólogo español: "Una tercera dosis no debería ser contraproducente"

Andrea Jiménez

Conflictos de interés

1 de octubre de 2021

Encuentre las últimas noticias y orientación acerca de la vacunación contra la COVID-19 en el Centro de información sobre la vacuna contra el SARS-CoV-2.

José Antonio López-Guerrero es director del laboratorio de Neurovirología de la Universidad Autónoma de Madrid y desde septiembre del 2020 está al frente del Proyecto NeuroCovid, una iniciativa para estudiar nuevos viricidas y antivirales frente a coronavirus humanos. Además de dirigir el departamento de Cultura Científica del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa CBMSO, es autor de más de una decena de libros de divulgación científica. En su última obra, Coronavirus, anatomía de una pandemia, este virólogo relata a modo de diario las informaciones científicas, clínicas, culturales, políticas, alrededor de la COVID-19 que se iban actualizando cada día tras la llegada de la pandemia. Con su último libro, publicado en agosto, López-Guerrero no solo quería acercar al público todos los aspectos relacionados con la pandemia, sino "evidenciar algo que se nos olvida: que la ciencia es mutable, un proceso de verificación y rectificación constante".

Desde el ministerio de Sanidad se ha señalado que no se dispone de datos sólidos para recomendar la administración de una dosis de recuerdo en la población general. Pero la Comisión de Salud Pública acaba de aprobar en España una tercera dosis de la vacuna para personas con inmunodepresión…

Todavía se está analizando cuánto dura la inmunidad real en el conjunto de la población, tanto en referencia a la vacuna como a la propia infección. Por eso, a día de hoy, no existe una respuesta clara sobre la tercera dosis. En algunos grupos poblacionales, sobre todo en las personas mayores, se sabe que la vacuna va perdiendo eficacia debido a un proceso de inmunosenescencia. Otra cuestión distinta es la de aquellos que nunca han tenido una respuesta activa ni robusta, como los pacientes inmunocomprometidos, pacientes con linfoma, pacientes que recibieron un trasplante… Es lógico que se les ponga un recordatorio extra.

Una cosa es inmunizar a aquellos que nunca desarrollaron una respuesta y otra cosa reforzar a los que han tenido inmunidad efectiva pero que se ha ido perdiendo con el tiempo. Por lo tanto, aplicar una tercera dosis a la población general dependerá de los estudios que concluyan la pertinencia y eficacia de forma puntual o periódica.

No obstante, expertos del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de Estados Unidos han comunicado que los estadounidenses podrán recibir una tercera dosis en otoño. ¿Con base en qué evidencias? 

De lo que existen evidencias es de la urgencia de acelerar la vacunación mundial contra el SARS-CoV-2. Hacer todo lo posible por favorecer este proceso es lo es acusado y acuciante. En Estados Unidos tienen un problema con la alta población contraria a la vacunación, reacia a la vacuna. Quizás ese sea uno de los motivos para vacunar con una tercera dosis más allá del grupo con inmunodepresión.

En principio una tercera dosis no debería ser contraproducente, aunque hay estudios en España que puedan señalar lo contrario. Un estudio del grupo de Balbino Alarcón del CBMSO parece apuntar a que una dosis adicional con las vacunas actuales podría especificar la respuesta inmune a las variantes contras las que se crearon inicialmente las vacunas y perder efecto contra las variantes nuevas o futuras. Pero como decía al principio, nos queda mucha investigación por delante. Ahora mismo lo que está claro es la necesidad de acelerar el programa de vacunación mundial.

¿Podemos afirmar que las vacunas que se están suministrando en la actualidad siguen siendo efectivas frente a las variantes que circulan en este momento?

Podemos afirmar que, en su conjunto, las vacunas completas actuales protegen frente a las variantes que están circulando en lo esencial: la clínica grave y el fallecimiento. Sí se sospecha que contra algunas variantes tienen menos eficiencia que contra otras, como pasa con la variante mu, que es especialmente resistente a los intentos de neutralización con antisuero. Pero, en términos generales, ¡las vacunas con las que contamos son efectivas!

Los programas de vacunación han funcionado de forma exitosa en España. ¿Qué consecuencias tendría relajarnos con la vacunación, retrasar una segunda dosis, por ejemplo?

Retrasar la segunda dosis provoca que la inmunidad no sea completa. Un sistema inmunológico incompleto puede favorecer la persistencia del virus y, en momentos puntuales, como se supone que ocurrió con alfa en Gran Bretaña, hacer que aparezcan variantes nuevas que de alguna forma resulten resistentes a la inmunidad. Sin la pauta de vacunación recomendada ocurre algo semejante a los tratamientos incompletos de antibióticos: las bacterias no acaban de ser eliminadas en una persona que no ha terminado el tratamiento y se generan resistencias. Una persona que tampoco termina de forma efectiva la protección contra una infección vírica puede favorecer la aparición de variantes resistentes.

Un informe realizado por el Grupo Asesor Científico para Emergencias de Reino Unido (SAGE) planteaba cuatro escenarios posibles para la evolución de la pandemia de la COVID-19. Uno de ellos prevé que una nueva variante pueda matar a 1 de cada 3 contagiados.

Yo discrepo de ese estudio. Pero todo puede ocurrir, porque la evolución es un proceso ciego. La forma de atajarlo es acelerar el proceso de vacunación mundial. Cuanto menos margen tenga el virus de dispersarse en la población menos capacidad de mutación.

La variante delta cuenta con una capacidad de transmisión dos veces mayor que la original. ¿Qué posibilidades existen de que el virus mute todavía más y acabe siendo más letal?

La razón de existencia de los virus es la de adaptarse, optimizarse, evolucionar y tener la mayor eficacia de transmisión y reproducción en sus hospedadores. La variante delta está bastante evolucionada en este sentido, y ya se habla de cruces de segundos entre infectados y futuros pacientes. Pero recordemos que a los virus lo que les interesa es una mayor eficacia en transmisión, no ser más virulento. Un virus más efectivo es aquel que se transmite más, no aquel que produce más letalidad.

En tu último libro, el decimocuarto que publicas, hablas de la " sindemia " , un término con el que algunos científicos se refieren a la crisis de la COVID-19….

Sindemia es un compendio que significa "pandemia dentro de una pandemia". Cuando hablamos de otras crisis sanitarias, como por ejemplo el ébola, nos referimos a brotes específicos que no tuvieron mayores repercusiones que las clínicas. La llegada de la COVID-19 provocó hambrunas, se bloquearon los programas de vacunación mundiales con consecuencias fatales: para muchos niños no poder vacunarse de ciertas enfermedades prevenibles, como el sarampión, resultó en la muerte. Esta pandemia ha puesto patas arriba el orden sociocultural político, por eso quise hablar de la sindemia a la hora de referirme a la crisis provocada por el SARS-COV-2: diferentes pandemias dentro de una pandemia que lo cambió todo.

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

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