Aumento de tics de reciente aparición en adultos está asociado al estrés por la pandemia de COVID-19

Dr. Daniel M. Keller, Ph. D.

Conflictos de interés

29 de septiembre de 2021

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Un aumento inusual de tics de nueva aparición en pacientes sin antecedentes de estos trastornos se ha asociado con el estrés psicológico causado por la pandemia de COVID-19, sugiere una nueva investigación.[1]

Los resultados de un gran estudio de un solo centro muestran varios casos de movimientos y vocalizaciones similares a los de un tic con inicio abrupto entre los adolescentes mayores y los adultos durante la pandemia. Ninguno tenía un diagnóstico previo de tic. Entre 10 pacientes, dos fueron diagnosticados con un trastorno del movimiento puramente funcional, cuatro con un trastorno de tic orgánico y cuatro con ambos.

"Específicamente dentro de nuestra clínica de trastornos del movimiento hemos visto un mayor número de pacientes con un inicio casi explosivo de estos movimientos y vocalizaciones similares a un tic más adelante en la vida, más tarde de lo que se ve típicamente con los trastornos de tics orgánicos y el síndrome de Tourette, que es común en niños en edad escolar", señaló la investigadora del estudio, Dra. Caroline Olvera, de Rush University Medical Center, en Chicago, Estados Unidos.

"Se puede observar un inicio abrupto de síntomas en pacientes con trastornos de tics, aunque esto se suele citar como menos de 10%, o incluso 5% es más característico de los trastornos neurológicos funcionales en general y también de los tics psicógenos", agregó.

Los hallazgos se presentaron en el congreso virtual International Congress of Parkinson's Disease and Movement Disorders (MDS) 2021.

Ansiedad y otras afecciones psiquiátricas

Los trastornos de tics suelen comenzar en la niñez. Sin embargo, los investigadores observaron un aumento en el número de pacientes con aparición abrupta de movimientos y vocalizaciones similares a un tic más adelante en la vida, lo que es más característico de los trastornos neurológicos funcionales.

Para examinar el perfil, las afecciones asociadas y los factores de riesgo en esta población, los investigadores llevaron a cabo una revisión exhaustiva de las historias clínicas de los pacientes que asistieron a las clínicas de trastornos del movimiento entre marzo de 2020, cuando se declaró oficialmente la pandemia de COVID-19 y marzo de 2021.

Los pacientes con tics de inicio agudo se identificaron utilizando los códigos de la Clasificación Internacional de Enfermedades para tics conductuales, vocalizaciones de tic y síndrome de Tourette.

Luego los datos se redujeron a pacientes sin un diagnóstico previo de estas afecciones. La mayoría de los pacientes fue grabada en video para su evaluación por el resto de los neurólogos de trastornos del movimiento en la clínica. Desde el final del periodo de inclusión del estudio en marzo de 2021, la Dra. Olvera estimó que en la clínica se duplicó o triplicó el número de pacientes similares.

En la cohorte de estudio de 10 pacientes, la mediana de edad en el momento de la presentación fue de 19 años (rango: 15 a 41 años), nueve eran mujeres, el sexo del otro sujeto era desconocido y la duración de los tics fue de 8 semanas (rango: 1 a 24 semanas) cuando fueron atendidos por primera vez en la clínica. Cuatro pacientes informaron haber tenido una infección por COVID-19 antes del inicio del tic.

Todos exhibieron tics motores y nueve tenían tics vocales. Dos fueron diagnosticados con un trastorno neurológico puramente funcional, cuatro con solo un trastorno de tics orgánico y cuatro con tics orgánicos con una superposición funcional.

"Todos los pacientes, incluidos aquellos con trastornos de tics orgánicos, tenían antecedentes de ansiedad y también informaron un empeoramiento de la ansiedad en el contexto de la pandemia de COVID-19", destacó la Dra. Olvera.

La mayoría de los pacientes tomaba fármacos psicotrópicos antes de acudir a la clínica y estos eran principalmente para la ansiedad y la depresión. Tres pacientes tenían antecedentes de tendencias suicidas, a menudo muy graves y que llevaron a la hospitalización, señaló.

"En términos de nuestras conclusiones del proyecto, creemos que este fenotipo de inicio explosivo agudo de movimientos y vocalizaciones similares a un tic en esta población de adultos, en comparación con los trastornos típicos de tics orgánicos y el síndrome de Tourette, parece ser nuevo en la pandemia", dijo.

Advirtió que los tics orgánicos y funcionales comparten muchas características y, por lo tanto, pueden ser difíciles de diferenciar.

Estrés por COVID-19

Al comentar los hallazgos para Medscape Noticias Médicas, la Dra. Michele Tagliati, directora del programa de trastornos del movimiento en Cedars-Sinai Medical Center, en Los Ángeles, Estados Unidos, indicó que la investigación destaca cómo la comprensión de los médicos sobre enfermedades particulares puede verse desafiada durante eventos extraordinarios como COVID-19 y el aumento en el estrés que provoca.

"No me sorprende que estos trastornos puedan haber tenido un pico durante un momento estresante como es la pandemia de COVID-19", dijo.

Los pacientes están "realmente asustados y realmente ansiosos, tienen miedo de fallecer. Por tanto, pueden expresar su dificultad psicológica, su malestar, con estas llamadas de ayuda que parecen tics. Pero no son lo que consideramos cuestiones fisiológicas u orgánicas", agregó.

La Dra. Tagliati agregó que no considera que la aparición rápida de tics en adultos sea una complicación de la infección por coronavirus, sino más bien una consecuencia de la presión psicológica provocada por la pandemia.

El tratamiento de la ansiedad subyacente puede ser un enfoque útil, posiblemente con el apoyo de los psiquiatras, que en muchos casos es suficiente para aliviar las afecciones y superar los síntomas, anotó.

Sin embargo, en otras ocasiones no es tan simple, agregó. A veces los pacientes "caen en la brecha entre la neurología y la psiquiatría, entre 'realmente tienes una enfermedad y realmente no tienes una enfermedad' y ellos pueden estar muy afectados".

La Dra. Olvera y la Dra. Tagliati han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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