Sin diferencias de seroprevalencia entre sanitarios de hospital que trabajan en zonas COVID-19 y no COVID-19

Dr. Javier Cotelo

28 de septiembre de 2021

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MADRID, ESP. Un estudio español publicado en Infectious Diseases sobre la seroprevalencia del SARS-CoV-2 en todos los trabajadores sanitarios de un hospital de tercer nivel refrenda el mayor riesgo de infección en profesionales, aunque no arroja diferencias significativas entre los trabajadores de salas COVID-19 y no COVID-19.[1] Por otro lado, el uso de mascarilla universal debería ser obligatorio en los entornos sanitarios, dado el gran número de casos asintomáticos y paucisintomáticos detectados.

Los trabajadores sanitarios han sido una población crítica y vulnerable durante la pandemia del SARS-CoV-2. Según la última actualización del Ministerio de Sanidad, hasta el 9 de septiembre de 2021 se han notificado 146.972 casos confirmados en personal sanitario (utilizando la información agregada hasta el día 10 de mayo y la información individualizada desde el día 11 de mayo). Ha habido 60.436 casos en personal de centros sanitarios desde el 11 de mayo de 2020, 1.014 diagnosticados en los últimos 14 días y 394 en la última semana, de estos últimos la mayoría en Cataluña (70 casos) y en Madrid (60 casos).

Barra libre de seroprevalencia a todo el personal

El estudio determinó la seroprevalencia para el SARS-CoV-2 en un hospital terciario de Madrid (Hospital Universitario de Puerta de Hierro de Majadahonda), llevado a cabo durante la primera ola (24 de abril al 8 de mayo de 2020). A la vez que se iniciaron estudios similares en otros 25 hospitales de la Comunidad de Madrid, se invitó a un total de 4.894 trabajadores a someterse a un análisis de anticuerpos frente al nuevo coronavirus. Las muestras de suero se analizaron para detectar anticuerpos de los tipos inmunoglobulina M e inmunoglobulina G de SARS-CoV-2 utilizando técnicas de inmunoensayo enzimático e inmunoensayo de electroquimioluminiscencia.

Se sometieron al estudio serológico 4.324 (88,4%) trabajadores. La mayoría de sexo femenino (75,8%), con una edad media de 42 años. La seroprevalencia del SARS-CoV-2 fue de 16,6% (IC 95%: 15,5 a 17,7). La edad y el sexo no fueron estadísticamente significativos entre los trabajadores con o sin anticuerpos. La seroprevalencia del coronavirus fue de 18,0% en el personal del hospital, de 12,4% en los trabajadores de los servicios externos y de 4,7% en los trabajadores del instituto de investigación. De los 717 sanitarios que desarrollaron anticuerpos, 73 (1,7%) solo tenían anticuerpos de inmunoglobulina M, 225 (5,2%) tenían tanto anticuerpos de inmunoglobulina M como de inmunoglobulina G y 419 (9,7%) solo tenían inmunoglobulina G.

Un centro poco afectado en la primera ola

Dra. Mireia Cantero

La Dra. Mireia Cantero, facultativa del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda, en Madrid, y autora del estudio, comentó a Medscape en español: "Nos alegró que tuviéramos una seroprevalencia de 16%, alta según el estudio de seroprevalencia de población de la Comunidad de Madrid (10% a 11%), pero más baja respecto a los datos de otros hospitales que llegaron a hablar de 30% entre sus profesionales sanitarios, por lo que nuestro hospital no se había infectado tanto".

"Nos sorprendió que no hubiera diferencias de seroprevalencia entre profesionales que habían estado trabajando en zonas COVID-19 y los que habían estado en zonas limpias", destacó.

Por otro lado, "en nuestro hospital, como en otros, hubo muchos contagios entre profesionales, ya que las medidas de protección eran muy estrictas en la atención a los pacientes, pero al interactuar con los compañeros se relajaban las medidas", agregó la Dra. Cantero.

La incógnita de los sanitarios infectados

Dra. Ruth Figueroa

Por su parte, la Dra. Ruth Figueroa, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), señaló a Medscape en español: "Actualmente las pruebas serológicas frente a COVID-19 no disponen de puntos de corte para poder establecer claramente el nivel de inmunidad y su duración. Hay múltiples estudios publicados, pero con dificultad para comparar los resultados ofrecidos por los distintos autores, tipo de estudio, etc., lo que conlleva a controversias entre los distintos artículos".

"En caso de realizarse estudios de seroprevalencia, estos deben enfocarse en conocer la prevalencia de la infección en el personal sanitario, teniendo en cuenta que el verdadero porcentaje de sanitarios infectados por el SARS-CoV-2 sigue siendo una gran incógnita en esta pandemia".

"Lo que hemos aprendido en esta pandemia es enfocarnos en la seguridad de los sanitarios, realizando evaluaciones clínicas periódicas, como estrategia principal de búsqueda de casos y de sintomáticos por grupos de exposición laboral y en personal con COVID-19 positiva se debe realizar un seguimiento clínico desde el inicio de síntomas y cuarentena", añadió la infectóloga.

Diferencias por categoría profesional

Los resultados del estudio muestran diferencias en la seroprevalencia del SARS-CoV-2, las cuales por categoría profesional fueron estadísticamente significativas: trabajadores técnicos (11%), auxiliares de enfermería (16,2%), enfermeros (19,1%) y fisioterapeutas (19,2%). También por departamentos se detectó un mayor porcentaje de anticuerpos específicos en los trabajadores sanitarios de medicina (18,1%), cirugía (19,1%), así como de las unidades de cuidados intensivos (19,9%), en comparación con los trabajadores sanitarios de los laboratorios (9,4%).

Se confirmaron 268 (26,7%) infecciones entre 1.005 miembros del personal del hospital analizados con una prueba de reacción en cadena de la polimerasa. La mayor parte (60,5%) de los trabajadores sanitarios infectados por SARS-CoV-2, evaluados por prueba de reacción en cadena de la polimerasa o serología, podría considerarse asintomática o paucisintomática.

Aproximadamente 60% fue casi asintomático

La Dra. Cantero apuntó que "en la época en que se hizo el estudio cualquier profesional con síntomas se podía hacer con facilidad una prueba de reacción en cadena de la polimerasa, bien en el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales o en urgencias y vimos que 60,5% de los infectados era casi asintomático o paucisintomatico, ya que no llegó a pasar por el Servicio de Prevención".

"Es fundamental entender esto, tanto de cara a los sanitarios como por la población general, ya que hay mucha gente que no se entera y refuerza la necesidad de llevar siempre la mascarilla. En nuestro hospital ningún sanitario falleció por la COVID-19", añadió.

"Prácticamente desde el principio de la pandemia fue obligatorio llevar mascarilla; en todos los profesionales del hospital, al inicio con la escasez de mascarillas FFP2 hubo que seleccionar a qué profesionales de zonas críticas se les dotaba y a quién no. El hospital, al ser relativamente de nueva construcción, con habitaciones individuales, tuvo muy pocos casos de infecciones nosocomiales. El diseño arquitectónico separa los circuitos de tránsito de pacientes y profesionales, además de que la ventilación es muy buena", añadió la especialista.

Sin diferencias entre áreas COVID-19 y zonas limpias

Por otro lado, 61% del personal sanitario había estado trabajando en las zonas COVID-19, pero no hubo diferencias estadísticamente significativas en cuanto a seroprevalencia del SARS-CoV-2 entre el personal que había trabajado en las salas COVID-19, en comparación con quienes estaban en salas no COVID-19.

Respecto al continuo contagio de los sanitarios, la Dra. Figueroa indicó: "A pesar de la vacunación masiva se ha observado que en los países con altas coberturas la transmisión de SARS-CoV-2 ha disminuido, pero no se interrumpe del todo. En este horizonte y con la dominancia de la variante delta en gran parte de los países occidentales, la transmisibilidad aumenta por el escape parcial a la vacuna y la mayor posibilidad de reinfecciones, añadiendo que los sanitarios son un colectivo de alto riesgo".

"Es de suma importancia recordar que en ningún momento se puede bajar la guardia en las medidas de control de infección. Seguiremos viendo infecciones en vacunados, pero mucho menos graves y con menos decesos", destacó.

Testar la pérdida de anticuerpos

En cuanto a la continuidad del estudio, "no tenemos previsto realizar más estudios de seroprevalencia a todo el hospital; a medida que se han sucedido las distintas olas es cada vez más difícil valorar cuánta gente ha ido adquiriendo la infección. También hay pérdida de anticuerpos, por lo que habría que hacer muchos estudios seriados a las mismas personas, lo que se complica con la vacunación, ya que aun cuando se pueden distinguir serológicamente los anticuerpos naturales de los vacunales, no es sencillo hacer estos estudios y tienen pocas implicaciones en el manejo posterior de los profesionales, por tanto, no tiene mucho sentido hacerlo", indicó la Dra. Cantero.

"Está en marcha un estudio sobre sanitarios para ver en qué medida se pierden los anticuerpos generados y valorar si hubiera un momento óptimo para poner una tercera dosis vacunal. Aunque tampoco se sabe todavía si perdiendo los anticuerpos el sistema inmune volvería a responder ante una nueva exposición al virus".

Sin debate en la vacunación obligatoria

La Dra. Cantero agregó que en cuanto a la obligatoriedad de vacunar a los sanitarios, "en España la realidad es que nunca se va a poder obligar a vacunar a nadie, choca con lo culturalmente establecido, libertades y demás. Pero también la inmensa mayoría, en torno a 98% de los que trabajan en centros sanitarios, está vacunada, por ello no creo que eso pueda suponer un problema".

Ningún porcentaje logrará cortar la transmisión

Finalmente, cuestionada sobre la dificultad de alcanzar la inmunidad de grupo, la infectóloga señaló: "Al inicio de la pandemia se estimó en 70%, atribuyendo un número básico reproductivo de 2,5 al SARS-CoV-2 y añadiendo 10% más de seguridad, debido a que la efectividad media de las vacunas era mayor de 90%. A lo largo de la pandemia han aparecido variantes con mayor capacidad de transmisión, escape parcial a las vacunas, junto a otros factores que influyen tanto en el número básico reproductivo como en la efectividad vacunal. Dichos factores requieren un mayor porcentaje de población vacunada que 70%, contemplado al inicio para la inmunidad de grupo".

"Ningún porcentaje, por máximo que sea, logrará cortar completamente la transmisión, mientras no se disponga de vacunas esterilizantes. Por ello, en la COVID-19 se debería hablar de protección de grupo, ya que a pesar de todos los factores mencionados, las actuales vacunas siguen presentando una efectividad muy elevada frente a hospitalización, ingresos en cuidados intensivos y fallecimiento, además de limitar parcialmente la transmisión", concluyó.

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La Dra. Cantero y la Dra. Figueroa han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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