CASO CLÍNICO

Una contadora a quien le gustan los aeróbicos presenta hipo e incoordinación

Dr. Ajith Goonetilleke

Conflictos de interés

20 de septiembre de 2021

Las disecciones de la arteria cervical pueden afectar a las arterias carótida o vertebrales. Están implicadas en 2% de todos los ictus isquémicos, pero en hasta 10% a 25% de los casos en pacientes jóvenes y de edad mediana. La disección de la arteria cervical puede ocurrir de forma espontánea, y varios trastornos del tejido conjuntivo hereditarios (p. ej., síndrome de Ehlers-Danlos de tipo IV, síndrome de Marfan, enfermedad renal poliquística autosómica dominante y osteogénesis imperfecta) que se asocian con un aumento del riesgo. Las disecciones arteriales familiares se han relacionado con lentiginosis generalizada, coartación de la aortaválvula aórtica bicuspídea, y dilatación de la raíz aórtica.

La disección de la arteria cervical traumática ocurre con más frecuencia después de accidentes de tránsito. También se han implicado formas de traumatismo menos violento en la disección de la arteria cervical, en especial con las manipulaciones quiroprácticas de la columna cervical. Otras formas de traumatismo implicado en la disección de la arteria cervical son los deportes de contacto, yoga, calistenia, ejercicio aeróbico vigoroso, pintar el techo, convulsiones tónico-clónicas o subirse a la montaña rusa. El mecanismo del ictus en la disección de la arteria cervical suele ser tromboembólico debido a la interrupción del flujo sanguíneo normal en la región de la disección. La obstrucción parcial o total del vaso que luego origina un bajo flujo sanguíneo e isquemia lacunar es menos frecuente. La disección de la arteria cervical puede confirmarse mediante angiografía cerebral formal, pero procedimientos menos invasivos como la angiografía por resonancia magnética, angiografía por tomografía computarizada o los estudios de Doppler dúplex son diagnósticos en una alta proporción de pacientes.

La paciente en este caso acudió de forma aguda al servicio de urgencias, tuvo una tomografía computarizada cefálica normal, y se encontraba en el margen de tiempo para recibir tratamiento con trombólisis intravenosa. Se le administró 0,9 mg de activador del plasminógeno de los tejidos recombinante por kilogramo de peso por vía intravenosa 3 horas y 15 minutos después de haber comenzado su ictus. Se mantuvo bien y 24 horas más tarde comenzó tratamiento con ácido acetilsalicílico oral. Su hipo resistente al tratamiento se trató con clorpromazina oral y se resolvió después de dos semanas. Debido a que tenía una sensación de ardor intrusivo que afectaba el lado izquierdo de su cuerpo y también alteraciones de la visión a consecuencia del nistagmo persistente, se inició tratamiento con gabapentina. Estos dos síntomas se controlaron bien con gabapentina en dosis de 1.800 mg por día. La disfagia y la ataxia de la extremidad del lado derecho de la paciente mejoraron de tal forma que pudo consumir una dieta normal y caminar a la semana del ingreso hospitalario. La paciente fue dada de alta a su domicilio y pudo regresar a su trabajo como contadora 10 semanas después de su ictus.

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