Gravedad de la infección por SARS-CoV-2 y el riesgo de desarrollo de preeclampsia y parto prematuro

Tara Haelle

Conflictos de interés

7 de septiembre de 2021

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Nueva evidencia sugiere fuertemente que la COVID-19 causa un mayor riesgo de preeclampsia y parto prematuro en quienes tienen la infección durante el embarazo, según un estudio observacional retrospectivo publicado en American Journal of Obstetrics and Gynecology.[1]

Aunque el estudio fue observacional, su hallazgo principal fue una asociación de dosis-respuesta entre la gravedad de la COVID-19 y la probabilidad de preeclampsia o parto prematuro, cumpliendo un criterio clave para establecer la causalidad en una asociación.

"El hecho de que 43% (13/30) de los casos de preeclampsia diagnosticados después de la infección por SARS-CoV-2 fuera preeclampsia pretérmino (< 37 semanas) sugiere que la COVID-19 puede ser una causa de parto prematuro médicamente indicado que contribuye al exceso previamente reportado en la tasa de partos prematuros", escribieron el Dr. Jonathan Lai, del Fetal Medicine Research Institute of King's College Hospital, en Londres, Inglaterra, y sus colaboradores.

El estudio también encontró una mayor probabilidad de COVID-19 en quienes que tenían preeclampsia antes de la infección. "Si es que la preeclampsia puede predisponer a COVID-19 en algunos casos o si las dos afecciones pueden coexistir porque comparten factores de riesgo similares, requiere investigarse más a fondo", escribieron los autores.

Tampoco está claro si el mayor riesgo de preeclampsia contribuye al mayor riesgo de parto prematuro, según la Dra. Linda Eckert, profesora de obstetricia y ginecología en University of Washington, en Washington, Estados Unidos, quien se especializa en inmunización materna.

"COVID-19 está asociada con preeclampsia en este estudio y con parto prematuro. La pregunta sobre si la preeclampsia que conduce al parto prematuro también está asociada con la infección no se puede responder en este estudio, ya que todos los factores están probablemente interrelacionados. Existe una relación entre COVID-19 y la preeclampsia sin parto prematuro", señaló la Dra. Eckert.

Los investigadores examinaron retrospectivamente los datos de 1.223 mujeres embarazadas que dieron positivo a SARS-CoV-2 entre febrero de 2020 y marzo de 2021 en alguno de los 14 hospitales de maternidad del National Health Service, en Reino Unido. Los investigadores compararon la gravedad de la enfermedad entre las mujeres con el riesgo de preeclampsia como desenlace primario, seguido de los desenlaces de parto prematuro y edad gestacional al momento del parto.

Las infecciones por COVID-19 se clasificaron como asintomáticas, enfermedad leve (sin dificultad para respirar, disnea o imágenes anormales del tórax), enfermedad moderada (evidencia de enfermedad de las vías respiratorias inferiores, pero una saturación de oxígeno de al menos 94%) y enfermedad grave (que requirieron "manejo de alta dependencia o cuidados intensivos secundario a deterioro/insuficiencia respiratoria o disfunción multiorgánica").

Los investigadores ajustaron su análisis de la preeclampsia para considerar el riesgo previo de preeclampsia según las características maternas y el historial médico. El análisis del riesgo de parto prematuro incluyó el ajuste por edad materna, peso, altura, raza, método de concepción, hipertensión crónica, tabaquismo y diabetes.

La preeclampsia se presentó en 4,2% de las mujeres y 17,6% de las mujeres tuvo un parto prematuro. Además, 1,3% de la cohorte tuvo un aborto espontáneo y hubo 10 (0,81%) muertes fetales. Dado que se produjeron 21 casos de preeclampsia antes de que las mujeres dieran positivo, los investigadores eliminaron esos casos del análisis. Entre los 30 casos restantes, 13 mujeres tuvieron preeclampsia pretérmino y 17 preeclampsia a término.

Cuando los investigadores compararon el riesgo de preeclampsia de la población del estudio con el de una población separada con factores de riesgo similares, encontraron un mayor riesgo con una relación dosis-respuesta en las personas con infecciones por COVID-19. Mientras que 1,9% de las pacientes asintomáticas tenía preeclampsia, la incidencia fue de 2,2% en pacientes con enfermedad leve, 5,7% en aquellas con enfermedad moderada y 11,1% en aquellas con enfermedad grave. Las mujeres con COVID-19 grave tendían a ser mayores y a tener un índice de masa corporal más alto.

Después de los ajustes las mujeres tenían casi cinco veces más probabilidades de desarrollar preeclampsia si tuvieron COVID-19 grave, en comparación con las mujeres con infección asintomática (relative risk ajustado [RRa]: 4,9). Aquellas con enfermedad moderada o grave tenían el triple de riesgo de preeclampsia en comparación con aquellas con infección leve o asintomática (RRa: 3,3).

Para investigar si tener preeclampsia predispone a las mujeres a desarrollar la COVID-19, los investigadores compararon a las mujeres que tenían preeclampsia antes de tener la infección con mujeres del estudio que nunca desarrollaron preeclampsia. Aunque encontraron una tendencia hacia un mayor riesgo de COVID-19 moderado o grave después de la preeclampsia, la asociación no fue significativa antes o después del ajuste.

Los investigadores también encontraron una asociación dosis-respuesta en el riesgo de parto prematuro. Mientras que 11,7% de las pacientes asintomáticas tuvo un parto prematuro, la incidencia fue de 12,8% en aquellas con COVID-19 leve, 29,9% en aquellas con enfermedad moderada y 69,4% en aquellas con enfermedad grave. Las mujeres con enfermedad grave tenían más de cinco veces mayores probabilidades de tener un parto prematuro que las mujeres con una infección asintomática (RRa: 5,64), y el riesgo de parto prematuro fue 2,5 veces mayor en las mujeres con enfermedad moderada (RRa: 2,47).

"Además hubo una asociación dosis-respuesta entre la edad gestacional en el momento del parto y la gravedad de la infección por SARS-CoV-2", informaron los autores. La edad gestacional promedio en el momento del parto fue de 38,7 semanas en las mujeres asintomáticas en comparación con 37,5 semanas en las que tenían enfermedad moderada y 33 semanas en las que tenían enfermedad grave (p < 0,001).

"Cuanto más grave es la infección por el SARS-CoV-2, mayor es el riesgo de preeclampsia y parto prematuro. La infección por SARS-CoV-2 puede provocar disfunción endotelial, inflamación intravascular, proteinuria, activación de la trombina e hipertensión, que son características de la preeclampsia. Por tanto, se debe considerar una relación causal", escribieron los autores

Sin embargo, la asociación dosis-respuesta es sólo un criterio de causalidad, por lo que aún es prematuro decir definitivamente que existe una relación causal, destacó la Dra. Eckert.

"Se necesita más investigación en diferentes poblaciones de diferentes etnias antes de que se pueda asegurar la causalidad", añadió.

El Dr. Anthony Sciscione, director de medicina materno-fetal y de la residencia de ginecología y obstetricia en ChristianaCare, en Delaware, Estados Unidos, estuvo de acuerdo en que la relación precisa entre ambos sigue sin resolverse.

"No sabemos qué causa la preeclampsia sospechamos fuertemente que tiene que ver con una disfunción placentaria o disfunción endotelial, y está realmente claro que las mujeres que contraen COVID-19 tienen un riesgo mucho mayor de preeclampsia", indicó el Dr. Sciscione. Es posible que no exista una relación real entre ambos (o que la mayor vigilancia hacia las mujeres con COVID-19 esté haciendo notar la relación), pero es más probable que esté sucediendo una de otras dos situaciones. Ya sea que COVID-19 involucra un síndrome que se parece a la preeclampsia en mujeres embarazadas, o que la enfermedad "conduce a la cascada que causa la preeclampsia".

Una implicación clínica clara de estos hallazgos es que "las mujeres que tienen COVID-19 grave al principio del embarazo pueden necesitar ser vigiladas más de cerca para detectar signos de desarrollar preeclampsia y que las mujeres con COVID-19 grave tienen más probabilidades de tener partos prematuros. Esto apoya absolutamente la necesidad de que las personas embarazadas reciban una vacuna contra la COVID-19", añadió.

El Dr. Sciscione destacó que su experiencia al asesorar a pacientes embarazadas sobre la vacuna ha dejado en claro que las pacientes generalmente quieren hacer lo que es más seguro para sus bebés y pueden sentir inquietud por la seguridad de la vacuna. "La verdad es que ahora hay una creciente evidencia de que existen efectos fetales, no sólo efectos maternos" de la COVID-19. Agregó que el parto prematuro está asociado con una variedad de resultados adversos a largo plazo, como parálisis cerebral y discapacidades de aprendizaje.

"En este momento es de vital importancia que a las mujeres se les ofrezca la vacuna y se vacunen porque sabemos que las personas que se vacunan no se enferman tan gravemente", concluyó el Dr.  Sciscione.

La investigación fue financiada por Fetal Medicine Foundation y National Institutes of Health. Los autores y Eckert han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. El Dr. Sciscione es el editor asociado del American Journal of Obstetrics and Gynecology, donde apareció el estudio.

Este contenido fue originalmente publicado en MDEdge, parte de la Red Profesional de Medscape.

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