En México inició el regreso a clases, ¿estamos preparados para un regreso seguro?

Nelly Toche

31 de agosto de 2021

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Después de 75 semanas de permanecer cerradas por la declaración de pandemia de COVID-19 en México, el 30 de agosto escuelas públicas y privadas iniciaron clases presenciales en al menos 30 entidades del país, lo que significa que 25 millones de alumnos y 1'225.000 docentes de nivel básico acudirán a más de 230.000 planteles educativos.

La realidad se contrapone con esta medida, ya que cada autoridad educativa local, gobiernos municipales o alcaldías, así como supervisores, directivos, personal docente, de apoyo y asistencia a la educación, madres, padres de familia o tutores, han tenido que improvisar y organizar el regreso a clases de acuerdo a sus posibilidades y en muchos casos con su propios recursos.

A pesar de que la Secretaría de Educación Pública (SEP) presentó la Guía para el Regreso Responsable y Ordenado a las Escuelas Ciclo Escolar 2021-2022, documento elaborado de manera conjunta con la Secretaría de Salud (SSA) en el que se habla de nueve intervenciones para la limpieza, higiene y salud, especialistas consideran que es insuficiente y aun cuando coinciden en que el regreso a clases es inminente, aseguran que en el país aún no están dadas las condiciones para esto.

Todavía en abril de 2021 la SEP reiteraba que el regreso a clases presenciales sería en las entidades con semáforo epidemiológico en verde, de forma gradual y voluntaria, por lo que madres y padres de familia estarían en libertad de decidir llevar o no a sus hijos a los planteles escolares; además aseguraban que se debían acordar las medidas pertinentes para el mejoramiento y desarrollo de las comunidades de aprendizaje.

En contraste, México se encuentra en su tercera ola de contagios, superando en números a la segunda ola de enero, aunque no así en decesos. Hasta este lunes, las cifras oficiales de la SSA reportaban un acumulado de 3'341.264 contagios y 258.491 fallecimientos. Con estos datos, de acuerdo con el recuento de la Johns Hopkins University, México se mantiene como el cuarto país con más decesos por COVID-19 solo por detrás de Estados Unidos, Brasil e India, y el decimoquinto en número de contagios confirmados.

Además, de acuerdo con el semáforo epidemiológico, del 30 de agosto al 5 de septiembre hay 7 entidades en el color rojo para identificar el riesgo máximo por COVID-19, 17 en naranja, 7 en amarillo y solo 1 en verde (Chiapas).

A este panorama se incluye el número de casos en menores. De acuerdo con el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna), del pasado 12 de abril de 2020 al 22 de agosto de 2021 los contagios acumulados en niñas, niños y adolescentes con resultado positivo confirmado de SARS-CoV-2 es 65.426 y 640 defunciones, de las cuales 290 correspondieron al sexo femenino y 350 al sexo masculino.[1] Entre junio y agosto de este año el incremento de diagnósticos de COVID-19 en niños y adolescentes fue de manera acelerada, pasando de un diagnóstico diario de 53 casos positivos en el mes de junio a 225 diagnósticos diarios en promedio durante la primera semana de agosto, lo que representa un aumento de 401%.

De los contagios acumulados por grupos de edad con resultado positivo, 18,6% corresponde a la población de 0 a 5 años, 23,9% a la población de 6 a 11 años y 57,5% a la población de 12 a 17 años, es decir, justo el rango de los alumnos de educación básica.

Inician las clases, ¿qué sabemos ahora?

Dentro de este panorama incierto sobre las condiciones de un regreso seguro, también se tiene evidencia de que en muchas instituciones de educación pública se ha cerrado la posibilidad real de atender clases en formato híbrido, pues directores y maestros han notificado a los padres de familia que no habrá clases ni asesorías virtuales y que los menores deben presentarse a las escuelas y de no hacerlo, solo tendrán el apoyo de Aprende en Casa.[2]

A la par, las condiciones de infraestructura e higiene para la educación básica no cumplen con el mínimo indispensable en su totalidad. El Dr. José Narro Robles, exsecretario de salud, dijo que de los 230.000 planteles, 30.000 se encuentran sin electricidad, 60.000 sin agua potable y 70.000 sin lavabos. "Aunque este rezago viene de mucho tiempo atrás, es uno de los temas que hay que resolver en calidad de urgencia. No es posible que tengamos una infraestructura tan deteriorada y con ello se pretenda regresar a las aulas".

La maestra Sofía, quien colabora en el jardín de niños Concepción Sierra Lanz Duret, en la alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México, es un ejemplo de las malas condiciones e incertidumbre en la que se encuentran los planteles.[2] Ella desconoce si la plaga de ratones que hallaron cuando fueron convocados a limpiar la escuela ha sido controlada o si por fin la alcaldía o la autoridad educativa resolvió la fuga de agua que está a mitad del patio principal. "Mi escuela cuenta con una tubería con una fuga que realmente solo fue parchada por la delegación. Nos comentaron que no había el recurso por parte de la delegación para cubrir el cambio de tubería y nos pidieron que notificáramos a las autoridades porque la delegación no lo puede cubrir. Se notifica a nuestra dirección operativa que (a su vez) notifica a la autoridad educativa y la respuesta es: ‘Convoquen a los padres de familia y vean si ellos lo pueden solventar con apoyos propios’".

A tiempo de prevenir "oportunidades perdidas"

Especialistas en políticas de salud e investigadores coinciden en que a pesar de que no hay duda de que regresar a clases es fundamental para el aprendizaje cognitivo y social, además de tratar de recuperar el rezago y deserción que se han acumulado, se necesita una evaluación sobre las condiciones de la pandemia para contar con parámetros que garanticen un retorno seguro. "El regreso a clases requiere de compromiso y de medidas basadas en la evidencia; para regresar tenemos que determinar el cuándo y el cómo", aseguró Salomón Chertorivski, exsecretario de salud.

En este sentido, grupos como el Colegio de Pediatría de San Luís Potosí, integrado por 200 especialistas de la Confederación Nacional de Pediatría en México, han propuesto instrumentos para tomar acciones, pues los médicos señalan que el riesgo de contagio de COVID-19 entre los niños es alto.

Por ejemplo, puntualizaron que cada escuela debe tener un protocolo particular que se base en las características sociodemográficas y epidemiológicas, ya que como mostró el programa creado por los investigadores de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), Programa Virus Universitario, existen distintos puntos en donde hay una mayor propagación de la COVID-19 y los niños son grandes dispersores y aceleradores de la enfermedad. Explicaron que aun cuando todavía no hay un control de la epidemia, se conocen los medios de transmisión y las medidas que se deben llevar a cabo para la prevención y control de riesgos, por lo que se podría garantizar un ambiente sano y propicio basado en la mejor evidencia científica.

Dr. Andreu Comas

El Dr. Andreu Comas, académico de la Facultad de Medicina y del Centro de Investigación en Ciencias de la Salud y Biomedicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, comentó que en México no se ha confiado en la realización masiva de pruebas y, por tanto, se debe diseñar una estrategia que disminuya la probabilidad de que el virus entre a la escuela, lo cual es posible, pero requiere capacitación, compromiso, planeación y medidas nuevamente basadas en evidencia científica.

Agregó que la capacitación es un punto central, con acciones de bajo costo, pero que implican revisar aula por aula para determinar sus condiciones y un verdadero conocimiento de los involucrados sobre las acciones y protocolos.

El Colegio de Pediatría de San Luís Potosí coincide en varios aspectos ya señalados en la guía para el regreso a clases, pero asegura que antes de pasar al modo presencial en una decisión precipitada y en condiciones adversas, se debería asegurar que de entrada el personal docente y de apoyo está capacitado conforme a los lineamientos de la SEP y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para poder cumplir con todos los filtros diarios; que todos sepan qué hacer en caso de un reporte de sospecha de enfermedad o un caso positivo, cómo manejar los recesos, infraestructura, traslados a las escuelas, aforos y recomendaciones generales. "En este caso las escuelas podrían convertirse incluso hasta en un 'sensor' de la epidemia", aseguró el Dr. Comas.

Otros especialistas también han generado información sobre "el cómo" del regreso a clases.[3] El colectivo Unidos por la Salud de los mexicanos creó una serie de iniciativas en función de preparar este momento. "Cuando hay una epidemia o pandemia los momentos no se seleccionan, pero sí se anticipan y se pueden planificar", destacó el Dr. José Narro Robles.

Por otro lado, la University of Miami, en voz del Dr. Julio Frenk, explicó que el ejercicio más importante será el de un análisis comparativo de riesgos, pues ninguna acción está exenta de estos; en este sentido la pregunta no es si se debe regresar a clases, sino cómo.

Por ello señalaron seis condiciones esenciales para lograr un regreso seguro: 1) que todos los adultos en las escuelas estén vacunados, 2) un esquema riguroso de pruebas, rastreo y planes de cuarentena, 3) uso correcto de mascarillas, 4) mantener distanciamiento físico y evitar aglomeraciones,5) incrementar la ventilación, sobre todo antes del invierno e 6) insistir en el lavado de manos y evitar que los niños las lleven a la cara.

El Dr. Frenk agregó que uno de los muchos errores que se han cometido en México consiste es no declarar como orientación de política pública hacer pruebas de vigilancia. "Se dijo que hacer pruebas era un desperdicio y eso ha hecho que en México siempre estemos detrás del virus. Esto hay que corregirlo y no tenemos mucho tiempo". Agregó que se pueden hacer esquemas de muestreo rotatorio con suficiente frecuencia para pescar casos de infección asintomática, "con un sistema de rastreo de contacto riguroso se podría dar un paso importante". Dijo que esto cuesta mucho dinero, pero cuesta mucho más hacerlo mal, ahora el tiempo apremia y preocupa. "Hoy no veo una prioridad más alta en el país que abrir las escuelas de forma segura". 

La experiencia internacional

Los gobiernos del mundo también han tomado la decisión de implementar el regreso a clases. A lo largo del año ha comenzado un heterogéneo regreso, incluso desde el año pasado. Algunos de manera totalmente presencial o implementando modelos híbridos que también incluyan la educación remota.

En Latinoamérica el país más adelantado fue Uruguay, que solo permaneció tres meses con sus escuelas cerradas; en junio de 2020 el retorno a las aulas se dio en todos los espacios educativos del territorio, siguiendo estrictos protocolos de bioseguridad. Sin embargo, por aumento de contagios se volvieron a suspender las actividades, pero se brindó un plan para dotar de conectividad, por lo que todos los niños, independientemente de su condición económica, pudieron seguir en clases. 

Por su parte, desde mayo, en Estados Unidos algunos estudiantes regresaron a las aulas y actualmente 46% de los colegios se encuentra abierto. Como aspectos generales se priorizó la vacuna a personal docente y se creó un plan de rescate aprobado por el congreso, con una partida millonaria para mejorar las infraestructuras escolares, sobre todo en temas de ventilación.

El regreso a las clases presenciales ha continuado, pero con algunas restricciones ante la nueva ola de contagios, por lo que Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos y la American Academy of Pediatrics (AAP) recomendaron el uso de mascarillas para estudiantes y maestros, con la finalidad de evitar la propagación del virus, medida que se contrapone con las de algunos gobiernos locales, como Florida, Texas o Arizona, que han descartado el uso obligatorio de mascarillas.

En el territorio europeo también comenzaron el regreso a clases, lo cual se había previsto hacer a finales de 2020, sin embargo, la tercera ola de COVID-19 retrasó los planes, por lo que cada país regresó a las aulas a diferentes velocidades, con protocolos básicos, como distanciamiento social, uso de gel antibacterial, mascarillas, lavado constante de manos y el rápido avance de la vacunación, donde los maestros formaron parte de la población prioritaria. Aunque en estos momentos la mayoría de los países europeos tienen un periodo vacacional de verano.

En el caso de España se implementó un esquema para gestionar los brotes en las escuelas. Las autoridades confinan y aíslan las escuelas en las que se han registrado brotes, siguiendo un protocolo de cierre, seguimiento y control y en ese momento los alumnos toman clases desde su casa.

En Italia los estudiantes de preescolar y primaria volvieron a las aulas en enero, mientras que el sistema de educación a distancia se mantuvo para los estudiantes de secundaria y los universitarios unas semanas más. De esa manera se lograba un retorno más escalonado que permitía un mayor control ante posibles infecciones.

Otra forma efectiva ha sido la realización de pruebas para gestionar los casos. En Reino Unido, por ejemplo, el Ministerio de Educación solicitó a los estudiantes de educación secundaria y universitaria una prueba antes de volver a clase el pasado 7 de junio. También se tiene un programa de rastreo de posibles casos de coronavirus desde que retomaron las clases de educación secundaria y universitaria en marzo. Ese sistema ha ayudado a identificar focos de contagio y aislarlos antes de que se conviertan en una zona de infección. Así, las escuelas en Inglaterra han realizado más de 50 millones de pruebas desde enero.

En Países Bajos se volvió a clases en marzo (bachillerato) y mayo (nivel básico), cuando se aseguró que el riesgo de contagio era manejable. El modelo neerlandés consta de puntos importantes, como el tamaño de los edificios y la cantidad de aulas, lo que determina la frecuencia con que los estudiantes pueden acudir a la escuela; los planteles con espacios limitados establecieron acuerdos con cines, centros de exposiciones y hoteles para ofrecer clases presenciales; el último punto a destacar son estímulos financieros: aquí se destinaron 340 millones de euros para ayudar a las instituciones para cumplir con los estándares de higiene y protección.

Todos estos protocolos, las campañas de vacunación, los planes de educación a distancia y programas de respuesta han permitido a Europa tener un retorno más seguro a las clases.

En otras latitudes, China regresó a clases desde 2020; a finales de marzo muchas escuelas fueron abriendo paulatinamente, con mascarillas, controles de temperatura, pantallas plásticas protectoras en los comedores. Desde que inició el regreso a clases las medidas de precaución son omnipresentes y el silencio también es casi un mandato.

Sin embargo, ante el regreso de brotes hubo diversas suspensiones, con regresos diferenciados. Para este nuevo ciclo, en la capital, Pekín, los estudiantes de escuela primaria y secundaria retornaron a partir del 29 de agosto y las guarderías el 8 de septiembre. "Estamos adoptando un método de gestión cerrado. Los centros se dividirán en diferentes áreas. Lo importante es que en caso de un incidente podamos delimitar a los afectados y minimizar el impacto", manifestó el representante de educación Li Yi.

En este país los estudiantes firman una carta compromiso y son responsables del cumplimiento de sus obligaciones; en materia de prevención deben "cooperar con los departamentos" y en caso de que sea necesario, hacerse la prueba, someterse a inspecciones de salud, a investigaciones epidemiológicas o incluso a confinamientos.

El Dr. Comas ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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