Nacimientos prematuros y tempranos se vincularon con aumento del riesgo de autismo

Jaleesa Baulkman

Conflictos de interés

25 de agosto de 2021

Los nacimientos prematuros y tempranos se asociaron con un aumento en el riesgo de autismo, independientemente de factores genéticos ambientales, de acuerdo con nueva investigación publicada en Pediatrics.[1]

Aunque en estudios previos se han vinculado los nacimientos prematuros con un aumento del riesgo de autismo, un estudio realizado en 2017 y publicado en Cerebral Cortex mostró que a 27,4% de los niños nacidos extremadamente prematuros se les diagnosticó autismo, la Dra. Casey Crump, Ph. D., dijo que aún no estaban claras la potencial causalidad, las diferencias específicas de sexo y la relación con nacimientos de término temprano.[2]

"El nacimiento prematuro previamente se había vinculado con más riesgo de autismo. Sin embargo, persisten sin respuesta varias interrogantes importantes", añadió la Dra. Crump, profesora y vicepresidenta de investigación del Departamento de Medicina de Familia y Salud de la Comunidad y profesora de epidemiología del Departamento de Ciencias y Política de la Salud de la población en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, en Nueva York, Estados Unidos. "En nuestra opinión, nuestro estudio es el más grande que se haya realizado hasta el momento sobre la edad gestacional al nacer en relación con el autismo, y uno de los primeros en investigar diferencias específicas de sexo, nacimientos tempranos o la influencia de factores familiares compartidos".

La especialista y sus colaboradores analizaron datos de más de 4 millones de lactantes nacidos en Suecia entre 1973 y 2013 a los que se les hizo seguimiento del trastorno del espectro autista identificado a partir de los diagnósticos de pacientes externos y hospitalizados a nivel nacional hasta diciembre de 2015. Los niños nacidos entre las 22 y 27 semanas se consideraron extremadamente prematuros; los nacidos entre las 28 y 33 semanas se caracterizaron como muy prematuros a moderadamente prematuros y los nacidos entre las 34 y 36 semanas se consideraron prematuros tardíos. Los nacimientos tempranos se caracterizaron como lactantes nacidos entre las 37 y 38 semanas y los niños nacidos entre las 39 y 41 semanas se consideraron nacidos a término.

Encontraron que a 6,1% de los nacidos extremadamente prematuros se les estableció un diagnóstico de autismo. Mientras tanto, las prevalencias del trastorno del espectro autista fueron de 2,6% para los muy prematuros a moderadamente prematuros, 1,9% para los prematuros tardíos, 2,1% para todos los prematuros y 1,6% para los de término temprano, en comparación con 1,4% para los nacimientos a término.

El análisis de los investigadores demostró que los nacimientos prematuros y tempranos se asociaron con un aumento significativo del riesgo de autismo en hombres y mujeres. Niños que nacieron extremadamente prematuros tuvieron un incremento aproximado de cuatro tantos en el riesgo de autismo. Los investigadores también observaron que cada semana gestacional adicional se asociaba con una prevalencia 5% más baja del trastorno del espectro autista en promedio.

"El riesgo elevado incluso en lactantes prematuros tardíos no es del todo sorprendente debido a que varios investigadores han demostrado una mayor incidencia de problemas cognitivos, motores y de lenguaje tempranos, al igual que de problemas escolares… y de trastornos psiquiátricos, algunos de los cuales pueden continuar hasta la edad adulta", afirmó en un comentario editorial la Dra. Elisabeth McGowan, quien no intervino en el estudio.[3]

La Dra. Crump consideró que la asociación entre el nacimiento prematuro y el autismo puede deberse a un aumento de los niveles de marcadores inflamatorios. Un estudio realizado en 2009 y publicado en Reproductive Sciences demostró que el aumento de los niveles de citocinas proinflamatorias se ha relacionado con el momento y el inicio del parto prematuro, y también se han detectado en el cerebro y en el líquido cefalorraquídeo de individuos con autismo "y pueden desempeñar un papel clave en su patogenia", destacó la Dra. Crump.[4]

"La alteración de las conexiones neuronales impulsada por factores inflamatorios durante periodos decisivos del desarrollo cerebral puede ser central para el desarrollo del autismo", explicó la Dra. Crump.

Sin embargo, la Dra. Crump dijo que cuando los riesgos relativos de autismo fueron más altos en los nacidos prematuros, el riesgo absoluto del trastorno es bajo.

"El estudio de la Dra. Crump en muchos sentidos es una explicación definitiva de las tasas elevadas de trastorno del espectro autista en lactantes prematuros", destacó la Dra. McGowan, profesora asociada de pediatría en el Women and Infants Hospital, en Providence, Rhode Island. "Y aunque el impacto de la prematuridad sobre el desarrollo del cerebro puede ser parte de la cadena causal que origina el trastorno del espectro autista (u otros desenlaces del neurodesarrollo), estos factores están operando en un panorama biológico complejo, con trayectorias hacia los desenlaces de trastorno del espectro autista que cabe esperar son heterogéneas".

El trastorno del espectro autista es un trastorno del desarrollo que afecta a 1 de cada 54 niños de acuerdo con Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos. A muchos niños no se les diagnostica trastorno del espectro autista sino hasta una edad más tardía en la infancia, lo que en algunos casos retrasa el tratamiento y la intervención temprana. El trastorno puede detectarse ya desde los 18 meses, pero la edad promedio de diagnóstico de trastorno del espectro autista es de 4,3 años, de acuerdo con CDC.

"Los niños nacidos prematuramente necesitan evaluación temprana y seguimiento a largo plazo para facilitar la detección oportuna y el tratamiento del autismo, en especial los nacidos a edades gestacionales más tempranas", señaló la Dra. Crump. "En pacientes de todas las edades, la edad gestacional al nacer debería incluirse sistemáticamente en la anamnesis y en las historias clínicas para ayudar a identificar en la práctica clínica a los nacidos prematuros o a los de término temprano. Tal información puede proporcionar un contexto valioso adicional para comprender la salud de los pacientes y puede facilitar la evaluación más temprana del autismo y otros trastornos del neurodesarrollo en los nacidos prematuros".

La Dra. Crump y sus colaboradores dijeron que se necesita más investigación para comprender los mecanismos biológicos que vinculan el nacimiento prematuro con mayores riesgos de autismo, lo que "puede revelar nuevas dianas para la intervención en intervalos decisivos del neurodesarrollo a fin de mejorar la trayectoria de la enfermedad".

La Dra. Crump y la Dra. McGowan han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Este contenido fue originalmente publicado en MDEdge, parte de la Red Profesional de Medscape.

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