La actividad física compensa los graves riesgos para la salud ocasionados por la falta de sueño

Batya Swift Yasgur

Conflictos de interés

12 de agosto de 2021

Realizar o exceder la cantidad semanal recomendada de actividad física puede compensar los riesgos graves para la salud asociados con la mala calidad del sueño, incluido el fallecimiento, sugiere una nueva investigación.[1]

Los investigadores analizaron datos sobre cerca de 400.000 adultos de mediana edad y encontraron que durante un periodo de 11 años, aquellos con mala calidad de sueño junto con bajos niveles de actividad física tenían un 57% más de riesgo de mortalidad por todas las causas, un 67% más de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, un 45% más de riesgo de muerte por cualquier tipo de cáncer y un 91% más de riesgo de fallecimiento por cáncer de pulmón, en comparación con sus contrapartes con buen sueño y niveles altos de actividad física.

"Nuestro estudio encontró que la falta de actividad física aumenta los riesgos de mortalidad prematura de la falta de sueño de una manera sinérgica, y a la inversa, el cumplimiento de las recomendaciones de la actividad física contrarrestaba la mayoría de los riesgos de la falta de sueño", comentó a Medscape Noticias Médicas el investigador del estudio, Emmanuel Stamatakis, Ph. D., profesor de la Facultad de Medicina y Salud del Charles Perkins Centre de la University of Sydney, en Sídney, Australia.

El estudio fue publicado en versión electrónica el 29 de junio en British Journal of Sports Medicine.

¿Efectos combinados?

La actividad física y el sueño son fundamentales para la buena salud, pero a nivel mundial muchas personas no obtienen los niveles necesarios de ninguno de los dos, lo que provoca una enorme carga de enfermedad y compromete la calidad de vida, dijo Stamatakis.

La actividad física y el sueño afectan cada uno de forma independiente el estado de salud. También es posible que "influyan en el estado de salud a través de vías relacionadas. Sin embargo, sabemos muy poco sobre los efectos combinados de estos dos aspectos clave de nuestro estilo de vida", señalaron los autores.

Para investigar los posibles "efectos combinados", los investigadores utilizaron datos de participantes del UK Biobank, de Reino Unido, una cohorte prospectiva de más de 500.000 adultos que fueron reclutados entre 2006 y 2010, así como información de mortalidad de series de datos nacionales.

Los niveles semanales normales de actividad física de los participantes se midieron en equivalentes metabólicos de minutos de tarea (MET/min), que son aproximadamente equivalentes a la cantidad de energía gastada por minuto de actividad física, según Stamatakis.

La actividad física se clasificó como baja (0 a < 600 MET/min/semana), media (600 a < 1200 MET/min/semana) o alta (≥ 1.200 MET/min/semana). Los investigadores también crearon una categoría denominada: "Sin actividad física moderada a vigorosa".

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda 150 minutos de actividad física moderada o 75 minutos de actividad física vigorosa a la semana, anotó Stamatakis.

Los investigadores crearon una "nueva puntuación de sueño saludable" que se basó en cinco características de sueño saludable: cronotipo matutino, duración adecuada del sueño (7 a 8 horas/día), no experimentar insomnio de manera usual, no roncar, y no presentar somnolencia diurna frecuente.

Los participantes recibieron una puntuación de sueño de 1 a 5, con ≥ 4 indicando "sueño saludable", 2 o 3 indicando "sueño intermedio" y ≤ 1 indicando "sueño deficiente".

Las covariables incluyeron edad, sexo, índice de masa corporal (IMC), nivel socioeconómico, consumo de frutas y verduras, comportamiento sedentario, estado de salud mental, tabaquismo, estado laboral, consumo de alcohol y puntuación del sueño o actividad física.

Se excluyó a los participantes con antecedentes de enfermedad cardiovascular o cáncer. Los investigadores también excluyeron a los pacientes que fallecieron por COVID-19.

Los participantes tuvieron seguimiento durante una media de 11,1 años hasta mayo de 2020 o hasta el deceso (todas las causas, enfermedad cardiovascular, cardiopatía isquémica, ictus hemorrágico o isquémico, cáncer de cualquier tipo y cáncer de pulmón).

Efectos sinérgicos

De los que cumplieron con los criterios de inclusión (n = 380.055; edad promedio [DE]: 55,9 [8,1] años; 45% integrado por hombres; IMC promedio: 26,9 kg/m2 [4,1]); 3% tenía sueño deficiente, 42% sueño intermedio y 56 %sueño saludable.

Más de la mitad (59%) presentaba niveles elevados de actividad física; 16% no realizaba actividad física moderada a vigorosa,10% tenía actividad física baja, y 15% tenía actividad física media.

"Los participantes que eran más jóvenes, de sexo femenino, más delgados, enfrentaban menos privaciones socioeconómicas, consumían más frutas y verduras, se sentaban menos, no tenían problemas de salud mental, no fumaban, no estaban empleados en trabajos de turnos, bebían menos alcohol y tenían más actividad física, tendían a tener puntuaciones de sueño más saludables", informaron los autores.

Después de ajustar los factores de confusión y los niveles de actividad física, el sueño deficiente e intermedio se asoció con mayores riesgos de mortalidad, en comparación con el sueño saludable:

Mortalidad

Sueño deficiente (IC 95%)

Sueño intermedio (IC 95%)

Todas las causas

1,23 (1,13 a 1,34)

1,05 (1,02 a 1,09)

Enfermedad cardiovascular

1,39 (1,19 a 1,62)

1,09 (1,03 a 1,17)

El sueño deficiente se asoció con ictus isquémico (hazard ratio [HR]: 1,94 [1,29 a 2,94]); el sueño intermedio se asoció con cardiopatía coronaria (HR: 1,16 [1,06 a 1,27]).

En comparación con los participantes que tenían un alto nivel de actividad física, aquellos con niveles más bajos de actividad física tenían un riesgo incrementalmente mayor de mortalidad por todas las causas después de ajustar los factores de confusión.

Actividad física media

Actividad física baja

Sin actividad física moderada a vigorosa

1,05 (1,01 a 1,10)

1,08 (1,02 a 1,14)

1,25 (1,20 a 1,31)

Los participantes sin actividad física moderada a vigorosa también tenían un mayor riesgo de todas las demás afecciones, excepto el ictus hemorrágico:

Enfermedad cardiovascular

1,31 (1,21 a 1,42)

Cáncer todo tipo

1,16 (1,10 a 1,23)

Cardiopatía coronaria

1,35 (1,21 a 1,52)

Ictus isquémico

1,38 (1,07 a 1,77)

Cáncer de pulmón

1,35 (1,19 a 1,53)

Los participantes con la peor calidad de sueño que también hicieron menos ejercicio tuvieron el mayor riesgo de desenlaces adversos (excepto ictus hemorrágico), en comparación con aquellos con alta actividad física y buen sueño:

Actividad física media

Actividad física baja

Sin actividad física moderada a vigorosa

1,05 (1,01 a 1,10)

1,08 (1,02 a 1,14)

1,25 (1,20 a 1,31)

"Las asociaciones perjudiciales de la falta de sueño con los riesgos de mortalidad por todas las causas y por causas específicas se ven exacerbadas por la baja actividad física, lo que sugiere probables efectos sinérgicos", escribieron los autores.

"Por 'efectos sinérgicos' nos referimos a que la inactividad física amplificó los riesgos para la salud de la falta de sueño de una manera que el riesgo combinado de mortalidad de la inactividad física más la falta de sueño fue mayor que la suma de los riesgos independientes del sueño solo y de la inactividad física sola", dijo Stamatakis.

"Ganar-ganar"

Al comentar para Medscape Noticias Médicas, el Dr. Nitun Verma, portavoz de American Academy of Sleep Medicine, señaló que aunque el estudio es asociativo y no evaluó la causalidad, "se suma al conjunto de investigaciones que asocian el sueño saludable y la actividad física con un mejor estado de salud".

El Dr. Verma, médico del sueño en AC Wellness, en Cupertino, Estados Unidos, que no participó en el estudio, dijo que "refuerza la importancia de que los médicos consideren tanto la salud del sueño como la actividad física de todos los pacientes en la atención primaria".

Stamatakis estuvo de acuerdo.

"Al agregar una prescripción de actividad física a un plan de tratamiento de trastornos del sueño, los médicos ayudarán a los pacientes a disfrutar de la multitud de beneficios directos para la salud de un estilo de vida activo, mejorar sus patrones de sueño, y como muestra nuestro nuevo estudio, incluso pueden mitigar algunos riesgos que provienen de la falta de sueño. Invertir en actividad física es un ganar-ganar tanto para los médicos como para el público en general", concluyó.

El trabajo de Stamatakis fue financiado por una beca del National Health and Medical Research Council. Sus coautores y el Dr. Verma han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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