La COVID-19 es un factor de riesgo independiente para infarto de miocardio e ictus

Megan Brooks

Conflictos de interés

6 de agosto de 2021

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Nuevos datos de Suecia proporcionan la evidencia más sólida hasta el momento de que la COVID-19 es un factor de riesgo independiente para infarto agudo de miocardio e ictus isquémico, afirman investigadores.[1]

El riesgo de infarto agudo de miocardio e ictus isquémico aumentó aproximadamente ocho tantos y seis tantos, respectivamente, en la primera semana subsiguiente al inicio de la COVID-19, cuando se incluyó en el análisis el día 0 (día de la exposición). Aun cuando se excluyera el día 0 (reduciendo el riesgo de sesgo), el riesgo de infarto agudo de miocardio e ictus se incrementó alrededor de tres tantos.

"El hecho de que el riesgo todavía estuviera elevado incluso cuando se excluyó el día 0 indica que COVID-19 es en realidad un factor de riesgo independiente para infarto agudo de miocardio e ictus isquémico", comentó a Medscape la autora principal, Dra. Anne-Marie Fors Connolly, Ph. D., de la Umeå University, en Umea, Suecia.

"Nuestros resultados indican que las complicaciones cardiovasculares agudas podrían representar una manifestación clínica esencial de la COVID-19 y los efectos a largo plazo podrían ser un reto para el futuro", afirmaron la especialista y sus colaboradores.

El estudio fue publicado el 29 de julio en la versión electrónica de The Lancet.

Profundizando en el tema

Estudios previos que han señalado que la COVID-19 es un "probable" factor de riesgo para complicaciones cardiovasculares agudas han incluido relativamente pocos pacientes hospitalizados.

En lo que se considera que es el estudio más grande hasta la fecha en investigar esta asociación, autores suecos vincularon datos de registros nacionales de clínicas para pacientes externos y hospitalizados y el registro de causa de defunción de los 86.742 pacientes (mediana de edad: 48 años; 43% hombres) con COVID-19 entre el 1 de febrero y el 14 de septiembre de 2020, y 348.481 pacientes de control equiparados.

Utilizaron dos métodos para evaluar la asociación de COVID-19 con el riesgo de infarto agudo de miocardio e ictus.

Uno fue un método de series de casos con autocontrol, que se utilizó para comparar los incidence rate ratios (IRR) para el primer infarto agudo de miocardio e ictus antes y después que se determinara que los pacientes tenían COVID-19.

El otro fue un estudio de cohortes equiparadas, que determinó las probabilidades de infarto agudo de miocardio o ictus en los 14 días subsiguientes al inicio de COVID-19, en comparación con individuos de control a los que nunca se les había diagnosticado COVID-19.

Puesto que se desconocía la fecha de infección, los investigadores identificaron la fecha más cercana posible y la designaron como el día 0 (fecha de exposición).

Se observó un considerable pico en casos de infarto agudo de ictus isquémicos registrados en el día 0, informaron.

En la serie de casos con autocontrol, cuando se incluyó el día 0 en el periodo de riesgo, el incidence rate ratio para infarto agudo de miocardio fue 8,44 (IC 95%: 5,45 a 13,08) en la primera semana, 2,56 (IC 95%: 1,31 a 5,01) en la segunda semana, y 1,62 (IC 95%: 0,85 a 3,09) en las semanas 3 y 4 después de contraer COVID-19.

Cuando se excluyó el día 0 del periodo de riesgo, el incidence rate ratio para el infarto agudo de miocardio se mantuvo significativamente elevado en la primera semana (IRR: 2,89; IC 95%: 1,51 a 5,55) y la segunda semana (2,53; IC 95%: 1,29 a 4,94) después de COVID-19. El incidence rate ratio fue de 1,60 (IC 95%: 0,84 a 3,04) en las semanas 3 y 4 después de COVID-19.

Los incidence rate ratios correspondientes para ictus isquémico cuando se incluyó el día 0 en el periodo de riesgo fueron 6,18 (IC 95%: 4,06 a 9,42) en la primera semana, 2,85 (IC 95%: 1,64 a 4,97) en la segunda semana, y 2,14 (IC 95%: 1,36 a 3,38) en las semanas 3 y 4 después de la COVID-19.

Cuando se excluyó el día 0 del periodo de riesgo, los incidence rate ratios correspondientes para ictus fueron 2,97 (IC 95%: 1,71 a 5,15) en la primera semana, 2,80 (IC 95%: 1,60 a 4,88) en la segunda semana, y 2,10 (IC 95%: 1,33 a 3,32) en las semanas 3 y 4 después de la COVID-19.

El análisis de cohortes equiparadas proporcionó resultados similares, esta vez expresados como odds ratio (OR).

Incluyendo el día 0, el odds ratio fue de 6,61 (IC 95%: 3,56 a 12,20) para infarto agudo de miocardio y 6,74 (IC 95%: 3,71 a 12,20) para ictus isquémico en las dos semanas siguientes a la COVID-19.

Excluyendo el día 0, los odds ratios fueron 3,41 (IC 95%: 1,58 a 7,36) y 3,63 (IC 95%: 1,69 a 7,80) para infarto agudo de miocardio e ictus, respectivamente, en las 2 semanas subsiguientes a COVID-19.

El debate en torno al día cero

"El día 0 fue causa de debate entre médicos clínicos y estadísticos durante este estudio", indicó la Dra. Connolly a Medscape.

"Los médicos argumentamos que debían incluirse todos los eventos, pues creemos que es parte del cuadro clínico de la enfermedad", explicó.

Sin embargo, Paddy Farrington, Ph. D., profesor emérito y estadístico del Open University Milton Keynes, en Milton Keynes, Reino Unido, y "colaborador importante en nuestro estudio", argumentó que se debía excluir el día 0 porque representa un sesgo: buscar atención médica probablemente desencadene pruebas de la infección por el SARS-CoV-2 y, por tanto, introduce un sesgo de prueba que potencialmente infla el riesgo observado, explicó la Dra. Connolly.

La observación de que el riesgo de infarto agudo de miocardio e ictus se mantiene elevado cuando se excluye el día 0 demuestra que la COVID-19 es un factor de riesgo independiente para infarto agudo de miocardio e ictus isquémico, resaltó.

Los hallazgos refuerzan la importancia de la vacunación, pero los riesgos absolutos son pequeños

En un estudio de cohortes equiparadas, por cada punto del índice de comorbilidad de Charlson ponderado, las probabilidades de infarto agudo de miocardio e ictus isquémico aumentaron aproximadamente 40%.

Por consiguiente, los hallazgos refuerzan la importancia de vacunarse contra la COVID-19, en particular para las personas mayores con trastornos concomitantes, "con el fin de evitar posibles eventos cardiovasculares agudos", destacó la Dra. Connolly a Medscape.

El infarto agudo de miocardio y el ictus "podrían ser una manifestación extrapulmonar de la COVID-19; por tanto, es bueno que los médicos clínicos tengan esto presente pues ellos ven este tipo de pacientes", añadió.

Los autores de un comentario adjunto señalaron que por décadas se ha conocido el incremento transitorio del riesgo de infarto agudo de miocardio e ictus asociado con influenza, neumonía, bronquitis aguda y otras infecciones torácicas.[2]

"Parece aceptable inferir que la persistencia del riesgo durante varias semanas después de la infección por SARS-CoV-2 es compatible con el hecho de que la COVID-19 produzca un aumento del riesgo de enfermedad tromboobstructiva, según se ha comunicado para otras infecciones respiratorias", escribieron la Dra. Marion Mafham y el Dr. Colin Baigent, de la University of Oxford, en Oxford, Reino Unido.

Sin embargo, señalaron que los riesgos absolutos son "pequeños". También escribieron que se necesitan más estudios para evaluar la evolución del aumento del riesgo cardiovascular para los pacientes con COVID-19 e investigar posibles mecanismos.

"Sin embargo, es importante tener presente que los riesgos excesivos de infarto de miocardio e ictus en una persona con COVID-19 son sustancialmente más pequeños que los debidos a insuficiencia respiratoria", afirmaron Baigen y la Dra. Mafham.

La financiación para el estudio fue proporcionada por Central ALF-Funding y Base Unit ALF-Funding, Region Västerbotten, Suecia; financiación estratégica durante 2020 del Departamento de Microbiología Clínica, Umeå University, en Suecia, Investigación de Ictus en el Norte de Suecia, y el Laboratorio para Medicina Molecular de Infecciones en Suecia. Los autores y editorialistas han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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