En pacientes con COVID-19 persistente, 26% mejora con la vacuna, pero más de la mitad no nota cambios

Dr. Javier Cotelo

9 de julio de 2021

MADRID, ESP. Los resultados de la Encuesta sobre los efectos de la vacunación contra el coronavirus en afectados por COVID-19 persistente, lanzada por la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y el colectivo de afectados LONG COVID ACTS, señala que la mayoría de los afectados (55%) no ha mejorado o se sintió igual tras la vacunación.[1] Sin embargo, más de la mitad de los casos no manifestó efectos en ningún sentido y 18% empeoró (lo que puede deberse a los posibles efectos secundarios de la vacuna o empeoramiento de sus síntomas) y el resto (26%) refleja que ha mejorado con alguna de las dosis de la vacuna.

Durante el XXVII Congreso Nacional de Medicina General y de Familia celebrado en junio ya se presentaron los resultados preliminares de la encuesta recogidos después en una nota de prensa, sobre personas que habían pasado la enfermedad hacía más de 4 semanas, pero continuaban con los síntomas.

La encuesta se llevó a cabo del 23 de marzo al 6 de junio. Fue contestada por 273 participantes procedentes principalmente de Madrid (25,3%), País Vasco (12,5%) y Aragón (12,1%), seguidos de Cataluña (11,7%), Andalucía (10,3%) y la Comunidad Valenciana (8,4%).

Otro dato demográfico de interés fue la mediana de edad, entre 30 y 60 años, aunque también han contestado otros grupos etarios de entre 18 y 22 años, y mayores de 70 años, 84,2% (230) integrado por mujeres, coincidiendo con el perfil de los afectados de COVID-19 persistente de la anterior encuesta realizada en 2020 por la SEMG sobre sintomatología e incapacidad de COVID-19 persistente, con 1.834 participantes, 79% constituido por mujeres, con media de edad de 43 años.

Perfil profesional sanitario mayoritario

En cuanto al perfil profesional de la encuesta actual, la mayoría (67%) la integra el grupo de profesionales sanitarios, pionero en recibir la vacuna y muy expuesto al contagio en la primera ola por la falta de equipos de protección personal; actualmente 96% (262) de los encuestados continúa con sintomatología persistente. De estos 262 pacientes la mayoría se contagió en marzo de 2020 (53,1%: 139 personas) y en octubre (12,2%: 32 personas), coincidiendo con el inicio de las dos olas más fuertes de la pandemia (marzo-abril y octubre-noviembre).

Otro dato, en consonancia con la población sanitaria participante, señala que las vacunas administradas de forma mayoritaria fueron las de ARN mensajero de Pfizer (69,9%), de Moderna (15,1%) y solo 12,8% de AstraZeneca.

¿Efecto temporal o duradero?

Del estudio se deduce que en determinado porcentaje de pacientes la vacuna puede provocar mejoría, sin embargo, "falta mucho conocimiento en relación a la COVID-19 y especialmente en relación a la COVID-19 persistente, y todavía no puede decirse que las mejoras o empeoramientos observados tras la vacunación se mantengan de forma permanente o sean meramente temporales".

Dra. Pilar Rodríguez Ledo

"Esta circunstancia también condicionaría la valoración del riesgo y la recomendación de la vacunación", señaló a Medscape en español la Dra. Pilar Rodríguez Ledo, vicepresidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, y una de las impulsoras del proyecto.

Dr. Raúl Ortiz de Lejarazu

El Dr. Raúl Ortiz de Lejarazu, del Centro Nacional de Gripe de Valladolid, comentó: "El tema ya tiene algunos meses de recorrido al menos fuera de España. En Estados Unidos, como publicó Medscape, los resultados de una encuesta entre 400 vacunados con COVID-19 persistente en los que se apreciaba una mejoría de los síntomas en 36% señalan que algunos pacientes mejoran tras la vacunación, pero no todos".

Vacunación de precisión individualizada

La Dra. Rodríguez agregó: "La vacuna contra la COVID-19 debe seguir recomendándose de forma general a toda la población, pero en los casos extremos donde haya mucha sintomatología en el debut de la enfermedad aguda y que en los días previos a la vacunación se vayan añadiendo síntomas nuevos o incluso se encuentre polisintomatología, se debe individualizar o personalizar la recomendación, ya que podría haber mayor riesgo de empeoramiento con la aplicación de la vacuna".

"Debe valorarse esta situación de forma individualizada y, en caso de que el riesgo del paciente lo permita, esperar un momento de menor sintomatología (tanto en número de síntomas como en intensidad) para la aplicación de la vacuna", añadió la experta.

En cuanto a vacunar a estos pacientes muy sintomáticos, el Dr. Ortiz destacó: "Por los estudios observacionales que hay en la actualidad no existe clara opción de vacunar a personas que por otra parte ya han sido infectadas, sin embargo, a la vista de los resultados, sería conveniente advertir a los pacientes con COVID-19 persistente y vacunarlos según su decisión individual y debidamente informada". De acuerdo a los resultados de la encuesta, cabe resaltar que 83,6% de participantes indicó que tras su experiencia, si tuviera que decidir ahora sobre la vacunación frente al coronavirus, volvería a aplicarse la vacuna.

Tres factores de empeoramiento

Respecto al perfil de los pacientes encuestados la Dra. Rodríguez puntualizó: "Aunque todavía falta mucho por hacer, y estos son datos de un análisis preliminar que se está completando en estos momentos, cruzando las diferentes variables clínicas asociadas al cuadro y su evolución temporal, podríamos anticipar que los principales factores implicados en el empeoramiento tras la vacunación (y por ende, en la mejora en su ausencia) son: debut de la enfermedad por coronavirus en su fase aguda de forma muy sintomática (gran número de síntomas o de gran intensidad), presencia de una exacerbación o presentación muy sintomática en los días previos a la vacunación (gran número de síntomas o de gran intensidad), y aparición de síntomas nuevos en los días previos a la vacunación".

Al cuestionarle a la Dra. Rodríguez si se han cruzado datos de esta encuesta con la primera que hicieron sobre la sintomatología de la COVID-19 persistente, indicó: "Ambas encuestas son independientes, de modo que no podemos obtener datos del seguimiento de los pacientes, pero sí se ha utilizado la información obtenida en la encuesta previa de caracterización de los afectados por la COVID-19 persistente para las variables recogidas en esta encuesta, tanto en la definición de los síntomas como en su forma de presentación y de afectación de la calidad de vida".

La sintomatología persiste un año después

"Todas estas variables nos indican que al menos 93,4% sigue con sintomatología derivada de la COVID-19 persistente un año después de la encuesta anterior, y que en 1% y 10% la intensidad de su enfermedad en el debut tenía una media de 6,93 y en los días previos a la vacunación, de 6,04, es decir, expresaban mantener intensidad de la enfermedad muy cercana a la de sus inicios en la fase aguda (más en aquellos en quienes la vacunación produjo mejora). Sus síntomas ocupaban todos los días del mes, siendo 14 y 10 de estos días descritos por los afectados como graves o incapacitantes", agregó la especialista.

Muchas incógnitas fisiopatológicas

En cuanto a la fisiopatología de la COVID-19 persistente, el Dr. Ortiz manifestó que "se desconoce con exactitud".

"La fatiga es el síntoma más común de COVID-19 persistente (50%). Está presente incluso después de 100 días del primer síntoma de la COVID-19 aguda. Existen síndromes como el de distrés respiratorio agudo, en el que se ha observado al año que más de dos tercios de los pacientes refirieron síntomas de fatiga clínicamente significativos".

Los síntomas observados en pacientes pos-COVID-19 se asemejan en parte al síndrome de fatiga crónica, que incluye la presencia de fatiga incapacitante grave, dolor, discapacidad neurocognitiva, sueño comprometido, síntomas sugestivos de disfunción autonómica y empeoramiento de los síntomas globales. Actualmente la encefalomielitis miálgica o el síndrome de fatiga crónica es una afección clínica compleja y controvertida sin factores causales establecidos, y 90% no ha sido diagnosticado etiológicamente. Las posibles causas de fatiga crónica incluyen virus, disfunción inmunológica, disfunción endocrinometabólica y factores neuropsiquiátricos.

¿Un nuevo agente de la fatiga crónica?

"Es tentador especular que el SARS-CoV-2 se puede agregar a la lista de agentes virales que causan encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga crónica. Como muchas otras patologías secundarias o residuales a una infección, puede ser una agresión de tipo autoinmune o mediada por una replicación incompleta del virus o asociada a factores genéticos de la persona o a enfermedades o patologías concomitantes. Y probablemente multicausal. Pasará tiempo para entenderlo por completo", indicó el especialista.

Los síntomas que más mejoraron

Los afectados que más mejoraron con la vacuna "habían tenido debut de la enfermedad aguda destacable, con gran número de síntomas y más graves e incapacitantes, más síntomas nuevos en los días previos a la vacunación y más intensos, con tendencia a la fluctuación clínica", señaló la Dra. Rodríguez. Además, "los síntomas que más mejoraron fueron: fiebre/febrícula, escalofríos, anorexia, pérdida del olfato o el gusto, diarrea y artralgias".

Los encuestados manifestaron que la mejora (o empeoramiento) en los casos en los que se produjo se inició rápidamente tras la vacunación, una vez pasados los efectos secundarios de la propia vacuna, tras una media de 4,4 días, siendo el valor más frecuente una semana.

Nueva encuesta de seguimiento

Respecto a la evolución posterior de esta mejora o las recaídas sintomáticas, "necesitamos realizar un estudio de seguimiento para poder determinar cuánto se mantienen en el tiempo estas modificaciones, y en ese sentido plantearemos una nueva encuesta de seguimiento después del verano y un registro clínico en el cual el seguimiento será personalizado y mantenido en el tiempo para poder caracterizar cómo fluctúa la clínica y los factores y afecciones que pueden influir en estas fluctuaciones", añadió la experta.

La Dra. Rodríguez concluyó: "Aunque la encuesta está cerrada se realiza un análisis que nos permita describir los factores clínicos y tipología de los pacientes que se asocian a las diferentes evoluciones tras la vacunación frente a la COVID-19".

Fórmula de predicción de la evolución

Los siguientes objetivos a analizar consisten en intentar elaborar una fórmula predictiva tanto de aquellos factores que intervienen en el desarrollo de la persistencia de síntomas como en la evolución pronóstica de los mismos, buscando los factores clínicos y genéticos que pueden asociarse a estas evoluciones, para mejorar nuestro conocimiento sobre las circunstancias posiblemente relacionadas a mejoras sintomáticas o, incluso, a curación.

La Dra. Rodríguez y el Dr. Ortiz de Lejarazu han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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