COMENTARIO

Panel de debate: neurología y COVID-19 en el mundo hispanohablante

Dra. Zaira Medina López

Conflictos de interés

27 de mayo de 2021

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Durante el Congreso de la American Academy of Neurology (AAN) de 2021 se presentaron foros en español donde uno de los temas principales fue el papel de los neurólogos durante la pandemia en el mundo hispanohablante.

La primera sesión contó con la participación de la Dra. Susana M. Bowling de Estados Unidos como moderadora, el Dr. Antonio Arauz, de México, el Dr. Nelson José Maldonado, de Ecuador y el Dr. Tomás Segura, de España.[1] Asimismo, en otra sesión con el Dr. Carlos A. Pardo-Villamizar, el Dr. Alejandro Tobon y Yakeel Quiroz, Ph. D., se revisaron las manifestaciones neurológicas asociadas con la o infección por SARS-CoV-2.[2]Y el Dr. Kenneth L. Tyler resumió el estado actual, en lo que respecta a las complicaciones neurológicas agudas y crónicas de COVID-19.[3] A continuación se presenta lo más destacado de estas sesiones.

COVID-19: neurotóxico, retrasador de la atención y colapsador

En España desde el inicio de la pandemia notaron que había pacientes con encefalopatía, para la cual la hipoxia no era suficiente explicación, es decir, el mundo se enfrentaba a un virus respiratorio muy neurotóxico y esto resaltaba la función de los neurólogos en los equipos de atención en pacientes con COVID-19.

El Dr. Arauz enfatizó que la pandemia llegó a México con varias semanas de retraso, "lo cual no quiere decir que estuviéramos preparados, pues nuestro sistema de salud es más frágil y nuestra población menos educada, lo que tuvo impacto en la respuesta a la pandemia".

"Desde hace algunos meses trabajamos en un registro latinoamericano de enfermedad vascular cerebral, que incluye hospitales con características que no reflejan la realidad del país. Lo primero que hicimos fue una campaña denominada Ictus no se queda en casa, porque notamos que hubo un drástico descenso del número de pacientes con ictus que acudían a valoración a los servicios de urgencias. Se realizó un registro de ictus asociado con COVID-19 y encontramos que los pacientes con esta infección tenían peor pronóstico, aunque la información es discordante en los diversos estudios".

El Dr. Maldonado indicó que en un país como Ecuador, donde los recursos eran inexistentes desde antes de la pandemia, cuando llegó el coronavirus se vivía un caos en menos de 72 horas, el cual ha sido controlado en un porcentaje, pero colapsó al país, que sigue colapsado desde entonces. Solamente se reciben pacientes con COVID-19; los hospitales que estaban diseñados para atender otras enfermedades ya no las atienden porque están colapsados por la cantidad de pacientes con coronavirus y los hospitales son pequeños.

Las enfermedades neurológicas en realidad no existen, se han quedado completamente desplazadas en el sector público. En el sector privado es un poco diferente porque hay algunos pacientes neurológicos, pero finalmente comparten áreas con pacientes con COVID-19 y la falta de recursos para estudiar a nuestros pacientes incluso en los hospitales privados hace que el neurólogo sea necesario para el diagnóstico de los pacientes con delirium, encefalopatía, polineuropatías graves, entre otras.

Existe una cuarta ola de la que se ha hablado poco, que es esta COVID-19 persistente y consiste en pacientes que no fueron al hospital y meses después son pacientes que tienen fatiga neurológica, mialgias, problemas de atención, sintomatología neurológica y actualmente creemos que generará alta demanda en la atención pública que se convertirá en un problema difícil de afrontar para los neurólogos, porque estos pacientes con diversos síntomas neurológicos tienen estudios paraclínicos normales y podríamos pensar que es un trastorno funcional, aunque más bien podría tratarse de alguna alteración poco comprendida, como disfunción en la permeabilidad en la barrera hematoencefálica o persistencia en la microinflamación poco conocida aún.

Los casos graves también serán un problema por las secuelas neurológicas por neuropatía del paciente en el estado crítico o mielopatía relacionada con SARS-CoV-2 y alteraciones neuropsicológicas. Estos pacientes requieren apoyo multidisciplinario y no siempre se cuenta con todos los especialistas en todos los centros. Quizá será importante tener protocolos para determinar la frecuencia de las alteraciones neurológicas y psiquiátricas, y conocer los hallazgos de neuroimagen, conocer la explicación de estos hallazgos, saber las prevalencias y estudiar a los pacientes con y sin síntomas. Seguramente esto podría colapsar aún más a nuestros sistemas de salud.

¿Cómo ha afectado esta pandemia al entrenamiento de los neurólogos en formación?

El Dr. Segura señaló: "En Europa las clases son semipresenciales, las prácticas son limitadas, hay mucho miedo de que los jóvenes estudiantes que son poco cuidadosos puedan contagiar a algún paciente mayor. En cuanto a los residentes, hemos cerrado las puertas para recibir residentes foráneos, mis propios residentes no han tenido un desarrollo normal durante estos meses, muchas consultas han pasado a ser por telemedicina y la verdad es que para un residente de neurología es fundamental estar delante del enfermo, hasta la mascarilla es un problema, te impide conectar con el enfermo y estamos perdiendo la empatía, y esto definitivamente influye en la formación del médico".

El Dr. Arauz agregó: "Sin duda esta generación estará marcada por la pandemia. El número de pacientes que se atienden en todas las especialidades ha disminuido drásticamente y los hospitales de especialidades se han convertido en hospitales respiratorios; el Instituto de Neurología es un hospital no muy grande que solo atiende pacientes neurológicos y todo lo relacionado con las neurociencias y no puedo entender hacer diagnósticos por tomografía computarizada o por resonancia magnética con alguien a distancia o con mascarilla facial".

"Creo que el impacto que ha tenido en la enseñanza es muy grande, se ha tratado de modificar con clases a distancia, con algunos videos, pero no es lo mismo que tener un paciente enfrente, y aunado a todo esto, el número de pacientes se ha reducido drásticamente. Tanto los estudiantes como los residentes han tenido una situación de estrés constante por el miedo al contagio y tienen esta postura de tocar lo menos posible al paciente, y eso evidentemente en la exploración neurológica no es posible porque debemos tocar al paciente, explorarlo para hacer un diagnóstico correcto", continuó.

México es un país de contrastes, hay pacientes que tienen acceso a toda la tecnología, pero hay personas que ni siquiera tienen agua potable y ese grupo no se puede atender con telemedicina; no parece ser una solución real a largo plazo. Así, además de esta ola pos-COVID-19 también vendrá una ola de pacientes neurológicos descontrolados seguramente.

El Dr. Maldonado comentó que la desmoralización de los médicos, especialmente de los neurólogos en Quito, es devastadora; una vez colapsados no ha existido descanso, llega un punto en que la población se cansa. Después de un año hay dos mundos: quienes han perdido un familiar y la pasaron mal y quienes tuvieron COVID-19 y no les fue tan mal. "En medio estamos los médicos que no vemos el fin de la pandemia, sabemos que no se puede estar encerrado durante mucho tiempo. No es lo mismo estar en un país con todos los recursos para atender una cepa 'un poquito más mortal' a recibirla en un país totalmente colapsado donde seguramente 'será mucho más mortal', por ejemplo, nosotros no producimos sedantes, no producimos neurólogos, el personal está colapsado por completo, no han podido relajarse ni un solo día. Para la raza humana nada es moderado, esto es tremendamente desmoralizante".

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