Pros y contras del Nutri-Score: utilidad informativa, limitaciones y necesidad de más evidencias y de valorar otras opciones

Carla Nieto Martínez

6 de mayo de 2021

MADRID, ESP. El sistema de etiquetado frontal de alimentos conocido como Nutri-Score está muy bien posicionado entre las propuestas que actualmente valora la Unión Europea para su implantación normalizada a nivel comunitario a partir de 2022.

Este sistema consiste en un logotipo de cinco colores asociados a letras que describen el mismo número de clases de calidad nutricional: del verde oscuro para la calidad óptima (A) al rojo (E) para la peor calidad. Se aplica solo a alimentos procesados y envasados y considera ciertos elementos presentes en la composición de los alimentos como favorables (proteínas, fibra y porcentaje de frutas, verduras, legumbres y frutos secos) y desfavorables (cantidad de calorías, ácidos grasos saturados, azúcares simples y sodio/sal).

En el caso de España, el Ministerio de Consumo ha manifestado la intención de incorporarlo, con carácter voluntario, en el cuarto trimestre de 2021, decisión ante la cual los grupos de la oposición de la Comisión de Sanidad y Consumo del Congreso de los Diputados han pedido frenar su implementación en espera de la decisión final de la Unión Europea, aludiendo las limitaciones que presenta este método, e instando a sopesar otras opciones más adecuadas al estilo nutricional español, entre otros factores.

En el ámbito de los especialistas en nutrición y de la salud pública, son muchas las voces críticas con este método, sobre todo en lo referente a la valoración que adjudica a determinados alimentos. Todo esto ha hecho que Nutri-Score se haya convertido en protagonista de un debate de plena actualidad.

En este contexto, y con el objetivo de analizar el modelo de etiquetado y poner en común opiniones expertas sobre las informaciones y desinformaciones surgidas, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición y la Sociedad Española de Obesidad organizaron el seminario en línea titulado El etiquetado frontal de los alimentos, a debate.[1]

Dra. Ana Zugasti

La Dra. Ana Zugasti, vocal de Comunicación y miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, comentó que la enorme variabilidad mundial respecto a los etiquetados frontales, "cuyo objetivo debe ser siempre destacar los alimentos críticos para prevenir la obesidad y sus comorbilidades", pone en evidencia que no hay una única manera de establecer estos criterios (de ahí el carácter obligatorio o voluntario de estos etiquetados, en función del país) y también la dificultad de informar y alertar a la población respecto a los alimentos vinculados al desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles.

Asimismo, refleja que probablemente los factores cultural y/o social sean un elemento importante de adaptación, teniendo en cuenta que países geográficamente cercanos comparten etiquetados frontales similares.

Herramienta con finalidad informativa

Pilar Galán, nutricionista y epidemióloga del Equipo de Investigación en Epidemiología Nutricional de la Sorbonne Université, en París, Francia, hizo un repaso a los distintos estudios que avalan la bases científicas de Nutri-Score (más de 45 publicaciones internacionales que validan el algoritmo que sirve de base a esta clasificación de los alimentos y de su forma gráfica), enfatizando que no se trata de un logotipo binario destinado a caracterizar la calidad nutricional de los alimentos en valor absoluto de buenos frente a malos ni a clasificarlos como saludables o no saludables.

"En realidad, las cinco categorías están destinadas a permitir a los consumidores comparar, sobre una base relativa, la calidad nutricional global de los alimentos, como los pertenecientes a distintas familias o categorías, pero que se consumen en las mismas circunstancias (pan de molde, cereales, bollería industrial y bizcochos en el desayuno) o productos dentro de la misma familia (por ejemplo, distintas marcas de cereales de desayuno)", indicó.

Además de proporcionar información al consumidor en el momento de la compra, otro objetivo de Nutri-Score es incitar a la industria alimentaria a mejorar la calidad nutricional de sus productos, ofreciéndole la oportunidad de valorar sus esfuerzos en términos de reformulación, destacó Galán.

Dr. Ramón Estruch

El Dr. Ramón Estruch, del servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona, manifestó su visión sobre el etiquetado frontal en general y el modelo Nutri-Score en particular, desde la perspectiva de los países mediterráneos: "Nuestra impresión es que la fórmula y los algoritmos que utiliza este sistema de etiquetado no valoran adecuadamente la dieta mediterránea, que según la evidencia científica, siempre figura en los primeros lugares de los distintas clasificaciones que la posicionan como una de las opciones de mayor calidad desde el punto de vista de los beneficios para la salud".

Asimismo, destacó que los estudios de investigación que sustentan los etiquetados frontales deben basarse en tres elementos: patrones de alimentación, alimentos y nutrientes, "y en este sentido, tal vez uno de los problemas de Nutri-Score es que mezcla los alimentos, los nutrientes y la energía, lo que lleva a la confusión".

El aceite de oliva y el jamón ibérico: motivo de controversia

El Dr. Estruch añadió que al analizar la pirámide de la dieta mediterránea desde la perspectiva del Nutri-Score se observa que no hay correlación entre los beneficios demostrados por los alimentos en los que se basa este patrón nutricional y la clasificación que se les da en ese etiquetado.

Concretamente, es la mala calificación obtenida por dos alimentos considerados como pilares en la dieta mediterránea: el aceite de oliva extra virgen y el jamón ibérico, cuestión que ha suscitado mayor debate en todos los sectores (social, nutricional, político) en relación al Nutri-Score y que también se reflejó en el debate posterior al seminario en línea.

En el caso del aceite de oliva extra virgen, es un producto que recibió la clasificación C (amarillo), en base a su alto contenido en grasa, "pero se sabe que hay distintos tipos de grasas y que no se pueden analizar en su totalidad porque sus efectos son distintos. Además, el aceite de oliva extra virgen aporta ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico), tocoferoles, fitoesteroles, y sobre todo, polifenoles, que han demostrado en numerosas investigaciones sus importantes beneficios, sobre todo a nivel cardiovascular. Por tanto, Nutri-Score no avala los beneficios saludables de estos alimentos basados en la evidencia científica de alta calidad, pero el algoritmo que lo sustenta propicia que se establezcan correlaciones espurias que dan como resultado que este aceite, y otros alimentos del patrón mediterráneo, estén peor posicionados, por ejemplo, que algunos refrescos".

Al respecto, la Dra. Zugasti apuntó que las categorías A o B de Nutri-Score que obtienen algunos productos (refrescos sin azúcar o algún alimento ultraprocesado) podrían estimular el consumo excesivo de los mismos, "que no se recomendaría como parte de una alimentación saludable, ya que este sistema de etiquetado frontal los envuelve en un falso 'halo de salud' y proyectan la idea errónea de que son saludables".

Por su parte, Galán indicó que no hay que confundir el patrón de dieta mediterránea (cuyo cumplimiento se debe fomentar) con un patrimonio gastronómico determinado. "Nutri-Score no penaliza el aceite de oliva extra virgen, sino que le brinda determinada clasificación en función del algoritmo. Además, el reconocimiento de las propiedades saludables de este alimento no implica destruir las bases en las que se sustenta este etiquetado frontal", señaló Galán, destacando que se valora proporcionar a este tipo de aceite una clasificación distinta.

Algo similar ocurre con el jamón ibérico, un alimento con beneficios avalados por varios estudios en base a su calidad proteica, su contenido en ácidos grasos y su aporte en micronutrientes y al que Nutri-Score incluye en la categoría E (peor calidad).

En opinión de Galán, ninguna organización nutricional internacional otorgaría buena clasificación al jamón ibérico, teniendo en cuenta las cantidades importantes de sal y lípidos que aporta. A pesar de lo antagónico de sus argumentos en este sentido, Galán y el Dr. Estruch coincidieron en que hay que insistir en que lo recomendable es el consumo moderado de este alimento.

Otro punto de fricción fue la medida que emplea el algoritmo de Nutri-Score para valorar la composición nutricional (por 100 g o 100 ml de producto). Para el Dr. Estruch, la clave de todo patrón alimentario está en la ración y en la frecuencia de consumo, algo que debería reflejarse en el etiquetado y que resulta más realista que la determinación en gramos o mililitros.

NutrInform Battery: el etiquetado italiano como ejemplo de alternativa

El Dr. Estruch enfatizó que los estudios de cohorte (en los que se basan muchas evidencias que avalan a Nutri-Score) son útiles, pero para hacer recomendaciones nutricionales que sirvan de base a estos etiquetados son necesarios estudios aleatorizados y evidencias de alta calidad.

El especialista opinó que es necesario tener en cuenta la cantidad y la frecuencia de consumo recomendada para cada alimento, destacar el contenido en nutrientes críticos (tanto en negativo como en positivo), considerar el valor esencial de vitaminas, minerales y otros compuestos bioactivos, así como el grado de procesamiento, y muy importante, que la propuesta se adapte a los hábitos y patrones de consumo de cada país.

"No es que Nutri-Score sea una mala herramienta, pero es muy mejorable, ya que además de los aspectos comentados, no valora la calidad de la proteína ni de los hidratos de carbono, y tampoco resalta aspectos positivos como la alta densidad de los nutrientes (minerales y vitaminas) ni el contenido en compuestos bioactivos, como los polifenoles".

Para adoptar el Nutri-Score como etiquetado de referencia serían necesarios más estudios que aporten nuevas evidencias de la más alta calidad científica, señaló el especialista, destacando que se deberían analizar y valorar otros etiquetados frontales de mejor calidad, más adaptados al estilo de vida español y ligados al patrón de alimentación mediterráneo, como NutrInform Battery, el sistema de etiquetado propuesto por Italia, basado en un símbolo de batería o pila que indica al consumidor la contribución, desde el punto de vista nutricional, de los alimentos en relación con las necesidades diarias y con un correcto estilo de alimentación, destacando el porcentaje de calorías y grasas, azúcares y sal por porción individual.[2]  

"Este sistema de etiquetado está implantado actualmente en Italia, Chipre, Grecia, Hungría, Letonia y Rumanía; se basa en las guías nutricionales que sustentan los beneficios de la dieta mediterránea; contempla las porciones reales de consumo; incluye los requerimientos diarios de cada nutriente; tiene en cuenta los productos de regiones geográficas protegidas y prevé exclusiones (lactantes, niños y determinados grupos de pacientes)", comentó el especialista.

Asumiendo la "imperfección"

Galán insistió en que un logotipo nutricional no puede integrar todos los nutrientes/componentes de interés que aportan los alimentos (vitaminas, minerales, naturaleza de las proteínas, tipos de grasas, azúcares añadidos), algo que no ha conseguido la Organización Mundial de la Salud ni ningún comité de expertos a nivel internacional, "por lo que se debe asumir la necesidad de aportar información complementaria de forma separada y desde otra dimensión a los consumidores".

En esta línea, la Dra. Zugasti puso de relieve la necesidad de que el etiquetado frontal sea una herramienta simple, práctica y eficaz para cumplir el objetivo prioritario de informar al público sobre los productos que pueden dañar la salud y ayudarles a orientar sus decisiones de compra.

"Se ha comprobado que los consumidores realizan muy poco esfuerzo cognoscitivo y emplean muy poco tiempo para decidir sus compras. Asimismo, está demostrado que un etiquetado frontal más fácil e inteligible modifica la elección del carro de la compra y el consumo", destacó.

La Dra. Zugasti también comentó que el etiquetado actual es difícil de entender por alguien que no sea profesional de la nutrición y presenta muchas áreas de mejora, de ahí que desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición se hayan elaborado propuestas y objetivos en este sentido: "El etiquetado frontal debe facilitar la identificación de los nutrientes críticos (esto es, de los productos menos saludables); debe considerarse como una herramienta más para valorar la calidad nutricional de un producto, pero no como un método único; es necesario realizar estudios sobre su facilidad de uso y su comprensión, así como la eficacia en la población a la que va dirigido o de mayor riesgo, y también valorar un etiquetado frontal diseñado específicamente para el público infantil".

La Dra. Zugasti destacó la necesidad de introducir mejoras en el etiquetado nutricional (lista de componentes que incorporan todos los productos y del que el frontal se podría considerar un resumen), por ejemplo, dando mayor importancia o destacando la densidad energética y la lista de ingredientes para identificar rápidamente aquellos cuyo consumo se debería evitar: "Hay estudios que han arrojado evidencias de mayor riesgo de enfermedades cardiometabólicas si hay consumo elevado de alimentos de alta densidad energética (más de 400 kcal/100 g o en los que el azúcar figure en los tres primeros puestos)".

Como resumen del seminario en línea, todos los participantes coincidieron en la necesidad de implementar un etiquetado con una información más útil, sencilla y comprensible para el consumidor, y también de enfocar los esfuerzos en fomentar una adecuada educación nutricional entre la población: "Supone un gran fracaso disponer de todos los datos que deberían incluirse en la etiqueta de los alimentos y estar esperando un etiquetado 'excelente' para proporcionar a los consumidores una información veraz acerca de lo que deben comprar".

Habría que acabar con estos debates y centrar el objetivo en la educación, formación e información nutricional desde la infancia, de forma que no sea necesario ningún semáforo o etiquetado. El reto es conseguir que resulte obvio que si 90% de los alimentos de la cesta de la compra son frescos y de temporada, se está siguiendo un patrón alimenticio saludable, algo que ya sabían nuestras abuelas, concluyó la Dra. Zugasti.

La Dra. Zugasti, Galán y el Dr. Estruch han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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