Errores de la estrategia mexicana ante la COVID-19

Myriam Vidal Valero

4 de mayo de 2021

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CIUDAD DE MÉXICO, MEX. La pandemia de COVID-19 puso a prueba las políticas y sistemas de salud del todo el mundo, y México se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de las consecuencias negativas que la mala organización institucional, la falta de liderazgo político y la mínima inversión en el sistema de salud pueden ocasionar a un país, explica el reporte Mexico’s Response to COVID-19: A Case Study, del Institute for Global Health Sciences.[1]

Entender los errores es fundamental para mejorar los modelos de intervención ante esta emergencia sanitaria. Con esto en mente, el reporte analizó las razones detrás de las altas cifras de contagios y muertes por coronavirus en el país, así como las consecuencias más representativas de esta crisis en otras áreas de la salud. También emitió varias recomendaciones para generar una respuesta más efectiva al problema.

Con la undécima población más grande a nivel mundial, México se convirtió en el tercer país con mayor número de muertes por COVID-19 reportadas en el mundo: aproximadamente 213.000 hasta el día de hoy, y el cuarto con exceso de mortalidad por todas las causas entre los países con cifras disponibles al respecto.

Dr. Mariano Sánchez-Talanquer

El Dr. Mariano Sánchez-Talanquer, autor principal del informe y académico de la Harvard University, en Cambridge, Estados Unidos, comentó que hasta el momento el país solamente ha visto los efectos a corto plazo de la pandemia, que va a tener efectos a mediano y largo plazos en la salud de la población, e incluso en su esperanza de vida.

Desde que inició la pandemia y hasta la fecha, el gobierno mexicano ha puesto el énfasis de responsabilidad sobre las muertes por COVID-19 en las inequidades económicas y sociales de los mexicanos, sus altas tasas de comorbilidades y en los recursos insuficientes que ya venía arrastrando el sistema de salud desde antes de la emergencia.

Hay que recordar que en 2019 se hizo un recorte de 30% del personal de salud en el país como parte de las medidas de la política de austeridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.[2] Actualmente las cifras del personal de salud activo en el sector público del país están por debajo de las recomendaciones internacionales, explicó el Dr. Sánchez-Talanquer.

A la par, la nueva administración tomó la decisión de desaparecer el Seguro Popular y reemplazarlo con el Instituto de Salud para el Bienestar, que no cuenta con reglas formales de operación y procedimientos financieros transparentes, lo que dejó a grandes porciones de la población desprotegidas en temas de salud en general.

Dr. Andreu Comas García

Sin embargo, centrarse exclusivamente en estos problemas para explicar las altas cifras de contagios y muertes por COVID-19 sería un análisis incompleto de lo que realmente sucedió, señaló el Dr. Andreu Comas García, experto en salud pública de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en México.

De hecho, "el tema de la respuesta médica no debe analizarse de manera aislada con el tema del control de la infección", añadió el especialista. Sin embargo, estos dos componentes han estado totalmente divorciados desde el primer momento en que el virus SARS-CoV-2 entró al país.

Tomando como base lo aprendido del reporte, ambos expertos señalaron que dado que el sistema de salud mexicano ya presentaba fuertes fallas estructurales, los líderes políticos debieron poner mayor atención en las medidas de control de la infección para cortar la cadena de contagios y así evitar que toda la responsabilidad cayera directamente sobre la comunidad médica.

Sin embargo, esto no sucedió, y en cambio se dio una conjunción de errores que llevaron al colapso del sistema. "Con el nivel de infecciones que tenemos en México no hubiera habido sistema de salud que lo soportara", señaló el Dr. Sánchez-Talanquer.

Un conjunto de errores

Dese el principio México debió tener una estrategia más firme de cierre y control de fronteras una vez que se volvió evidente que el virus SARS-CoV-2 se estaba propagando por el mundo. Este control debió incluir la aplicación de pruebas de detección del virus y cuarentena obligatoria de todos los visitantes que llegaran al país.

Además se hubieran evitado muchas muertes y contagios si desde el principio hubiera habido comunicación clara sobre la letalidad de la enfermedad y las medidas de tratamiento y prevención necesarias que debía llevar a cabo la población para evitar contagios.

En lugar de eso, el mensaje se politizó y hubo respuesta tardía con mensajes contradictorios sobre todos los temas relacionados con la enfermedad y las medidas de prevención: uso de cubrebocas, sana distancia, inmunidad al virus, propagación, etc. Hubo separación completa entre las políticas de comunicación y la evidencia científica.

Otra falla central ocurrió en la decisión de no implementar un sistema de pruebas de detección generalizadas en el país cuando toda la evidencia científica apuntaba a que la detección temprana de nuevas infecciones y el rastreo de contagios eran fundamentales para una vigilancia epidemiológica más efectiva y establecer mejores políticas de aislamiento.

Aunado a esto, en repetidas ocasiones se dijo a la población que la enfermedad provocada por el coronavirus no era grave, que para la mayoría se presentaría como un caso de influenza y que para evitar saturar los hospitales solo debían acudir los enfermos con síntomas graves. Esto provocó que, en efecto, la mayoría de las personas que acudía a los hospitales tuviera síntomas graves cuando la evidencia dictaba que la atención temprana era vital para el control de la enfermedad.

Lo anterior se agudizó por el alto número de casos de contagio, porque nunca hubo una política clara enfocada en cortar la cadena de transmisión, lo que provocó que se desbordaran los hospitales, sin infraestructura o entrenamiento claro sobre cómo atender a los pacientes, que solo llegaban a morir.

Aunque todo el peso y responsabilidad recayeron completamente sobre el sistema de salud, el gobierno no proveyó a su personal con insumos de tratamiento ni con equipo de protección contra los contagios.

A lo largo de la pandemia el personal de salud del país ha realizado dos luchas simultáneamente: por un lado combaten el virus y las demás enfermedades de la población mexicana con insumos limitados, cuando no inexistentes, y por el otro, deben exigir constantemente que se respeten sus derechos y que como agentes en la primera línea de respuesta los provean con vacunas y equipo de protección para su salud.

"Hay baja comprensión social de la enorme aportación de los trabajadores de la salud y de las condiciones en que trabajan", destacó el Dr. Sánchez-Talanquer. Como consecuencia, la primera línea de atención, la comunidad médica, ha quedado desamparada, sin la protección adecuada.

"México es el país que más muertes ha tenido en el continente entre trabajadores de la salud", recalcó.

Uno de los errores más recientes en la respuesta mexicana a la COVID-19 es la estrategia de vacunación. Dado que la inversión en ciencia y tecnología es tan baja en el país y desde el principio fue evidente que el acceso a las vacunas sería limitado y supeditado a la disponibilidad, era necesario contar con una estrategia que cortara con la cadena de transmisión y mitigara los contagios, explicó el Dr. Comas.

La política nacional de vacunación contra el SARS-CoV-2 en México plantea como objetivo inmunizar como mínimo a 70% de la población del país con una cobertura del 100% del personal de salud que trabaja en la atención de la COVID-19 y 95% de la población a partir de los 16 años cumplidos.

Para lograr esto se planteó vacunar a la población por grupo de edades, de mayor a menor. Sin embargo, y como lo muestra el reporte, en la práctica estas prioridades no se han seguido estrictamente y solo una fracción de los trabajadores de la salud ha sido inmunizada.

Asimismo, se giró la instrucción de dar preferencia a las comunidades rurales pobres (cuando la COVID-19 es predominantemente prevalente en grandes áreas urbanas) y de vacunar primero a los adultos mayores, cuando las personas de este grupo de edad no son las que más se están hospitalizando por el virus. En conjunto, el reporte concluye que estas decisiones no tendrán ningún efecto en el corte de la cadena de contagios.

Todas estas decisiones han provocado una crisis nacional que ya no solo abarca la salud, sino que se extiende a la economía y la educación. Lo peor de todo es pensar que se pudo haber prevenido, porque aun cuando los sistemas sanitario y económico de México estaban muy debilitados cuando el virus llegó, muchas estrategias de control no requerían tanta inversión.

"México estaba en posición de dar mucho mejor respuesta a la pandemia, que habría podido salvar muchas vidas", explicó el Dr. Sánchez-Talanquer. El problema fue que en el país se adoptó un modelo de gestión de la emergencia que falló en dos pilares importantes: falta de asimilación de la evidencia científica y adaptación de una política pública de la comunicación adecuada. Pese a que resulta imposible volver atrás y cambiar las cosas, este reporte cuenta con una serie de recomendaciones para mejorar la respuesta actual y futura ante esta y otras emergencias sanitarias que se pueden presentar en el país.

Recomendaciones más importantes

Aunque hay factores que México no puede resolver de un día para otro y que requieren reformas institucionales y el fortalecimiento del sistema de salud, hay cambios importantes de corto plazo que pueden y deben hacerse para el mejor control de la pandemia, explicó el Dr. Sánchez-Talanquer.

Una de las principales recomendaciones es que las autoridades federales cambien a un enfoque colaborativo y basado en la deliberación para el manejo de la pandemia, basado principalmente en el Consejo de Salubridad General y que involucre ampliamente a las comunidades científica y sanitaria, las principales instituciones educativas y los actores relevantes de la sociedad civil.

También es necesario que el Consejo Nacional de Salud establezca comités especializados para cada dimensión de la respuesta a la pandemia y promueva la acción coordinada entre los niveles de gobierno. Se deben convocar sesiones formales y periódicas entre las autoridades nacionales de salud y los gobiernos estatales, que sirvan como dispositivos de coordinación.

Es importante lanzar un programa nacional de "prueba y aislamiento" en coordinación con gobiernos subnacionales, empresas y organizaciones de la sociedad civil. El primer componente de este programa sería una expansión masiva de reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa y pruebas de diagnóstico rápido de antígenos aunados a pautas de aislamiento y cuarentena que incluyen el uso de oxímetros de pulso y acceso a supervisión médica remota.

El segundo es el establecimiento de instalaciones de aislamiento subvencionadas y bien dotadas (escuelas adaptadas, centros de convenciones, hoteles, gimnasios, etc.) para las personas infectadas que, debido a sus condiciones de vida, no pueden aislarse de forma segura en casa sin poner en riesgo a otras personas.

Para tener éxito, dicha campaña debe complementarse con comunicación clara sobre los riesgos de transmisión que recaiga sobre el Consejo Nacional de Salud y separe claramente los mensajes de salud pública de la comunicación política.

México debe tratar las altas tasas de diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares y otras afecciones crónicas como emergencias de salud que exigen campañas de información agresivas y reformas al sistema de salud para prevenir y manejar mejor las enfermedades crónicas.

Las autoridades deben seguir estrictamente las prioridades de vacunación establecidas por áreas técnicas con base en consideraciones científicas. Los criterios para distribuir vacunas entre regiones y grupos sociales deben formalizarse y explicarse claramente de acuerdo con las pautas de salud.

De nada sirve que el gobierno mexicano lleve un registro de nuevos casos, muertes e incidencia, si no utilizan la información disponible para crear nuevas políticas públicas de acción. Los expertos reconocen que adoptar las recomendaciones emitidas en el reporte no es una tarea sencilla porque requiere de cambios importantes en la dinámica del sistema político nacional, entre ellas, el Dr. Sánchez-Talanquer habló sobre la enorme importancia de que los funcionarios públicos dejen de estar envueltos en una dinámica política en donde reconocer un error significa "sacrificarse a sí mismos" y acabar con su carrera.

El país enfrenta un enorme reto en más de un sentido respecto al manejo de esta crisis sanitaria, pero las consecuencias de no hacer nada resultarán catastróficas. "La carga que se viene sobre el sistema de salud, siendo optimistas y esperando que la vacunación se despliegue lo más rápido posible, que no surjan nuevas cepas y que podamos volver medianamente a una normalidad, va a ser muy complicada", concluyó el Dr. Sánchez-Talanquer.

Los doctores Sánchez-Talanquer y Comas han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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