El consumo habitual de café se vincula con cambios funcionales en el cerebro

Batya Swift Yasgur

Conflictos de interés

3 de mayo de 2021

Beber café con regularidad parece aumentar la concentración y mejorar el control motor y el estado de alerta al inducir cambios funcionales en la conectividad del cerebro, señala un nuevo ensayo de estudio por imágenes.[1]

Mediante el uso de resonancia magnética funcional, investigadores descubrieron que la conectividad en los estados de reposo somatosensorial y límbico se reducía en bebedores de café habituales, en comparación con no bebedores de café, lo que indica relación entre el consumo de café y mejor control motor y estado de alerta. Además, la actividad dinámica en varias regiones cerebelosas y subcorticales del cerebro aumentó en los bebedores de café, lo cual es congruente con mejor capacidad para concentrarse.

Se observaron cambios estructurales y en la conectividad similares en los cerebros de no bebedores de café después de consumir una taza de café.

"La conclusión práctica para los médicos clínicos es que la ingesta habitual de café, al reducir la conectividad de redes cerebrales particulares en riesgo puede ser relevante para la atención y el estado de alerta, con posibles implicaciones en el aprendizaje y la memoria, y también para el control motor", comentó a Medscape Noticias Médicas el autor principal, Dr. Nuno Sousa, Ph. D., profesor en la Escola de Medicina de la Universidade do Minho, en Braga, Portugal.

"Para el público general, la conclusión práctica es que ahora sabemos mejor cómo la ingesta habitual de café prepara al cerebro para la acción y la respuesta rápida", indicó.

El estudio fue publicado el 20 de abril en la versión digital de Molecular Psychiatry.

"Rúbrica" del café

El café tiene "particular interés para la salud humana, en vista de sus efectos a corto plazo sobre atención, sueño y memoria y su efecto a largo plazo sobre la aparición de diferentes enfermedades y sobre el envejecimiento sano. No obstante, pese a su consumo generalizado, poca investigación se ha enfocado en los efectos de su consumo crónico sobre las redes funcionales intrínsecas del cerebro", afirmaron los autores.

El estudio "no tuvo como propósito medir el efecto beneficioso frente a perjudicial de la cafeína en el cerebro, sobre lo cual hay varios resultados contradictorios", destacó el Dr. Sousa.

Más bien, la motivación fue investigar el efecto de la ingesta habitual de café sobre la conectividad cerebral, a veces descrita como la "rúbrica" del consumo habitual de café.

Los investigadores compararon 31 bebedores de café con 24 no bebedores de café. Los grupos no eran diferentes en cuanto a edad (rango: 19 a 57 años) o número de años de educación formal. Sin embargo, hubo un poco más de hombres que de mujeres en el grupo de bebedores de café (41,95% frente a 33,33%).

Además de la información demográfica, los investigadores evaluaron los hábitos de consumo de cafeína y depresión, ansiedad y estrés de los participantes (determinados con base en las Escalas de Depresión, Ansiedad y Estrés [DAAS-21]).

Los bebedores de café se definieron como los que consumían ≥ 1 taza de café por día, los no bebedores de café se definieron como los que bebían < 1 taza por semana.

Después de una entrevista acerca de la ingesta, se llevó a cabo resonancia magnética en los participantes en estado de reposo. En el caso de los no bebedores de café, la primera sesión de resonancia se acompañó de una administración de café, y se realizó resonancia magnética funcional aproximadamente 30 minutos más tarde.

El cerebro cafeinado

Antes del consumo de café, en el grupo que recibió café hubo "tendencia" a patrones de conectividad funcional más bajos en el componente de la mayoría de las redes cerebrales, pero se observaron diferencias intergrupales significativas solo en las redes somatosensorial y límbica, lo que incluye el precúneo derecho y la ínsula derecha.

Los autores señalaron que esos efectos se asociaron linealmente con la frecuencia de consumo de productos cafeinados.

"Cabe destacar que las diferencias de grupo descritas se redujeron después de que los no bebedores de café consumían café, lo que apunta a un posible vínculo de causalidad entre el consumo de café y los cambios antes descritos en la conectividad inferior", manifestaron en su artículo.

Estados comparados de la ingesta de café

Red somatosensorial

Red límbica

Estado previo frente a posterior en no bebedores de café

= 1,86
p = 0,075

t = 3,88
p < 0,001

Estado posterior en no bebedores de café frente a bebedores de café

t = −2,89
= 0,006

t = −1,46
p = 0,15

En un análisis de conectómica, llevado a cabo utilizando un enfoque de estadística basada en red, las conexiones de red más potentes ocurrieron en el tálamo, el cerebelo, la circunvolución postcentral derecha, la circunvolución temporal media izquierda y la circunvolución precentral izquierda, el núcleo caudado bilateral y el putamen. Después del consumo de cafeína, los individuos del grupo de no bebedores de café tuvieron un "perfil similar" al del grupo de bebedores de café.

La conectividad funcional media se relacionó negativamente con la frecuencia de consumo de cafeína (p < 0,001).

El análisis dinámico demostró que un subsistema funcional duraba significativamente más en los bebedores de café que en los no bebedores de café (17,95 ± 18,32 frente a 8,95 ± 6,13 s). Un análisis dinámico diferente reveló que los resultados en durabilidad se correlacionaron positivamente con la frecuencia del consumo de cafeína (p = 0,012).

"Después de tomar café, la durabilidad, al igual que la probabilidad de este estado en los no bebedores de café, se acercó más a los valores observados en los bebedores de café, y la probabilidad no fue significativamente diferente de los bebedores de café, mientras que fue más alta de manera estadísticamente significativa que en la previa al consumo de café en los no bebedores de café", informaron los autores.

No hubo diferencias significativas entre los grupos en los niveles de depresión. Sin embargo, en el grupo de los bebedores de café, el nivel de estrés fue más alto (en particular con respecto a la dificultad para relajarse y despertar nervioso), en comparación con el grupo de los no bebedores de café (mediana: 6,0 frente a 4,0).

La mayor frecuencia de consumo de cafeína se asoció con más ansiedad en los hombres (p = 0,023).

Los autores señalaron que los datos "representan una contribución al conocimiento del 'cerebro cafeinado' y cómo estos cambios subyacen a los efectos conductuales desencadenados por la ingesta de café, con implicaciones para estados fisiológicos y patológicos".

Espada de doble filo

En su comentario sobre el estudio para Medscape Noticias Médicas, Astrid Nehlig, Ph. D., directora emérita de investigación del French Institute of Health and Medical Research, quien no intervino en el estudio, señaló que la disminución de la conectividad funcional en las redes somatosensorial y relacionadas en los bebedores de café voluntarios "probablemente representa un patrón más eficiente y beneficioso de conexiones, con respecto al control motor y el estado de alerta".

También en su comentario sobre el estudio para Medscape Noticias Médicas, el Dr. J. W. Langer, conferenciante en farmacología médica de University of Copenhagen, en Copenhague, Dinamarca, quien no intervino en el estudio, señaló que esto "también demuestra posible vínculo entre el consumo habitual de café y mayores niveles de estrés y ansiedad".

Aunque esto es "solo una asociación y no un hallazgo causal, nos recuerda que el café puede ser una espada de doble filo y que algunas personas podrían reaccionar negativamente al consumo habitual de café", concluyó.

El estudio fue financiado por el Institute for the Scientific Information on Coffee. Aunque no tuvo influencia sobre el diseño experimental o el análisis o interpretación de los datos. Los autores individuales recibieron financiación de diversas fuentes, según se describen en el artículo original. Nehlig y el Dr. Langer han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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