Alimentos y bebidas ultraprocesados se vinculan a acúmulo y distribución de grasa visceral relacionada con la edad

Carla Nieto Martínez

27 de abril de 2021

MADRID, ESP. Un estudio realizado por investigadores españoles ha dado un paso más en el conocimiento sobre el impacto que el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados tiene en el desarrollo de la obesidad y sus comorbilidades, al demostrar el vínculo existente entre este tipo de ingesta y la acumulación de la adiposidad (tanto visceral como general).[1]

La investigación, publicada en la versión electrónica de Clinical Nutrition, fue realizada por especialistas del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) en la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria Illes Baleares (IdISBa) con el objetivo de investigar la asociación entre los cambios que se producen por el consumo de productos ultraprocesados y la forma en la que se acumula y distribuye la adiposidad relacionada con la edad, evaluada de forma objetiva.

Jadwiga Konieczna

Jadwiga Konieczna, del CIBEROBN y la IdISBa y primera autora del trabajo, explicó a Medscape en español el motivo de la puesta en marcha de esta investigación: "Previamente, en otro estudio, habíamos observado que ciertos alimentos específicos se asociaban con el incremento de peso o cintura, así que queríamos ir más allá en estas investigaciones, buscando la relación entre los alimentos, agrupados y clasificados de acuerdo con la naturaleza, extensión y propósito del procesamiento, con la adiposidad medida de manera directa, así como su distribución regional".

Para Konieczna, Ph.D. en Nutrigenómica y Nutrición Personalizada, este enfoque de centrarse en la identificación de un grupo completo de alimentos de características similares en lugar de hacerlo en alimentos individuales, puede proporcionar una nueva perspectiva sobre los determinantes de las enfermedades crónicas relacionadas con la dieta.

La investigación se realizó con una submuestra de 1.485 participantes del estudio PREDIMED-PLUS (hombres y mujeres españoles entre 55 y 75 años, con sobrepeso, obesidad y síndrome metabólico), a los que se sometió a mediciones de composición corporal y en los que se evaluó el consumo de alimentos ultraprocesados (al inicio del estudio, a los 6 y a los 12 meses) mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos semicuantitativo.

En busca de mecanismos subyacentes

Los resultados reflejaron que el promedio del consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados representaba 8,11% de la ingesta diaria total al inicio del estudio. En el modelo con ajuste multivariable el incremento diario de 10% en el consumo de estos alimentos y bebidas se asoció a acumulación significativamente mayor de grasa visceral a proporción de grasa ginoide (periférica) y grasa total.

El cuanto a los mecanismos implicados en este nexo entre productos ultraprocesados y adiposidad, Konieczna comentó que estos resultados apuntan a que la relación entre los ultraprocesados sobre la acumulación de la adiposidad no depende tanto de las calorías ingeridas ni de la composición nutricional de estos productos, pero sí del hecho de que son ultraprocesados (contienen componentes químicos o derivados de los productos naturales).

"Además de los daños directamente relacionados con el consumo de productos ultraprocesados por su composición o ultraprocesamiento en sí, estos alimentos también podrían conducir indirectamente a acumulación excesiva de grasa, desplazando el consumo de alimentos saludables y al mismo tiempo afectando a la calidad general de la dieta", señaló.

"Aunque todavía se necesitan estudios futuros al respecto para aclarar los mecanismos subyacentes, entre estos posibles mecanismos se incluyen algunos como el desequilibrio de la microbiota intestinal y el consumo excesivo de comida, debido a la alteración de las señales de saciedad", añadió.

Respecto a si se habían observado diferencias en cuanto a este efecto en función del sexo, Konieczna relató que "debido a que en general las mujeres suelen seguir mejores patrones dietéticos y los hombres tienen más grasa acumulada en el abdomen, realizamos los análisis a priori en cada sexo por separado y luego en la muestra entera. Nuestros resultados demostraron que las asociaciones entre la ingesta de los productos ultraprocesados y la adiposidad general y central seguían el mismo patrón tanto en hombres como en mujeres".

Densitrometría frente a índice de masa corporal

Una peculiaridad a destacar de este estudio fue el hecho de haber utilizado por primera vez indicadores de adiposidad de medición objetiva, concretamente la absorciometría de rayos X de doble energía, en lugar del sistema empleado habitualmente (mediciones antropométricas).

"Utilizamos los parámetros de adiposidad tanto general (la grasa total) como central (la grasa visceral y la ratio de grasa androide/ginoide), cuantificados de manera directa y precisa mediante densitometría, ya que es una de las técnicas de imagen de referencia para las medidas de composición corporal, pues permite, a través de rayos X de muy baja radiación, cuantificar el hueso, el músculo y la grasa en diferentes regiones del cuerpo, incluyendo la grasa visceral dentro del abdomen. Los parámetros antropométricos, como el índice de masa corporal y la circunferencia de la cintura, son económicos, sencillos y accesibles y, por tanto, su uso está muy extendido, pero en realidad estos indicadores no permiten distinguir entre grasa y músculo o determinar si la grasa es superficial o interior, por lo que no resultan muy precisos", afirmó la autora principal.

Al momento de valorar las aportaciones de este estudio respecto a investigaciones previas realizadas en esta línea, Konieczna destacó que se establece por primera vez la relación entre el consumo de productos procesados y la grasa global cuantificada de manera directa, no estimada. "Además se demuestra que los productos los ultraprocesados contribuyen en la misma medida a la acumulación de grasa visceral, que es metabólicamente activa y está implicada en el desarrollo de diferentes procesos patológicos (resistencia a la insulina e inflamación)".

"Viendo más allá, estos resultados proporcionan, al menos en parte, información sobre posibles mecanismos de acción que vinculan el consumo de productos ultraprocesados con el desarrollo de enfermedades crónicas como diabetes; enfermedades cardiovasculares o cáncer, observados en las investigaciones previas a nivel internacional".

Dra. Agustina Marengo

Al respecto, la Dra. Agustina Marengo, jefa del Servicio de Endocrinología del Hospital Sanitas CIMA, de Barcelona, quien no participó en el estudio, comentó a Medscape en español que "hasta la fecha, la evidencia más sólida que respaldaba el vínculo entre los alimentos y bebidas ultraprocesados y la obesidad en adultos provenía de un pequeño ensayo de intervención y tres estudios de cohorte prospectivos".

"El primero demostró que el consumo regular de este tipo de productos se asociaba a mayor ingesta calórica, con el consiguiente aumento de peso, en los participantes que los consumían.[2] En los estudios observacionales se constató que en países como España, por ejemplo, el consumo de alimentos ultraprocesados se asoció a mayor riesgo de sobrepeso y obesidad".

La Dra. Marengo destacó que a diferencia del estudio del CIBEROBN, todas estas investigaciones se basaron únicamente en medidas antropométricas como indicadores de obesidad: peso, índice de masa corporal y circunferencia de la cintura, sin establecer la relación entre alimentos ultraprocesados y la distribución de la grasa corporal. "Por tanto, se trata del primer estudio prospectivo hasta la fecha que reporta el vínculo entre el consumo de este tipo de alimentos y la acumulación de adiposidad visceral y total, siendo la grasa de localización abdominal (y no la total) la relacionada fundamentalmente con resultados de salud adversos".

Protagonistas de la epidemiología nutricional actual

Konieczna comentó que en los últimos tiempos el papel de los alimentos ultraprocesados se ha convertido en un tema muy llamativo en la epidemiología nutricional, con creciente evidencia científica que los vincula con el desarrollo de varias enfermedades crónicas.

La Dra. Marengo ahondó en las peculiaridades que explican el vínculo entre estos alimentos y el desarrollo del sobrepeso y la obesidad: tienden a presentar texturas que demandan menor masticación y, por tanto, potencialmente producen menor saciedad. Asimismo, la hiperpalatabilidad, condicionada por la textura, la composición nutricional y la presencia de aditivos, lleva al consumo excesivo de los mismos, en ocasiones de carácter adictivo.

"En comparación con los alimentos sin procesar, los productos ultraprocesados aumentan el ritmo y frecuencia de la ingesta, además de asociarse a opciones que habitualmente presentan elevada densidad calórica. A su vez, estos alimentos presentan calidad nutricional más baja que los no procesados o mínimamente procesados, y hay alteración en la matriz de los mismos, lo que implica menor presencia de fibra, vitaminas, minerales, oligoelementos y antioxidantes, así como aumento en el índice glucémico".

Para la Dra. Marengo, de todas estas características se deduce que el procesamiento de los alimentos puede afectar en mayor o menor medida a sus propiedades nutricionales, así como a su potencial saciante, antioxidante, alcalinizante o lipotrópico, favoreciendo también el desplazamiento y el bajo consumo de los alimentos saludables, además de promover mayor consumo energético a largo plazo.

"En base a todo ello, las evidencias de las que se dispone hasta la fecha establecen relación positiva entre el consumo regular de alimentos ultraprocesados y mayor prevalencia del sobrepeso y la obesidad. Sin embargo, se requieren más estudios que establezcan si un alimento ultraprocesado promueve el desarrollo de enfermedades a través del procesamiento per se o si se debe al su bajo contenido nutricional", agregó.

Respecto a que en el marco del consumo de productos ultraprocesados se haya identificado alguna opción alimenticia que demostrara tener mayor papel en cuanto al impacto en la obesidad y la acumulación de grasa, Konieczna relató cómo en estudios previos, incluyendo los llevados a cabo por su grupo investigador, se demostró la asociación entre algunos alimentos ultraprocesados de forma aislada, como carnes procesadas, dulces, bocadillos salados, platos preparados y bebidas azucaradas, y la obesidad medida de forma indirecta, "pero no podemos decir cuál de ellos tiene mayor o menor impacto, ya que cada uno de estos estudios fue realizado en diferentes contextos, y la comparativa entre las magnitudes de impacto quedó fuera del alcance de estos estudios".

Objetivo: población infanto-juvenil

Cuestionada sobre la continuidad de este estudio en el tiempo, Konieczna contestó: "Nos gustaría contribuir más en este campo, investigando la relación entre estos productos ultraprocesados y el desarrollo de alteraciones en otros órganos clave, por ejemplo, el hígado".

En cuanto a la aplicación en la práctica clínica de las evidencias arrojadas por esta investigación, en lo que se refiere al empleo de indicadores de medición objetiva, la Dra. Marengo opinó que "las técnicas de imagen, como la absorciometría de rayos X de doble energía, pueden garantizar la cuantificación exacta de los compartimentos de grasa abdominal, pero sus altos costos y su complejidad las convierten en herramientas no aptas en la práctica clínica habitual para su uso masivo".

Sobre la potencial inclusión o utilización de los nuevos datos sobre el papel de los productos ultraprocesados en las recomendaciones dietéticas habituales, según reflejan los autores de la investigación en el estudio, estos ponen de manifiesto la importancia de que los programas y políticas de salud pública mundial consideren la estrategia de disuadir del consumo de estos productos y favorezcan el de los alimentos frescos o mínimamente procesados.

"Nuestro estudio fue realizado en las personas mayores con sobrepeso/obesidad y otras alteraciones metabólicas que presentaron ingesta de los alimentos ultraprocesados relativamente baja (8%). Pero se sabe que la ingesta de estos mismos productos es muy elevada entre los niños y adolescentes (en torno a 50%), así que el mensaje de este estudio es universal e indica que debería limitarse cada vez más el consumo de los productos ultraprocesados y potenciar el de los alimentos frescos ya desde los primeros años de vida, para ir construyendo un envejecimiento saludable", concluyó Konieczna.

Konieczna, Ph.D., y la Dra. Marengo han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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